Opinión Nacional

Los desvaríos políticos de Chávez

Hay dos trofeos que Hugo Chávez Frías no puede perderse, por más que haya otros en filas más crueles, despóticas o miserables. Son La paja de oro, por la verborrea característica, y El pinocho petrolero. Chávez tiene aliados incondicionales para ganárselos: la ignorancia y el servilismo. La primera incide en la segunda, que lleva también una carga de comodidad enfermiza.

Lo más empobrecido y degradado en estos pesados once años es el alma del país, y se le presta poca atención a eso. ¿Quién no está harto de escuchar a este hombre mentir y manipular? Invasiones, conjuras, magnicidios, traiciones: ¡cuántas no se inventan a cada rato! Siempre las evidencias resultan ridículas, débiles, hasta infantiles. La paranoia del hombre asediado por el miedo, la ira y la desconfianza, más el plan orquestado magistralmente por Fidel desde su isla tropical, nutre el discurso. Fidel, aún lúcido, cogobierna Venezuela, y maneja ahora recursos y dinero que nunca tuvo, gracias a su “heredero travieso”. Fidel no puede desprenderse de lo que fue su momento glorioso, y tampoco puede trasladar a Venezuela a escasas millas de USA. No puede aislarse de su triunfo histórico: retar al vecino más poderoso del mundo. Pero está Colombia, a kilómetros apenas, y están los guerrilleros terroristas de las FARC. Hay dinero y no hay escrúpulos.

Chávez no es Fidel, ni es valiente ni es culto. ¿Y eso qué importa hoy?, la yunta jamás imaginada unida por una fortuna descuidada: Fidel siempre fue un gran admirador y devoto de Simón Bolívar, y Chávez es dueño también de El Libertador, ¿qué tal? Sólo así un hombre puede ser capaz de construir tanta falsedad, burlándose, con altanería, de la inteligencia de los otros.

Vamos con lo del avión, el “espía”. Ese que según Chávez y los suyos de la Asamblea Nacional, la que no representa al pueblo sino a los intereses del Presidente, entró en el espacio aéreo venezolano. Es uno de esos de alta tecnología, sin piloto, tomando fotografías pero, ¿los testigos?, su gente, los mismos de siempre. Pero esta vez fueron más allá: presentaron un diálogo en inglés (cualquier voz podía ser, y se usaría un guión elaborado), y allí está: ¡la gran evidencia!, es un avión espía ¡sin piloto!, y el piloto intercambia palabras con el controlador aéreo. Es cordial este “espía” invisible que no debía estar. En la grabación él declara ser norteamericano, y el controlador le pregunta si es un avión de Estados Unidos, y allí ocurre una confusa respuesta, pero todo es muy abierto, muy colaborador y ¿entonces?

Este hombre, Chávez, que “soba” la barriga del Rey de España, para después ser callado por el monarca y le lleva una franela y se abraza con él como si nada; que tumba la estatua de Colón y borra el “descubrimiento” conquistador; que a sus pares Bush y Uribe los califica como borracho y asesino, y mafioso y traidor, respectivamente; que sobre el valor de hombres y conciencias pone el costo; se le escapa de las manos al anciano. El anciano ya no puede morir tranquilo porque su alumno”, quien hereda su gloria, se le escapa por las esquinas de sus desórdenes graves de personalidad, su lastimosa trayectoria y su analfabetismo político. Nunca como ahora la sensatez humana es tan necesaria y, en Hugo Chávez Frías, ¿dónde está?

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