Opinión Nacional

Los diablos huérfanos

El escenario estaba montado para  rectores y directivos de los medios. No estaban todos los que son,  porque el ataque a los medios impresos después del fallo judicial de  censura a El Nacional y Tal Cual, había reunido urgentemente  a los editores en el Bloque de Prensa en  otro edificio de la ciudad.

 El salón de conferencias del CNE, donde dos de los rectores iban a explicarle a los medios como hacer para lidiar con las sanciones que penden sobre las empresas periodísticas si se echan una resbalada,  en la cobertura de las elecciones del 27 de septiembre, estaba lleno.

Y entonces, llegó un hombre repartiendo una publicación. Tenía una portada hecha con un collage de dibujos y fotos del cardenal venezolano y varios obispos, tocados con cuernos. Adentro, el editorial se desgranaba en insultos. Prensa chicha chavista, todos se imaginan como compraron papel y tinta y ahí estaban, rezumando mugre.

A un lado del editorial insultante contra los obispos había  una apología de una  candidata del PSUV, Andreína Tarazón.  La comparaban con un cedro del Líbano, comentario más bien dudoso para una chama de estos días. Por lo corpulento de los cedros, digo yo.

En fin, el pasquín fue repartido  como a las 11. Quienes llegaron después, como las representantes de Globovisión, lo vieron gracias a los comentarios de los presentes. Ana Cristina Núñez, la representante jurídica del canal, se declaró católica y ofendida, en su turno de preguntas a Tibisay Lucena.  Más atrás, la representante de Vale TV y prensa del arzobispado hizo lo propio.

Y aquel público, cuya mitad  era de representantes de medios chavistas gozosos y pedilones exultantes  de sanciones para los medios privados de oposición, se quedó mudo cuando Tibisay Lucena, que evidentemente ese día quería todo menos pelearse con los editores del Bloque, dejó claro que como institución, no estaba de acuerdo con pintar al cardenal con cachos,  que horror!:

«Esa publicación no tiene la autorización del consejo. Lamento muchísimo que algo como esto suceda. En estas instalaciones no está permitido. No tenemos conocimiento. Lamento que esto suceda y no tiene que ver con una política institucional. Ninguna información que no sea la oficial del cne debe ser repartida»

En un solo instante, la publicación desapareció. No fue que el dueño, orgulloso de su obra salió a defender cual Miguel Henrique Otero, su  portada. De eso no hay del lado del chavismo. Aquí la gente se mete el rabo entre las piernas y desaparece. Y uno se quedó con una sensación de victoria, aunque solo hubiera sido por las caras de sorpresa ante la denuncia. Mucha gente no se acostumbra a que si se puede mencionar la soga en la casa del ahorcado. Y que no todo es hacer los ejercicios de sumisión, focales y alfómbrales diarios.

A veinte minutos de la discusión, no quedaba rastro del otrora orgulloso editor, que nunca pidió la palabra en el auditórium. Sus diablos se habían quedado huérfanos.

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