Opinión Nacional

Los estudiantes del terror

Cuando Aldous Huxley escribió Un mundo feliz, le transmitió al mundo su preocupación por el futuro, por lo que se veía venir, por la alienación. En el prólogo a la tercera edición él habla acerca del salvaje feliz, el esclavo feliz, el que se conforma con su futuro y defiende su estatus dentro de la sociedad en la cual vive.

Dado el desarrollo del sistema capitalista, de sus valores y de la necesidad de crear un nuevo hombre que respondiera a los requerimientos del sistema de producción capitalista, siempre se ha visto esta obra particular de Huxley como una advertencia a lo que puede ocurrir con la sociedad y el individuo en medio del sistema económico mencionado.

Resulta que en Venezuela, ese oscuro futuro pintado hace décadas por un inglés, se observa peligrosamente cercano y más terrible de lo que se podría imaginar cualquier futurista.

La perversa combinación de un presente consumista con una ideología que persigue la libertad como a un ratón de panadería, hace del futuro un escenario cargado de esclavos felices con su esclavitud, defendiendo a muerte sus cadenas, suplicando no ser liberados. Y para muestra sólo falta ver a los estudiantes bolivarianos. Ya no se trata del pueblo miserable y lambucio que se vende por una bolsa de comida. No son los lambucios de los altos cargos públicos que, como putas caras, hacen lo que les pida el cliente por unos buenos millones. Esto es peor, porque se trata de verdadero futuro de Venezuela, de los dirigentes del mañana, de los próximos ministros, diputados, embajadores; que ya no serán los pseudo-analfabetas del presente, porque ellos están estudiando, reciben una cantidad de conocimientos que no tienen los diputados y ministros de hoy, conocimientos que usarán en lineamiento con el plan general de la revolución.

Estos futuros profesionales, formados en las fábricas de gente de la revolución, no ven otra realidad ni otro ángulo diferente al que les enseñan en las aulas rojas. Quizá como en la novela de Huxley, el gobierno empleó la hipnopedia, quizá no, lo cierto es que de tanta repetición de un mismo mensaje, a cualquier hora, en cualquier esquina, por todas las calles del país, el mensaje se convirtió en la única verdad que guía la vida y la lucha de estos jóvenes.

Al escucharlos hablar sobre los jóvenes de la oposición, sólo se logra detectar un profundo desconocimiento de las bases científicas de sus planteamientos. Sólo se escuchan repeticiones de líneas viejas, de pensamientos de antaño, impropios, carentes de sentido. No obstante, lo más peligroso es que ellos creen lo que dicen, aun sin saber por qué y qué implica lo que están diciendo.

Esos esclavos de la revolución renunciaron a su libertad y creen que están luchando por la libertad. Están conformes con lo que será su futuro de siervos aunque mueran en nombre de la libertad que no conocen y nunca conocerán. Ellos representan el mayor peligro para el futuro del país, porque sin ser libres están dispuestos a matar a quienes piensan diferente, porque ven en la pluralidad de pensamiento el enemigo a combatir… y sin embargo sus palabras defienden la libertad.

¿Cuánta paciencia habrá que tener para poder hacerlos caer en cuenta de su ceguera? No lo sé. Lo cierto es que los que amamos la libertad tendremos que ir paulatinamente entrando en la psiquis de los alienados que defienden la revolución para dejarlos que ellos mismos entiendan que, cualquiera que sea su posición ideológica, la libertad es la base para la edificación de una sociedad sana y feliz.

Adriana Pedroza

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