Opinión Nacional

Los fanáticos de Huguito

¿Qué impulsa a los grupos paragubernamentales que permanecen en la UCV a cometer actos vandálicos contra el recinto académico e innumerables actos violentos contra sus estudiantes, profesores, empleados y obreros?Aquel famoso «Mensaje a la Tricontinental» de Ernesto «Che» Guevara: «El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar.

Nuestros soldados tienen que ser así», muestra la patología en la que incurren los partidarios de la violencia revolucionaria; es un exhorto al revolucionario a que se despoje por completo de todo rastro de humanidad para convertirse, voluntariamente, en una impensante maquinita impulsada por una doctrina gaseosa. Esa doctrina gaseosa es el socialismo marxista, enemistado a muerte con la democracia liberal, a la que tacha como máscara de la explotación capitalista.

Ese socialismo quiere acabar con la propiedad privada de los medios de producción, colectivizar la tierra, nacionalizar las empresas,centralizar y planificar la economía e instalar la dictadura del proletariado como paso inicial hacia la futura sociedad sin clases. Sólo que ese socialismo marxista desapareció con la desintegración de la Unión Soviética y la conversión de China Popular al capitalismo autoritario del partido único. Su epitafio fue la caída del Muro de Berlín, hace diez años. Sus sobrevivientes, como Corea del Norte y Cuba, son anacronismos en vías de extinción.

Esos grupos paragubernamentales de nuestras universidades non son más que unos terroristas, unos fanáticos. Pocos son, sin embargo, los actos terroristas coronados por el éxito, en el sentido de su anhelado cambio social. Los regicidas y los tiranicidas no han conseguido nada, fuera de inscribir sus nombres en las crónicas policiales o, más bien, en los simples apéndices históricos. Los terroristas, por lo común, no conquistan el poder, y cuando llegan a conquistarlo no hacen más que implantar un puro gobierno terrorista.

Luego, del mero hecho de que la violencia, para ellos, suela estar justificada no se desprende que usar y abusar de ella resulte eficaz para provocar un cambio deseable. Por lo general, la violencia es ineficaz. En efecto, los terroristas rusos del siglo XIX, aun si se considera que tuvieron suficientes justificaciones para su lucha, con sus atentados espectaculares no lograron provocar cambios favorables en el zarismo, ni la soñada revolución. La revolución, cuando por fin estalló, se debió a causas totalmente distintas, y no tardaría en dar lugar a un gobierno que ejercería el terror estatal en una escala tal vez nunca antes conocida en la historia. Los terroristas del siglo XIX hablaban de una revolución, pero en verdad resulta un tanto difícil conferir un contenido claro a sus sueños y profecías.

¡Señores, dejen de ser unos fanáticos! Nuestra democracia y autonomía universitaria reclama tolerancia. Ser tolerante no es ser débil, sino ser lo suficientemente fuerte y estar lo suficientemente seguro de las propias elecciones como para convivir sin escándalo ni sobresalto con lo diverso, siempre que se atenga a las leyes. Lo que realmente se opone a la tolerancia es el fanatismo, propio muchas veces no de los más convencidos sino de quienes pretenden acallar sus propias dudas cerrando la boca y maniatando a los demás.

Como bien dijo Nietzsche, «el fanatismo es la única fuerza de voluntad de la que son capaces los débiles».

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