Opinión Nacional

Los héroes del 4F

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Escribo justo cuando este gobierno de héroes revolucionarios celebró con todo el fasto que la hazaña merece, el décimo octavo aniversario de la presentación en sociedad del teniente coronel Hugo Chávez Frías. Diez años de planificación y unas horas de tiros, muertos, cobardía y equivocaciones bastaron para dar al traste con la ambición de unos oscuros y hasta entonces anónimos militares. Por ahora no les sería posible tomar el poder por la fuerza y regresarnos a los tiempos de las montoneras del siglo XIX. Sin embargo esas pocas horas cambiaron para siempre la historia de Venezuela. Nadie podía suponer entonces que seis años después Chávez lograría su propósito de ser el amo del país pero no por la fuerza de las armas sino con las armas del voto popular.

Desde entonces Venezuela ha conocido -en un retroceso al siglo XIX- cuanto de arbitrario, violento, corrupto y abusivo puede ser un gobierno que se ha adueñado de todas las instituciones para ponerlas al servicio de un solo hombre. Sus acólitos, atrapados entre el miedo a perder los favores del tiranuelo y la ambición de seguir medrando en un gobierno sin ley, escrúpulos y límites, se han rebajado a niveles inéditos de adulación y arrastramiento. Aquellos revolucionarios ardorosos que hasta 1998 defendían a capa y espada la libertad de expresión, el derecho a la huelga y a la protesta pública, la rebeldía de los estudiantes, la integridad física de los opositores al gobierno y otros derechos humanos fundamentales, hoy justifican y aúpan todo exceso policial, militar y judicial en contra de cualquier disidente. Aceptan, además, que cualquier militar inepto (valga la redundancia) por el solo hecho de vestir un uniforme sea colocado en cargos de la mayor responsabilidad. Se tragan pues un gobierno que más que militar, es militarista. Y aceptan con su boca cerrada y mirando para otro lado, ser tratados con el mismo desprecio y la forma humillante que los oficiales suelen utilizar para dirigirse a la tropa.

Si recordamos que el 4 de febrero de 1992 Chávez y su combo golpista hicieron el ridículo y que ese fracaso estrepitoso se repitió con el alzamiento de generales de la aviación y almirantes, el 27 de noviembre de ese mismo año; es obligante preguntarse cómo es que seres tan erráticos y mediocres han podido mantenerse once años en el poder. Y no en cualquier poder sino en uno que se ejerce con atropello y burla de todas las leyes y normas -comenzando por la misma Constitución- con prédicas de odio social y con violencia excluyente hacia cualquier signo de disidencia. La respuesta está en el mundo civil.

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Todo el esfuerzo que Chávez pueda desplegar para hacer aparecer su incursión golpista del 4-F-92 como una heroica gesta militar, es inútil. Nadie salió ese día a manifestarle su apoyo al quinteto de conjurados. Fue la actuación de civiles en diferentes instancias, la que permitió elevar a Chávez a la condición de héroe y de ícono revolucionario. Fueron civiles quienes promovieron e hicieron efectiva la liberación de Chávez antes de recibir sentencia firme que lo inhabilitara políticamente. Fueron civiles quienes desataron una campaña feroz en contra del sistema democrático mediante la exaltación de la anti política. Fueron civiles quienes exacerbaron con el uso de distintos medios de comunicación, el resentimiento social y la creencia de que un oscuro e ignaro militar podía ser la tabla de salvación para el país. Fueron civiles quienes lo convencieron de formar un partido político y de participar en las elecciones presidenciales de 1998, en vez de abstenerse como era su intención.

Pero ocurrió lo que suele ocurrir en todas las dictaduras militares, los civiles terminaron siendo los tontos útiles o como dice el refrán criollo: “cachicamo trabaja pa’lapa”. Y para no perder la costumbre, son civiles quienes ocupan cargos que un día -cuando la pesadilla llegue a su fin- estarán en la primera fila de los enjuiciables por violaciones a la Constitución, atropellos a los derechos humanos, corrupción y destrucción de la economía nacional. Las mujeres que para vergüenza del género presiden hoy el Tribunal Supremo de Justicia, el Consejo Nacional Electoral, la Fiscalía General y la Asamblea Nacional. Jorge Giordani, repetidas veces ministro de la demolición de la economía venezolana. Rafael Ramírez autor de la debacle de Petróleos de Venezuela. Elías Jaua el confiscador, máximo asaltante de la propiedad privada. Tarek el Aissami y los anteriores ministros del Interior, ejecutores de la represión que ha causado muertes y encarcelamientos. Todos civiles que sin querer enterarse, engolosinados como están con sus abusos del poder, han sido colocados como carne de cañón.

El 4 de febrero, transformado por el régimen en efemérides nacional, no sirve para celebrar el alzamiento militar que terminó en un estrepitoso fracaso del actual presidente y su compañía de entonces. Sirve para que los actuales beneficiarios del poder se regocijen por haberlo alcanzado de la manera más inesperada: puesto en bandeja de plata por las ambiciones, cobardía y falta de carácter de notables miembros de la vida civil. Las hazañas que el régimen puede celebrar y celebra como victorias obtenidas en el campo de batalla son la ocupación de supermercados, fincas, industrias y todo lo que de floreciente y productivo pueda transformarse en ruina y detritus.

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