Opinión Nacional

Los impacientes

A nadie debía caberle duda, el «madurismo» es el chavismo en su etapa terminal. «El Presidente chavista, heredó un país con los bolsillos vacíos, con caída en la producción petrolera, dependiente de las importaciones y con distorsiones en el mercado de divisas y en la economía en general».

En rasgos macros junto a la alta inflación, la escasez, la corrupción, la delincuencia, el deterioro de los servicios públicos y el aparato político militar e institucional cooptados por Chávez para destruir a Venezuela y perseguir a sus opositores, constituyeron el genuino legado que el golpista le dejó a Nicolás al fallecer.

Esta dosis letal del modelo neocastrista en 100 días bajo el mando del usurpador se ha complicado a niveles insoportables, por lo que resulta absurdo que el naufragio materializado en más ineficiencia, corrupción, delincuencia e inflación no se traduzca en mayor rechazo, rebeldía e insurgencia contra el precario liderazgo del sustituto del dictador.

Esto lo decimos por dos motivos: por una parte, algún prestigioso encuestador afirma, que el fraudulento presidente mantiene sus mismos niveles de apoyo desde la fecha de su amañada proclamación, agregando que Capriles y la MUD no han aumentado sus simpatías electorales luego de su sorprendente votación del 14 de abril, y por la otra, un sentimiento de desesperada impaciencia que se ha apoderado de algunos sectores del campo democrático que injustificadamente esperaban un desenlace a estas alturas con Maduro ya fuera del poder.

Sobre el encuestador, creemos que está haciendo una lectura errada del descontento que según su interpretación no se ha convertido en razón para la inmensa mayoría que sufre los rigores de su empobrecimiento para expresarlo en una decisión de cambio a través del candidato que lo ofrece. Resulta inverosímil asumir que los venezolanos puedan todavía esperar mejorar con este gobierno y no vayan a utilizar las herramientas que tiene para castigarlo.

Los impacientes, por su lado, ante las expectativas que se formaron, comienzan a proponer viejas alternativas del pasado reciente desde esperar un golpe militar, la aplicación del 350, hasta la convocatoria de una Asamblea Constituyente, en fin, todas aquellas propuestas que pasmaron a la oposición y la llevaron de fracaso en fracaso, a la consolidación de Chávez, la enanización de la disidencia y de una fuerza alterna con posibilidades de eyectarlos del poder.

Hoy por fortuna, la situación ni es como la perciben los impacientes ni se encuentra en el momento exacto de esplendor emocional que siguió al 14 de abril.

Pero lejos se encuentra el país del quietismo y la resignación. El que se haya invisibilizado a Capriles de los medios no le despoja de su arraigo que crece todos los días, que la gente no va a ver sentándose frente a su televisor.

El sentimiento de la mayoría, y eso no podrán ocultarlo, se encuentra comprometido por un cambio.

Recordemos a Leopardi «La paciencia es la más heroica de las virtudes, precisamente porque carece de toda apariencia de heroísmo».

 

 

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