Opinión Nacional

Los infantes de la política

Hemos llegado al llegadero. Una “victoria de mierda”, como calificó Chávez a la obtenida por el pueblo venezolano en la “elección” de reformar o no a la Constitución, ha logrado el señor Maduro el pasado domingo. Es una victoria pírrica, y lo es en razón de la diferencia numérica. Sin embargo, los “aires de suficiencia” que envuelven a ciertos personajes de la política oficial les impiden ver su auto descrédito.

Rememore sus días de primaria. Evoque los pleitos que se formaban por el creyón azul, la plastilina verde, la reglita de madera con filo metálico, las metras multicolores, el guante de primera base, la pelota de goma, el balón de futbol, las pulseras de colores, las peinetas en forma de mariposillas, o las muñecas. Cada una de esas escaramuzas infantiles de todas las épocas, son equivalentes en el fondo, a los hechos que en pleno desarrollo se viven en el territorio local, y más específicamente en la Máxima Casa Legislativa, a causa del rechazo a efectuar una Auditoría Técnica.

Lo percibido por los venezolanos y extranjeros, es la existencia de una irregularidad, de una anormalidad en el proceso electoral efectuado. Pregunto: ¿Por qué el rechazo si se está seguro de haber obtenido la mayoría? ¿Será miedo? ¿Miedo a descubrir otra realidad? ¿Miedo a morir súbitamente por no aceptar las derrotas? ¿Temor a la pérdida de los privilegios disfrutados? ¿Pánico a la bajada de los cerros, a la salida de los barrios y urbanizaciones, al boomerang de los improperios dichos? ¿Horror ante el reclamo que pueda expresar algún habanero? ¿Cobardía ante el resultado de una inevitable Auditoría Administrativa por tantos años de despilfarro e irresponsabilidad? ¿Miedo a dejar de ser el “ombligo” en que se convirtieron por obra y gracia de Chávez?

Parte de la ciudadanía votante es ajena a la comprensión de los asuntos, discursos, actitudes de los hombres de la política. Hay otra parte que si la comprende. Hay unos operadores políticos embusteros e hipócritas de oficio y hay otros quienes prefieren andar con la transparencia, la verdad y la verticalidad de proceder a toda prueba. En uno y otro lado de las partes en conflicto conviven esos especímenes. Todos, en esencia, son pueblo con sus diferencias. ¡Lo peligroso ha sido la siembra de odio! Si. Esa siembra de odios estimulante de la eterna lucha de clases referida por el sistema comunista: el proletariado contra la burguesía.

Es pertinente tener presente, también, que el descrédito sembrado de todo cuanto lleve el sello “hecho por venezolanos” pareciera ser un plan finamente orquestado. Note que por la vía del secretismo de Estado puede venir a tutelarnos otra potencia comunista, o entregarle en bandeja de plata la administración de nuestros recursos a Cuba, tal como ha sido el sueño dorado de Fidel Castro.

Tal vez haya intermediarios interesados en ganarse una “vaca sagrada” vendiendo, vía Cuba, otro sistema de elección con software, máquinas y procesadores incluidos, pero ¿Todo a favor del sistema cubano? Si, es increíble pero cierto. Fíjese en este detalle: en menos de 48 horas, el “Proclamado” visitó un CDI para “honorificar” a los médicos revolucionarios de origen cubano que laboran allí. Jamás ha tenido el mismo gesto con un médico venezolano ni de un CDI, ni de un ambulatorio y tampoco, de un hospital y menos aún, del ejercicio privado.

Entiendo esa inclinación de Maduro hacia el sistema cubano. Su condición de “hijo de Chávez”, proferido por el mismo después de la muerte de este, lo convirtió en “político nieto de Fidel y político sobrino de Raúl, y ello le obliga a una marcación hombre a hombre como en el básquet. Recuerden que Hugo Chávez Frías (QEPD) consideraba a Fidel como su “padre” en la política.

Quizá el señor Maduro ha olvidado, y una fracción de los venezolanos no, que sobre la medicina antillana pesa una enorme carga de responsabilidad profesional y ética en razón del mal tratamiento aplicado desde el inicio del mismo al fallecido presidente, independientemente de la decisión tomada por este. Esa es una factura pendiente por cobrar.

Ya para concluir con esta opinión, ella comprende varios aspectos: primero, evidenciar la actitud infantil de los miembros oficialistas de la Asamblea Nacional sin los detalles. Segundo: las interrogantes esbozadas a lo largo del texto a partir de las conductas de individuos oficialistas, incluyendo militares. Tercero, el súbito endiosamiento del sistema de salud cubano por parte del “Proclamado” y por último, la percepción sobre lo que ocurrirá a partir de ahora en lo electoral.

Sobre este particular creo que el CNE se pronunciará sin modificar el resultado inicial, sin modificar una letra de su Dictamen. Habrá que ilustrarse con la Ley Electoral y su Reglamento para encontrar las “ventanas” facilitadoras de una interpretación de la mejor solución.

Finalmente, si no hay recomposición de los números convirtiendo al “Proclamado” en perdedor y al derrotado en victorioso, se profundizará el deterioro del gobierno. Maduro podrá ser el “designado”, pero, ha mostrado no tener material con el cual jugar ese su rol.

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