Opinión Nacional

Los intocables

La secretaria que le conoce la clave secreta a la computadora del alto jerarca del gobierno, computadora en la que guarda los documentos de protección “por si acaso”. El chofer que le conoce el nombre, señas y dirección a la amante del jefe, y cuyo silencio es recompensado con una palanquita para conseguir que la planilla de CONAVI la pongan de primera en la inmensa pila de solicitudes. El Ministro que tiene un videíto comprometedor de algún otro gran chivo del régimen, y que lo conserva como carta bajo la manga para cuando llegue un momento difícil. El periodista que trabaja en los medios bajo control gubernamental, que es poseedor de una noticia bomba que si la libera pondría en aprietos a más de un pez gordo.

El diputado que recibe documentos secretos que bien valen compensación bajo la mesa. El sindicalista que garantiza que no se arme zafarrancho alguno en las empresas del estado. El juez que sigue instrucciones, pero que tiene buen cuidado en guardar en alguna bóveda de un banco esa evidencia que inculpa o exculpa. El empleado de una alcaldía que le limpia los expedientes al jefe corrupto, a cambio de que se apruebe el contrato al primo que acaba de montar la compañía para realizar la obra. El empresario que de la noche a la mañana pasó de la mayor pelazón a la mayor de las riquezas, porque tiene un amigo que está emparentado con la esposa del vicepresidente de una empresa estatal. El banquero que sabiendo muy bien el origen de los cobres, acepta que en su banco se abran las cuentas de los testaferros.

El genio de la informática que diseña el programita que permite esconder las truculencias que ocurren en las misiones. El experto en cifras que manipula los números estadísticos para que las cifras cuadren y se vean bonitas. El fiscal del ministerio público que se hace la vista gorda frente a las arbitrariedades. El militar que aclama con vítores a la revolución mientras, de un programa social cuya instrumentación le ha sido asignada, parte y reparte y se queda con la mejor parte.

Son intocables. Tienen el poder del que sabe, del que tiene pruebas, del que conoce a fondo las vagabunderías. Callan. Cobran por su silencio, un silencio que es corrupción. Cometen pecado y delito. Por obra, omisión o colusión. Y destruyen a Venezuela.

Concejal El Hatillo – Un Nuevo Tiempo

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