Opinión Nacional

Los nuevos tiempos

54 años cumple hoy Copei. O lo que queda de él. Ayer leímos la densa y sentida carta que Oswaldo Alvarez Paz dirige a los socialcristianos y copeyanos de Venezuela, con la doble intención de hacerlos reflexionar y, a la vez, de despedirse del partido que ayudó a construir y del cual fue, incluso, su candidato presidencial. Es triste constatar cuántas verdades expresa Oswaldo en su carta. Especialmente la que señala que «la situación se hizo grave cuando Copei dejó de ser un partido al servicio del pueblo. Traicionando principios y plataforma programática, fue puesto al servicio de quienes, circunstancialmente, tuvieron la responsabilidad de conducirlo». Allí está la clave de los problemas y de la debacle subsiguiente. Cuando se cambiaron los sagrados intereses de las mayorías por las pequeñas y mezquinas conveniencias personales. Cuando era más importante la colocación de «un compañerito» en tal posición porque eso significaba una ventaja o la realización de un negocio con trampa para enriquecer al grupito de amigos, que mantener los principios. La distorsión de la política, ese terrible mal que aqueja a los venezolanos, fue mucho más notoria en Copei porque era el partido de la doctrina. Era el partido que estaba más obligado a ser fiel, porque su estructura principista está fundamentada en los postulados eternos de la Doctrina Social de la Iglesia. Copei salió a la calle como un partido socialcristiano y en el camino se desdibujó. A mucha de su dirigencia se le hizo literatura barata todo lo escrito en función de la dignidad de la persona humana y de la primacía del Bien Común. Valía más resolverse en el muy criollo cuánto hay pa’eso, que dilucidar el pensamiento de los Padres de la Iglesia o de los teóricos del pensamiento socialcristiano, como Maritain, Giorgio La Pira o Mounier. Eso era para «los intelectuales». O para un grupo muy selecto integrado entre otros por Pedro Del Corral, Lorenzo Fernández, Arístides Calvani y José Antonio Pérez Díaz. Hombres como los demás pero de convicciones muy sólidas. Ejemplo vivo que muy poca gente siguió. José Antonio, el único de ese grupo que todavía vive, sigue siendo una hermosa referencia moral y política aunque los tiempos hayan cambiado. Coincido con Oswaldo en que el Copei de hoy, tal y como está, tiene muy poco que ofrecerles a las nuevas generaciones de venezolanos, siendo como es el único movimiento político-doctrinario que, verdaderamente, tiene soluciones integrales para los pueblos de este continente de la esperanza.

Hoy vivimos nuevos tiempos. El país es diferente. Nuevos protagonistas llenan los espacios, aunque las soluciones distan mucho de ser nuevas. Incluso algunas no parecen ni siquiera soluciones. Sin embargo se abren nuevas iniciativas y resulta interesante la participación, porque uno siente que tiene algo que aportar. Es en este sentido que acepté la postulación hecha por el Colegio Nacional de Periodistas, seccional Carabobo-Cojedes, para integrar la Comisión Transitora Legislativa. Acepté porque creo en los cambios. Siempre y cuando contribuyan efectivamente a mejorar la situación social, política, económica y cultural de las mayorías. No debemos negarnos a participar si abren la posibilidad. A lo que aspiramos es que haya seriedad. Me resisto a creer que toda esta convocatoria sea una pantomima. Una burla. Somos casi un centenar de personas las que hemos ofrecido nuestros nombres para integrar este organismo provisional y todas merecemos respeto. Como también lo merecen quienes tienen la responsabilidad de seleccionar y por eso no creo que sea justo hablar de que eso ya está decidido. Si así fuere, estarían jugando con la buena fe de las personas y eso resulta muy peligroso en el momento de iniciar los cambios, porque le restaría credibilidad al proceso en su conjunto. Es importante que revisen y pregunten quién es quién. Porque igual peligro se corre si a la hora de la selección se dejan deslumbrar por las luces del pasado. Porque la tarea a cumplir es la de revisar todo lo revisable. Examinar cuentas, presupuestos, planes, programas. Aciertos y errores. Pero no con odios o fines retaliativos, sino con la claridad que brota de la justicia. Con imparcialidad y ecuanimidad. Pensando en el beneficio de Carabobo y de los carabobeños. Teniendo como meta mantener lo que funcione bien y mejorar lo que sea necesario, respetando la autoridad del gobierno regional y, al mismo tiempo, haciendo que éste reconozca y respete los fueros de las nuevas instituciones, nacidas de los nuevos tiempos que vivimos. Quienes resulten seleccionados deben estar claros en que hay algunas leyes que deben ser revisadas. La de cultura, por ejemplo. La cual obedeció, en su momento, a un consenso regional y fue objetada por insólitos y mezquinos intereses políticos. Y así como este caso a lo mejor hay otros. Por ello es importante que quienes escojan, busquen en los seleccionados criterio político, sentido de justicia y visión de grandeza. Porque, repito, no es momento para la revancha. O para la venganza. Sería demasiado triste que un proceso revolucionario se afincara en valores tan negativos. El país nos necesita unidos y la oportunidad se presta para que el trabajo en equipo sea verdaderamente efectivo y útil.

Hoy, 13 de enero, cuando coinciden el aniversario de Copei y la fecha de cierre de las postulaciones a la Comisión Transitoria Legislativa, es un buen día para la reflexión y para la invitación que varias veces les he hecho de examinarnos. Pesar lo bueno y lo malo. Sacar conclusiones. Sólo así podremos hacer propósitos para estos nuevos tiempos. Sólo cuando tengamos un balance serio y honesto de nosotros mismos, estaremos en capacidad de mejorar. Y el país de este año 2000 nos necesita cada día mejores.

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