Opinión Nacional

Los partidos y el 23 de noviembre

Las próximas elecciones significan un gran reto para la democracia venezolana. También llevan de manera intrínseca, la gestación del comienzo de la verdadera recuperación de los partidos políticos. Pase lo que pase, el mapa político criollo cambiará a favor del fortalecimiento de las posibilidades ciertas de mantener el régimen de libertades que nos dimos a partir del 23 de enero de 1958. Chávez, por segunda vez, no las tiene todas consigo. Perdió el rumbo. ¿Una circunstancia auspiciosa? ¿Casualidad? ¿Cosas del destino? De tanto huir hacia delante ha envejecido, sin darse cuenta. Lo cierto es que estamos en presencia de un nuevo y propicio 23 (esta vez, no de enero), capaz de devolvernos, definitivamente, la confianza en un futuro mejor, bien lejos de la asfixiante, interminable y frustrante experiencia chavista. Los despropósitos y la miseria de cada día opacan, sin remedio, la mal llamada revolución bolivariana.

La anomia acunada durante estos 10 largos años, ha destruido, parcialmente, el orden social y político de la nación, sin ser reemplazado por nada. Por eso la resbalosa pendiente por donde cae la credibilidad y prestigio del mandamás de Miraflores será muy difícil de revertir. Maquiavelo, en El príncipe, hace cuatro siglos, nos hablaba de que el poder pierde a quienes lo ejercen sin prudencia, magnanimidad y grandeza. Aquí no cabe la manida frase de que “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”. Sino todo lo contrario. El país va por el camino de la ingobernabilidad, el caos, el precipicio… El espejismo del “avance” del socialismo se mantiene, solamente, gracias a la abultada renta petrolera. De lo contrario ya estaría hecho añicos.

Las consecuencias están a la vista: frustraciones, protestas… Sin embargo, todavía se observan manifestaciones que apuntan ciegamente, en la misma dirección: denigrar, masoquistamente, de las organizaciones políticas, sean estas de larga vida o de reciente data, para tratar de debilitarlas más de lo que están. Soñar con el golpismo, en lugar de privilegiar, con valentía y entusiasmo, la revitalización y renovación (palabra por cierto muy desacreditada, gracias a su prostituido mal empleo) de los partidos, es un acto de impotencia, causado precisamente por los oficiantes de la inmediatez y la confusión. ¿Se puede construir una fuerza poderosa y plural, para ponerle la cascabel al gato, sin movimientos políticos fuertes, capaces de organizar y movilizar las masas populares? A simple vista pareciere que la respuesta negativa. O, por lo menos es mucho más difícil; a menos que surja otro 1957 que, a decir de Simón Alberto Consalvi, fue el año en que los venezolanos perdieron el miedo.

En suma, la solución a nuestros problemas, no está en crear una especie de anarquismo democrático a la salida de Chávez. De lo que se trata es de reforzar una institucionalidad sustentada en partidos políticos representativos de la sociedad en su conjunto. Por eso, tirios y troyanos, deben reconocer, sin mezquindades ni atavismos innecesarios, la importancia de que Acción Democrática arribe a sus 67 años, aun interpretando a una buena parte del sentir nacional. Desde esta humilde trinchera, vayan mis saludos a su militancia, y a su dirigencia, encabezada por Henry Ramos y demás directivos nacionales y regionales. Larga vida a los partidos significa, también larga vida para la democracia venezolana. No se puede seguir pedaleando en el vacío, mientras Chávez hace lo que le da la gana… Los ajustes de cuentas podrían venir después.

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