Opinión Nacional

Los tentáculos de la dictadura

La petrochequera de Chávez puede comprar muchas conciencias por algún tiempo. El señor Insulza, la OEA, la Unión Europea y hasta la ONU, gracias a los petrodólares, podrán ignorar, por algún tiempo, el hecho de que la democracia en Venezuela está herida de muerte, pero lo ignoran con la conciencia sucia. Sucia de dólares mal habidos. Dólares petroleros. Dólares que se deberían usar para aliviar el hambre y la miseria que aplastan a la inmensa mayoría de los venezolanos, pero que se usan en comprar esas conciencias para que ignoren la realidad. La última manifestación de abuso de poder, de odio a la democracia, es el cierre de treinta y cuatro emisoras de radio, entre ellas las del Circuito Nacional Belfort (CNB), formado por 9 emisoras en FM y 2 en AM, repartidas por toda Venezuela. Para quienes saben del tema no es ningún misterio el por qué se calla el Circuito CNB: simplemente porque es por donde llega a todos el país, por radio, el programa Aló Ciudadano, de Leopoldo Castillo, que se transmite en televisión todos los días de semana en Globovisión, y es el programa más odiado por el teniente coronel Chávez y sus seguidores. En Aló Ciudadano se producen centenares de denuncias contra el desgobierno de Chávez Frías. Hechos que las muchísimas emisoras de radio y TV que controla el gobierno ignora. Denuncias bien fundamentadas que dejan mal parados al presidente, a sus ministros y a sus incondicionales gobernadores y alcaldes, y que en muchos casos dejan al descubierto la corrupción del teniente coronel Chávez y sus seguidores, entre ellos el que ordenó el cierre de las treinta y cuatro emisoras: un teniente que ha engordado a ballenazos tal como su fortuna, muy mal habida según dice la gente. Es una reacción fascista a algo que los desconcierta, y es que el amor de los venezolanos por la libertad de expresión es tan grande que los chavistas no han logrado su propósito de establecer plenamente la dictadura que quieren imponer. Y han optado por apretar poco a poco, por ir de paso en paso, apretando cada día un poquito más los tentáculos de la dictadura. Pero cada vuelta de tuerca es un paso más hacia su fracaso final. El pueblo venezolano no se va a dejar aplastar. Y tarde o temprano va a quitarlos del medio. Y entonces el señor Insulza, la OEA, la Unión Europea y hasta la ONU van a quedar al descubierto, desnudos en pelota a la vista del mundo entero, untados de petróleo maloliente y corruptor. A menos que les dé un súbito ataque de honestidad y reaccionen, reivindicando la democracia y el derecho al bienestar del pueblo venezolano, abandonado por la dictadura chavista que gasta todo lo que tiene en corrupción y fabricación de imagen, y no en tratar de acabar con la miseria. Con el mayor cinismo, Chávez y los suyos acusan a los partidos de la democracia, Acción Democrática, Copei y los siete enanos, de no haberse ocupado de combatir la miseria, pero ellos no sólo no la combaten, sino que cada día la alimentan más. Y para poder ocultar lo inocultable cierran las emisoras de radio y pretenden imponer leyes represivas. Ya es hora de que los que en verdad piensan en restituir la democracia venezolana dejan de soñar con carguitos electorales, que a manera de limosna puede que reciban de Chávez y los suyos, y se preparen a luchar de verdad para cortarle, definitivamente, los tentáculos a la dictadura.

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