Opinión Nacional

Los tigres de Santa

Las navidades, escribe (%=Link(«http://www.paulauster.co.uk/»,»Paul Auster»)%) en su fabulosa novela Tombuctú (1999) son “una farsa, una temporada de pasta fácil y gran actividad de cajas registradoras, y como símbolo de esas fechas, como la esencia misma de todo el tinglado consumista, Santa era el farsante supremo”… Ese énfasis en lo ficcional de la temporada navideña no deja de ser cierto en relación al impulso del comercio y la desconexión de los adultos en lo referente al significado (pagano y católico) de esas fechas…Sin embargo, en forma sigilosa, casi conspirativa, en las ciudades venezolanas trabaja un ejército de artesanos, buhoneros y Santas dispuestos a preservar la tradición y de paso “matar un tigrito” que permita redondear las finanzas en estos días de inflación económica y emocional.

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Santa en Caracas
El publicista Gerardo Estrada, del Grupo Vallas, asegura que “Santa Claus sí existe, siempre que mantengamos vivo al niño que llevamos dentro”. Estrada, en sintonía con esa creencia, fundó en el 2000 la primera Escuela de Santas venezolana, la cual surge como una respuesta a la interpretación de Santa sólo como un tigre, sin importarle el vestuario, educación y dicción de los personajes. Así, en 1994 Estrada tuvo la idea perfeccionar a Santa para fortalecer la ilusión de los niños venezolanos, promoviendo valores como el respeto, la solidaridad y la unión familiar en sus interpretaciones ante familiares y amigos.

La escuela comenzó a funcionar en el 2004, y el proceso de selección empieza con un test psicológico a los aspirantes, para luego pasar a estudiar, durante un mes, módulos de dicción, actuación, historia de la Navidad, PNL y trato hacia los niños. El costo del curso es de Bs. 600.000, mientras que el traje, importado de USA, ronda alrededor de los US$ 1.500, aunque esa inversión es menor desde este año, ya que los trajes están siendo confeccionados por las costureras del Teatro Teresa Carreño. En el 2005, de los 12 inscritos se graduaron sólo 7, y reprobaron quienes no aprendieron a decir Navidad en varios idiomas o tuvieron mala dicción. En septiembre 2006, fecha de los cursos, se inscribieron 15 aspirantes entre 30 y 65 años. La Escuela tiene convenios con la cadena de centros comerciales Galerías y empresas como Polar, MRW y fiestas privadas. En una presentación, un Santa puede ganarse 300.000 bolívares, pero debe entregarse totalmente a los niños, quienes son, según Estrada, “ángeles sin alas”.

+ información: (%=Link(«http://escueladesanta.com/»,»http://escueladesanta.com/»)%) y (%=Link(«http://www.san-nicolas.net»,»http://www.san-nicolas.net»)%)

Entre buhoneros te veas

Hacer un recorrido por el centro de Caracas, es hallar un sub mundo navideño en el que lo probable e improbable conviven en extraña armonía. Levis Laverde, de 37 años y heredero de esa sapiencia venezolana para rebuscarse, tiene puestos de teléfonos, de películas y de luces navideñas. Pero aunque su puesto decembrino sí es rentable, nada de lo que allí se vende es para él. “Este puesto es de mi hijo de once años, que lo cuida y se gana su dinero por las navidades”, dice mientras agrega entre risas que ese muchacho “es demasiado pilas”.

Por su parte Mayerling Ruiz, de 19 años, tiene un puesto pequeño en el que vende todo tipo de figuras de cerámica. Lo que más vende son las bolas de agua y los nacimientos pequeños. Afirma que ya lleva dos años con este puesto –que sólo tiene por navidad porque el resto del año atiende el de un tío que está justo enfrente- y que sólo en diciembre se atreve a invertir porque siempre se recupera el dinero.

Ellos son sólo dos nombres entre los cientos que en el centro intentan matar unos tigres para sobrevivir en la Navidad. Allí mismo se pudo observar algunos otros tipos de rebusques como: puestos de paños para la cocina con motivos navideños, fuegos artificiales de todo tipo, Niño Jesús y ovejas de plástico, guirnaldas y figuras grandes del Espíritu de la navidad.

Por otro lado, en las afueras de la UCV, aunque no hay un ambiente netamente navideño, personas como Daysi Rangel, de 25 años, esperan los guantes y bufandas que generalmente vende durante esta época. También hay puestos interesantes que aunque no son navideños vale la pena mencionar, como aquel donde se escribe el nombre de la persona en un grano de arroz. Si usted quiere, con dibujitos y todo…

(%=Image(6951359,»R»)%) Entre tejidos y vitrales

Anaís Guerra, estudiante de Arquitectura de la UCV y colaboradora de Letras tiene años estudiando y practicando el trabajo con vitrales. Ella asegura que la técnica TIFFANY, realizada con una base de cinta de cobre y plomo, permite crear pequeñas obras de arte utilitarias como cajas, lámparas, espejos y adornos de mesa navideños. Para este diciembre Anaís debuta con tejidos hechos a mano, con detalles de hilo de plata y canutillo: Zarcillos (desde Bs. 7.000), collares (entre Bs. 15.000 y 25.000) y pulseras (entre Bs. 6.000 y 10.000).

Para contactarla, escríbele al correo: (%=Link(«mailto:[email protected]»,»[email protected]»)%)

Ateneo navideño

Y este año, superando los vericuetos políticos del país, abrió a finales de noviembre la feria navideña en el Ateneo de Caracas que está variadísima como siempre. Allí se pueden encontrar desde embutidos hasta joyas, con precios que son solidarios o no, dependiendo del poder adquisitivo de cada uno. Igual, los costos son variados y al menos un chocolate –hecho con cacao 100% venezolano- podrá llevarse. Algo curioso es que la mayoría de los puestos son familiares y están atendidos por los jóvenes de la casa. Justamente una jovencita de 13 años, Erica Rojas, quien atiende un puesto de licores y mermeladas, dio el consejo más importante para todo el que quiere vender bien aquí –aunque aplica para la gente que quiere rebuscarse en general-: “Tienes que tratar de destacar entre los demás productos, de ser únicos y no ofrecer lo que vende todo el mundo”.

(%=Image(1515324,»L»)%) El Buhonero
Por Aníbal Nazoa

“Para hablar del buhonero es preciso comenzar defendiéndolo. La definición que de el dan los diccionarios, además de mentirosa, es ofensiva para el oficio: se dice que el buhonero es «el que vende baratijas o cosas de buhonería». Se despacha así en dos groseras líneas a un personaje que debería ser reconocido como una de las cumbres de la civilización moderna. Poeta, deportista, filosofo, conquistador, psicólogo, actor, financista, orador de fondo, el buhonero es el profesional más completo que existe en la actualidad. Bien se ve que quien lo define como «vendedor de baratijas” no ha estado en Caracas, donde la mercancía ofrecida por los buhoneros incluye televisores, refrigeradores, abrigos de piel y otras menudencias que no son propiamente baratijas. ¿Se atrevería usted, señor diccionario, a asegurar que un tren eléctrico con túneles, viaductos, estaciones Y patios de maniobra es una baratija? Pues eso es lo más menudo que se puede adquirir de los buhoneros caraqueños en tiempo de Navidad (…) A semejanza del hombre-orquesta, el buhonero es el hombre-tienda por departamentos. Cordones para los zapatos, analgésicos, jabones, herramientas de todo tipo, radios de transistores, calcetines, mapas, equipos para pesca submarina, frutas en conserva, lo que usted necesite lo lleva en los bolsillos, amarrado a la cintura o colgando del pescuezo. Y si se le antoja algo más raro, como una lámpara de rayos infrarrojos, un busto de Ibsen o un ejemplar del Código de Procedimiento Civil, pregúntele y vera cómo también lo tiene. La imaginación de un buhonero no conoce limites, y esta es una de las condiciones que debe llenar quien pretenda ingresar al gremio…”

Fuente: Aníbal Nazoa, Las artes y los oficios. Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, 2005

(*): Publicado en la edición 419 del periódico Letras

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