Opinión Nacional

Los tres pilares de las Fuerzas Armadas

Dijimos antes, que los vientos que soplaban no eran de paz, de brisa ni de rocío, sino de tempestades. Así lo anunciaron: vientos de revolución, de candanga y de burundanga. Y aunque no se dijo: de egoísmo, de enfrentamientos y de altas mareas, solo comparables con las tempestades con rayos, truenos y relámpagos, bien vistos por algunos y mal vistos por otros. Dijimos también que, en el fondo, eran vientos que reflejaban frustraciones y pasiones insatisfechas, pero en mayor proporción, reflejaban incultura y deficiencia humana en comprender el codiciado deseo de ser un factor de familia y de sosiego social; impregnado del anhelo necesario para hacerse cada quien mas interdependiente y solidario, donde lo primordial fuera el factor cultural, tan necesario para el logro de la paz familiar y social.

Todo vino girando cual movimiento pendular, ataviado de togas, birretes y espadas, enfrentados a la cruz y a la oración. Pero cometieron el error de creer en oráculos guerreros sin sentido. Antioligarcas y revolucionarios. Es triste recordarlo. Un ideario ?bolivariano? conducido por ángeles soñadores, quienes se sintieron impregnados del efluvio celestial cual sueños azules, forjados en el templo menos apropiado para la paz, dado su fin irreductible de prepararse para la guerra. La antología de un Estado de necesaria concordia y de asociación institucional, enrumbado hacia un claro deseo de crear felicidad para un pueblo que, igual que los gestores de los sueños, se confundió y cayó en la trampa de la ignorancia y de la incapacidad. ¿Que otra cosa entonces podía esperarse, cuando se confunde el pan con el vino y el vino con el pan?

No basta con manifiestos de adhesión disciplinada, ni con buenos deseos de concordia y paz surgidos del Alto Mando Militar. Se requiere mayor sincretismo en la interpretación de la democracia, por lo que no es admisible entender ciegamente los conceptos de subordinación, de obediencia y de disciplina, que si bien sabemos, son los pilares sobre los que descansa la Institución militar, también es cierto que conforman un trípode, no una trilogía, que desfallece cuando se origina de órdenes abusivas, tal como ha venido ocurriendo durante los últimos tres años.

No intentamos desequilibrar el poder del mando activo en las Fuerzas Armadas, ya que siempre hemos sido enemigos de la beligerancia partidista en la Institución, pero lamentablemente, no nos queda mas remedio que criticarles su actitud, cada vez que afloran a la palestra para decirnos que ?respaldan la democracia y la subordinación al Comandante en Jefe?, creyendo que con ello ayudan a la tranquilidad y la paz. No, eso no es lo que quiere oír la Sociedad Civil organizada o no. Eso está a la vista y es evidente. Cada vez que un militar asume posiciones gubernamentales, esta participando en la destrucción ?revolucionaria? de la propia sociedad, de su economía, de las instituciones y del propio Estado. Creemos que basta ya del erróneo entendido de la participación en el ?desarrollo?. Este no es tal como se le visualiza en las Fuerzas Armadas.

Apreciados alumnos: ¿No es suficiente la lección aprendida con la actual experiencia del fracaso? Muchos subalternos en la ignota soledad se encuentran en contradicción consigo mismos. No encuentran que hacer. Y, en esa duda y contradicción entre su mente y sus sentidos, son tocados por la tentación de insurgir para demostrar al colectivo, la Sociedad, que ellos son y se sienten parte de ella. Que son transitorios en la existencia institucional, pero que no pueden violentar los tres parámetros de la Institución: la subordinación, la obediencia y la disciplina. Se preguntan entonces, ¿Qué hacer? De acuerdo con la Constitución la subordinación es relativa y la obediencia se deriva, pero cuando las órdenes son abusivas, la propia Constitución exime su cumplimiento y he aquí el dilema: ¿Como desobedecer sin quebrantar la disciplina?

Es interesante la conclusión que derivamos de todo este enredo, el cual surge de un estúpido e irracional egoísmo que viene acendrándose entre la oficialidad militar activa (los mandos), que ha tratado de deslindarse de los retirados, llegando al extremo de descalificarlos, sin darse cuenta lo cerca que están de esa situación ?honrosa? del militar. Se percatan, pero creen que los ponen en situación conflictiva, cuando los hacen abrir los ojos para que salven a la Institución de la irracionalidad en que la están sumergiendo los ?revolucionarios?.

Los veteranos que nunca hemos participado (porque no hemos querido) del partidismo, sentimos angustia por lo que percibimos dentro de la actividad institucional. Ni pensamos ni queremos que crezca la división interna y mucho menos que se fracture la Institución. Pero con mayor angustia piensa la Sociedad que los mandos militares se hacen los ciegos y los sordos ante su clamor que cada vez mas se generaliza. No quiere golpe de Estado, porque no quiere gobiernos militaristas, pero si quiere oír la voz independiente del mando militar, de que las Fuerzas Armadas reclaman al Jefe del Estado su libertad e independencia de acción, para dedicarse a las tareas que constitucionalmente les conciernen. Esto no es desobediencia ni insubordinación, por el contrario, es el verdadero sentido de la disciplina institucional, ya que ésta no es solo obligación del subalterno sino de todos los ciudadanos.

En las teorías del conflicto hay un principio, que es tal vez el de mayor relevancia en la atención de las masas. Es el de mantener siempre la oportunidad del escape, de la liberación de las presiones, ya que de lo contrario se producirá la explosión. No es secreto para nadie que en el interior de los cuarteles, para no generalizar en las Fuerzas Armadas, hay malestar por dos razones: una, el cumplimiento de actividades que no son del agrado de la mayoría del personal militar, al considerarlas que no se corresponden a los fines institucionales y; otra, que a sus oídos llega el sonar de las cacerolas de sus familiares en las calles y que, pareciera que no son escuchados por sus comandantes. Hay secretos que los subalternos no transmiten a sus superiores, al igual que hicieron durante casi 10 años Chávez y sus compañeros. Algunos no nos enteramos y otros lo tomaron como un simple acto de rebeldía y le restaron importancia. Su irresponsabilidad, que no compartimos, está hoy dando sus frutos. No queremos que eso vuelva a ocurrir, ni por venganza.

En conclusión, tanto la Sociedad protestante, como gran parte de los militares activos si quieren un discurso del Alto Mando Militar, pero no que le diga que apoya al Comandante en Jefe porque eso es obvio, sino que manifieste su firme intención de defender al Pueblo de los círculos bolivarianos o de cualquiera otra milicia que les impida la protesta; y de pedir al Presidente que oiga a la otra parte del pueblo que no es de su devoción, ya que también son venezolanos. Creemos que luego de esta declaración, serán menos los militares uniformados que aparecerán en la palestra y serán también menores los cacerolazos contra los uniformados. Por último, recordarle al Presidente que a él no le sale portar espada. La original es la de El Libertador y la réplica es de los generales y almirantes.

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