Opinión Nacional

Los vendepatrias

A los voceros oficialistas les encanta acusar de «vendepatria» a quien critique la revolución bolivarista. Por eso vale la pena precisar algunos conceptos elementales.

La donación oficial a un gobierno extranjero de cuantiosos recursos naturales que le pertenecen a la nación venezolana, ¿cómo se llama? ¿O es que el suministro de por lo menos 100 mil barriles diarios de petróleo al gobierno de los hermanos Castro a cambio de medicinas anticuadas y hasta vencidas, no es un delito de lesa patria y con mayúsculas?

¿Y qué nombre se le puede poner al abandono de las legítimas reclamaciones territoriales de Venezuela sobre el Esequibo? Abandono público y notorio porque el propio jefe de Estado proclama que esa reclamación era y es un instrumento del imperialismo gringo y británico en contra de Guyana, para máxima sorpresa, por cierto, de los mismos guyaneses que ni siquiera se habían atrevido a vituperar de esa manera a la histórica posición venezolana.

¿Y cómo calificar la conducta del Gobierno venezolano cuando se hace el loco ante denuncias referidas a Estados del Caribe que están licitando concesiones petroleras y gasíferas en áreas del territorio marítimo de nuestro país? Porque no hace falta ser un genio de la diplomacia para saber que la vista gorda es para complacer los muchos votos del Caribe angloparlante en instancias internacionales tipo la OEA.

¿Y cómo denominar el contubernio con las Farc y la tenaz negligencia en el resguardo de nuestras fronteras con Colombia? Hace años los venezolanos nos quejábamos que no había presencia del Estado colombiano en su lado fronterizo, y ahora son ellos los que se quejan que no hay Estado venezolano en nuestro lado, salvo, acaso, para proteger a la narcoguerrilla.

Y en ese mismo sentido, ¿no son trágicas las evidencias de qué nuestro territorio se ha convertido en casi un paraíso para el narcotráfico, el contrabando de minerales, el lavado de dinero y el tráfico de armas? Todo ello en las propias narices del Ejecutivo y las Fuerzas Armadas, que llevan tiempo rechazando la cooperación internacional en la materia, tanto con países vecinos como con organismos especializados, léase Interpol. ¿Cómo se llama eso?

¿Y cómo también se llama cuando un Gobierno entrega la dirección o supervisión de muchas de sus operaciones importantes a funcionarios de gobiernos extranjeros? Casos, por ejemplo, como la presencia del G-2 cubano en las labores de inteligencia política y militar del Estado venezolano, o el control de los iraníes en buena parte de nuestra industria petroquímica, o el manejo de las políticas de salud, de importación de alimentos y hasta de transacciones petroleras por parte de delegados de La Habana.

Sí, en efecto, en Venezuela hay toda una tribu de vendepatrias. Y el cacique principal pronto cumplirá 10 años medrando en Miraflores.

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