Opinión Nacional

Maduro: corrupción e inseguridad

Para la propaganda oficial, el señor Maduro se está dedicando a combatir la corrupción y la inseguridad. Lo que ya sería una modificación siquiera retórica con respecto a su predecesor, que no solía referirse a esos temas y mucho menos enfrentarlos como problemas, sino todo lo contrario.

Las cotas siderales que han alcanzado ambos fenómenos, tanto en términos de proliferación de corrupción como en caudales depredados, así como en la detonación de violencia delictiva y la multiplicación de las muertes violentas o asesinatos, son parte central del legado del señor Chávez.

Y como gran parte de la opinión pública lo resiente –sobre todo ahora que estamos en época de vacas raquíticas, aunque con el barril de petróleo por encima de 100 dólares–, entonces Maduro y compañía han decidido dar la impresión de que se ocupan de esos asuntos con particular preferencia.

Al menos en el campo de la inseguridad hay el anuncio de un plan y un despliegue correspondiente. Poco efectivo, es cierto, si nos atenemos a las cifras rojas de las morgues, y si acabamos de entender que la explosión delictiva en Venezuela es una derivación directa del tipo de régimen que impera. Pero siquiera hay la oferta de un plan.

¿Y en el tremedal de la corrupción? ¿Qué hay aparte de palabras y disimulos? Casi nada si es que hay algo. La presidenta del BCV, Edmée Betancourt declara que el Estado fue estafado, vía Cadivi y Sitme, por un monto que oscilaría entre 15 y 20 mil millones de dólares, y ello tan sólo en el 2012, y no pasa absolutamente nada. Cero.

Lo reconocido públicamente por esta funcionaria es de una gravedad insuperable en materia de mega-corrupción. Pero en cambio, el desgobierno de Maduro se aplaude a sí mismo porque tiene detenidos a tres o cuatro matraqueros de tercera o cuarta categoría en el escalafón de la corrupción roja.

Los medios oficialistas andan histéricos con el diputado Mardo y presentan el avasallamiento estatal en su contra como un triunfo de la lucha anti-corrupción. Pero no dicen ni pío sobre los boligarcas o los oligarcas bolivaristas, muchos de los cuales son jerarcas conocidos del poder establecido, con y sin uniforme.

Por todo ello es que la supuesta “cruzada contra la corrupción” de Maduro no tiene credibilidad. Ni podría tenerla por provenir de una satrapía corrompida, si las hay. Es como si una cruel dictadura lanzara una campaña por los derechos humanos, o una depredadora del ambiente se disfrazara de ecologista.

Y la corrupción y la inseguridad suelen estrecharse en el mal que producen a las sociedades donde campean. Tal y como ha venido sucediendo en la nación venezolana durante el siglo XXI. Porque vamos a entendernos: corrupción e inseguridad hemos tenido en Venezuela en diversas épocas y con variables dimensiones.

Pero lo que tenemos ahora es una explosión de corrupción e inseguridad que se está tragando al país, destruyendo sus fundamentos y su potencial de futuro. Y Maduro no tiene respuestas porque él representa el problema.

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