Opinión Nacional

Mal informado

 Una voz piadosa, al responder las insólitas declaraciones del saliente calificando de irresponsable las denuncias sobre la presencia de gas en Amuay, que podían oler los pobladores de la cercanía tiempo antes de que ocurriera la tragedia, ha señalado que el saliente está mal informado. Mal informado está quien así opina, porque el saliente está muy bien informado de todo cuanto ocurre en Venezuela, como hasta hace muy poco lo estuvo Castro en Cuba y hasta su muerte Stalin en la URSS. No se mueve nada sin su aprobación y en eso estriba la causa de la destrucción del país.

               La supuesta desinformación del saliente es una estrategia largamente practicada con el propósito de mantener incólume su figura como base de todo sistema personalista y por ende anti institucional. Los males que ocurren se deben a que no se ha enterado, si no ya estarían remediados. Sus ineptos subalternos encuentran en ese mito que ellos contribuyen a construir una tabla de salvación frente al fracaso de lo que emprenden, porque la posibilidad de que se entere y que por lo tanto se remedie está tan al alcance de la mano, que en cualquier momento todo se compone y serán ellos, los colaboradores, merecedores de premio.

               Esa elevación personalista del tirano benefactor explica igualmente porqué los subalternos ríen mientras son humillados por él; y porqué aceptan de buen grado la imputación de culpas que puedan corresponder a otros, incluido el saliente, antes que verse separados de ese recurso inefable que es estar en la cercanía del solucionador de los males tan pronto conozca de su existencia.

               Si la destrucción física que ha sufrido el país durante estos catorce años se debe a la incapacidad de los funcionarios de la robolución para conducir con acierto las tareas asignadas, desde el simple manejo de un registro inmobiliario hasta la preservación del valor de la moneda, la destrucción institucional halla su causa en el mito del “saliente mal informado”, que contiene la inequívoca confesión de que no hacen falta ministros, ni diputados, ni jueces, ni fiscales, ni contralores para que las instituciones funcionen y los problemas se solucionen. Basta para eso que el saliente esté bien informado. Pero ¿Como resolver la incongruencia que se origina en la ignorancia por falta de información y la apreciación de sus seguidores, las focas aplaudidoras,  que en él reconocen a quien todo lo sabe? Es sencillo, saliendo del saliente.

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