Opinión Nacional

Mañana puede ser demasiado tarde

Se equivoca mi respetado y querido amigo Henrique Salas Römer: no es mañana, es hoy mismo que está obligado a jugar un rol en la reunificación del país. Y esta diferencia en la apreciación de nuestras urgencias puede terminar costándole inmensamente caro a él, a su necesario liderazgo y al país entero.

A él, pues el país no le perdonará haberse eximido de asumir la lucha cuando era la hora. Pues la lucha no comenzará mañana: comenzó el 4 de diciembre de 1998, cuando un hombre atento al resonar del sonido y la furia que bulle en lo profundo de nuestro país hubiera debido comprender que era la hora de conducir al extraviado rebaño por esta dolorosa, por esta terrible travesía del desierto y acompañarlo en sus penurias y sufrimientos ante un autócrata decimonónico que no merecía entonces ni mucho menos ahora el cuidadoso tratamiento que él hoy le dispensa.

Y al país, que ha debido luchar ciegamente, casi a tientas, contra la terrible acometida de un autócrata, de un poseso, sin más armas que sus propias manos. Sin liderazgo, sin consejos, sin una palabra de aliento. ¡Qué distinto hubiera sido si en vez de ponerse al servicio del MVR y sus repugnantes e inmundas marramucias, Salas Römer y Proyecto Venezuela le hubieran negado desde un comienzo la sal y el agua, así un pueblo entontecido de chavismo no lo hubiera comprendido. Era la obligación de quien lideraba entonces la oposición. No lo hizo. Ni lo hicieron otros. Y ya vemos cuan caro puede resultarle a Salas Römer, a Proyecto Venezuela y al país esperar tiempos más auspiciosos para iniciar el combate.

Otros lo hicieron luego: pueda que menos preparados y menos a la altura de los desafíos que el mismo Salas Römer. Pero dieron la cara. No me importa si detrás de ellos late la ambición por una presidencia, un ministerio o un cargo público. ¿Desde cuando es un pecado que un político, que además deja sus tripas sobre el asfalto en las luchas contra la amenaza cierta de una dictadura, debiera renunciar a sus ambiciones? No sólo lo hicieron: unieron a cuantos estaban dispuestos a la lucha y crearon la Coordinadora Democrática, detrás de la cual estuvo en sus orígenes el mismo Enrique Salas Römer.

Sin la Coordinadora Democrática hoy el país estaría de rodillas a los pies del caudillo. Porque la historia no se hace en un laboratorio: los pueblos no son homúnculos de probeta que debieran haber hecho esto o lo otro en lugar de hacer lo que hicieron. Hic Rodhus, hic salta. Le guste a o no le guste a Salas Römer, ésta es Venezuela, así su proyecto no lo comprenda.

Hoy es la hora de reunificar al país. Hoy es la hora de ponerle un punto final a la pesadilla. Hoy es la hora de enfrentar al caudillo. Hoy es la hora de concertar voluntades con Enrique Mendoza, con Julio Borges y con todo el espectro político del país. Hoy es la hora de convertir a la Coordinadora Democrática en un ariete invencible que conduzca la lucha.

¿Mañana? Sirva el refrán: “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”. Pues mañana puede ser demasiado tarde.

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