Opinión Nacional

Manu militari

La creación del Cesppa transforma en eunucos a los ministros del Interior, Justicia y Paz; de Relaciones Exteriores y de Defensa, y advierte que ese organismo tendrá más poder que el propio Presidente de la Republica. Y es cierto

De acuerdo con lo que opina Asdrúbal Aguiar, la creación del Cesppa (Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria), «transforma en eunucos a los ministros del Interior, Justicia y Paz; de Relaciones Exteriores y de Defensa», y advierte que ese organismo tendrá más poder que el propio Presidente de la Republica. Y es cierto.

El decreto que crea este organismo, cuya autoría no puede ser de Maduro, a menos que haya decidido suicidarse políticamente, tiene un origen visiblemente castrense.

Es obvio que firmó, probablemente obligado, el texto que le fue presentado por manos militares.

De alguna manera configura una suerte de golpe frío, puesto que traslada, a los militares, ahora explícitamente, el poder real de la República.

En el fondo, es cosa sabida que en última instancia, el poder real reside en el estamento castrense, pero durante la larga etapa democrática vivida por el país esa circunstancia se sometía a las reglas de juego constitucionales, que los militares acataban, de la subordinación de las Fuerzas Armadas a la autoridad civil.

Ahora la cosa cambia. Los militares recuperan el poder de decisión sobre la vida nacional.

 

El artículo 4 del decreto que crea el Cesppa confiere a este, en la práctica, la insólita potestad de decidir sobre lo que puede o no puede ser informado al Presidente, a juicio de los integrantes del citado organismo.

Veamos: «El Cesppa será el ente rector y articulador de las políticas de trabajo de las instituciones responsables de la Seguridad, Defensa, Inteligencia y Orden Interno, Relaciones Exteriores y otras… a fin de suministrar información oportuna y de calidad que facilite al Presidente de la República la toma de decisiones estratégicas y neutralizar potenciales amenazas a los intereses nacionales a fin de facilitar la ejecución de las políticas públicas y el cumplimiento de los cometidos esenciales del Estado».

El Presidente está literalmente en manos del Cesppa. Y con él todos nosotros, los venezolanos.

Para colmo, lo que se les pasó por alto en el decreto y no previeron, será resuelto, según su voluntad, por el general que ocupa el Ministerio del Despacho, hoy el mayor general del Ejército Gustavo Gonzalez. Todo el poder, pues, ha recalado en el puerto del Cesppa.

Como decíamos en el editorial del martes pasado, se ha creado una suerte de junta de integración exclusivamente militar, que decidirá por sí y ante sí sobre todo cuanto los venezolanos podemos o no ser informados. Censura, pues.

Para colmo, el Presidente o Presidenta del Cesppa (como es de rigor en la retórica chavista) tendrá la facultad de establecer la naturaleza (reservada, clasificada o de divulgación limitada) de «cualesquiera información, hecho o circunstancia que en cumplimiento de sus funciones tenga conocimiento…».

Es más, todas las instituciones públicas y privadas «estarán en la obligación de aportar toda la información requerida por el Cesppa…».

Pero no se trata solo de censura sobre la información y la opinión sino que toda la política de defensa, tanto interna como externa, queda ahora en manos de esta nueva estructura militar, paralela a los poderes del Estado.

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