Opinión Nacional

Maratonitis

Los atletas gozan de excelente salud, hasta que les da un
infarto, así me advirtió una vez Pedro León Zapata cuando me alistaba a
trotar en el Parque de las Ballenas en Maracay. Mayor mérito tienen los
gordos que asumen su condición con desfachatez, fieles a su costumbres de
frecuentar la buena mesa y la bebida. Se acuestan felices, sin complejos,
despiertan enratonados en sus piyamas verdes y le sonríen al mundo. A
Filípides, en cambio, nuestro héroe y primer maratonista del mundo, que
corrió solo en septiembre del año 490 A.C, le pasó lo que Zapata advierte.

Cruzó triunfante la meta al llegar a la ciudad y anunció que los persas
habían sido derrotados. Los griegos siguen con vida, celebren en calma. Y se
murió de un infarto, o de algo parecido. Había corrido 42 kilómetros a toda
velocidad.

Hay dos tipos de atletas de larga distancia. Los que lo hacen
por obligación, porque no soportan estar sobrepeso y no tienen los reales o
la disposición mental para una liposucción. Y los adictos al placer de las
endorfinas y al bienestar único que se siente cuando se ha trotado por más
de una hora. No es una diferencia en blanco y negro, pero existe. Steve
Prefontaine, por ejemplo, uno de los grandes corredores norteamericanos, que
falleció tempranamente en un accidente, poseía los records nacionales en
prácticamente todas las distancias por encima de los 3.000 metros. El decía
que no estaba en mejores condiciones que sus adversarios, tan sólo tenía un
mayor nivel de tolerancia frente al dolor. Otro caso: Jim Ryun era dueño del
record mundial para los 1.500 metros planos y en las Olimpíadas de 1968 se
enfrentó como favorito al keniano Kip Keino. Ryun sufría de un stress
horrible antes de las carreras, la presión para ganar era demasiado fuerte y
en la última vuelta, faltaban como 200 metros para llegar a la meta, se
desmoronó. Keino, sonriente, se volteó y le preguntó qué le pasaba; sigue,
le dijo con las manos, antes de acelerar para quedarse con la medalla de
oro. Dos maneras de correr y practicar el deporte. El neurótico y el
hedonista.

Hoy se corren en Venezuela carreras importantes casi todos los
meses. Todas las ciudades importantes del país se paralizan uno que otro
domingo mientras miles de atletas de todas condiciones compiten contra sí
mismos para ver quien se cansa más rápido. Tenemos jóvenes que corren los
10K en menos de 30´, con un estilo inigualable, casi animal, de gran
belleza. Se pueden ver en el Parque del Este desde las cinco de la mañana,
entrenando en grupo o en solitario, esforzándose por alcanzar esa condición
perfecta que les permita bajar su tiempo. Pero hace dos semanas todos los
neuróticos y afanosos deportistas se toparon con una sorpresa. Habían
colocado una cerca de alfajol en pleno circuito, con la excusa de que será
construida una biblioteca. No se sabe bien qué piensan hacer las
autoridades, pero lo cierto es que interrumpieron, cercenaron el circuito
habitual de estos ejemplares animales con cédula que ejercitan de madrugada
en el Parque. Pero no se les ocurra ir a los baños, saldrían contaminados; y
de hecho ya existe una sala de lectura que nadie visita.

Pocas zonas mentales están tan desvinculadas de la política como la soledad
del corredor de fondo. Todos somos iguales en el asfalto, no hay manera de
violentar esa extrema democracia del atletismo, argumentando mayor riqueza o
autoridad. Será por eso que no soportan ver a la gente entrenando Quizás el
alfajol tenga otra explicación, a lo mejor el IND quiere introducir una
nueva disciplina deportiva en los próximos Juegos del ALBA: carreras de
largo aliento con obstáculos. Los tradicionalistas preferimos tumbar cercas.

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