Opinión Nacional

Mario Silva listo para un Oscar

La Academia se prepara. Conmoción en Hollywood. No hay quién le discuta el galardón.

Escuchar  a Mario Silva, una madrugada cualquiera, en el flamante canal del estado, requiere de una dosis particular de paciencia, una bolsa grande de cotufas y una gaseosa de dos litros. Escuchar sus argumentos, sus no sustentadas acusaciones y sus explicaciones intrascendentales, acerca de eventos sin ninguna trascendencia, no tiene precio alguno. En su cerebro y lengua, el imperialismo y la CIA, trabajan para derrocar al presidente, pagan dinero a diestra y siniestra, venden droga y caminan por nuestro continente americano haciendo arreglos con cuanto ser esté dispuesto a enfrentarse a la revolución. El programa La Hojilla y su conductor, están listos para un Oscar.

En su particular forma de pensar, y de la mano de su energía creativa, El hoy presidente de Owens Illinois –la fábrica de envases de vidrio recién nacionalizada- conspira contra el gobierno, pues en el año de 1975, su presidente William Niehous, había estado en Chile unos años después de la caída de Allende, hecho que lo enreda en aquellos suceso chilenos. En su versión él era un enviado de la CIA. Aún si eso fue cierto, no puede ser un motivo para que se use como argumento para justificar una nacionalización casi cuarenta años después.

Mago de la trastocación del tiempo, juega a la perfección con esa herramienta que muy pocos cineastas dominan como él lo hace. En su verbo, las relaciones de un capo de la droga de esta década, se pueden desconocer, pero se puede asumir que fue un protegido de gobernantes anteriores. En su mente, el cerrado Stanford Bank, se convierte en lugar de ahorro de cuanto ser a él se le ocurre. Así, sin más, Marta Colomina pasa a ser propietaria de un millón de dólares, según informaciones de inteligencia que el maneja.

Steven Spielberg, Alfred Hitchcock, Clint Eastwood, James Cameron y Oliver Stone son unos niños de pecho de la dirección cinematográfica, cuando los comparamos con las capacidades  fílmicas e histriónicas de Mario Silva, que en adición, trabaja de primer actor, con un manejo casi perfecto del llamado “plano medio largo”, que nos muestra al personaje, de la cintura para arriba en un desprendido y casual uso de la escena, en la que se proyectan en el background personajes de la historia revolucionaria, en cambiantes escenarios. El manejo de su mirada, gran parte del tiempo dirigida en off, fuera de la cámara, como hablándole a un público inexistente, es sencillamente fuera de parámetros, y marca una patente de estilo jamás antes intentado por alguno de los famosos antecesores del talkshow.

Este personaje y el programa de “La Hojilla” están haciendo historia. Será un hito de la pantalla chica, tal como lo representaron para la pantalla grande; Lo que el viento se llevó, La Guerra de las Galaxias, Titanic o Avatar. Su sobredosis  de inventiva lo seguirá transportando al reconocimiento que merecen los grandes hombres. Parafraseando a Pedro Lastra, a este también lo enterrarán en 2012 en el  ataúd de sus palabras, baba incluida.

                                                                                    

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