Opinión Nacional

Más allá de la punta de la nariz

Suficientemente conocido, parece inútil reseñar y reflexionar todas las posturas, gestos e ideas que lanza el Presidente Chávez a través de sus afanosas incursiones mediáticas. Empero, por conocidas que sean, luce importante subrayar una de las últimas consignas ventiladas en su más reciente audición dominical.

En efecto, entró a la escena vespertina el candidato del PSUV a la gobernación del estado Carabobo e hizo inmediata alusión a su principal contendor electoral, prometiendo – palabras más, palabras menos – llevarle “pollo-frito” al comandante-presidente. Sin embargo, éste, después de agravar el chiste pidiendo “pollo-pulverizado”, apuntó hacia Acosta Carles.

Involuntariamente, Silva punzó el malestar presidencial y, en lugar de reir la gracia acostumbrada, propia de un libreto que hizo candidato regional al “moderador” de “La Hojilla”, no hubo calificativo que diera la justa medida (y satisfacción) para el traidor. De modo que el interés de aprovechar adicionalmente unos minutos para denostar de Salas Feo, quedó en el mero interés y dato de pulverizarlo, aunque siempre cabe el perdón para el miembro de la familia que puede volver como hijo pródigo a casa (el regreso arrepentido de Arias Cárdenas es el precedente por excelencia, así dudemos que se fuera alguna vez).

El asunto viene a colación porque algo está quedando de toda esta experiencia autoritaria, en los sótanos anegados de una realidad que no ha podido socavar adecuadamente el oficialismo ni la oposición. Que haya una descalificación permanente, grosera y personal del disidente (propio y ajeno), o posturas indeciblemente utilitarias en uno y en otro extremo de la polarización de estos años, no impide que en el ciudadano común emerjan ciertas convicciones, ideas o predisposiciones – digamos – defensivas. Vale decir, por instinto de supervivencia, que se orienten al convencimiento de que no será posible un país que se debata entre dos modalidades del hacer, pensar y motivar la política cotidiana tan nefastas.

Hay un rechazo a la pulverización del otro y de los otros, así como del oportunismo cobarde y rampante de quienes ejercen o dicen ejercer el gobierno y la oposición. Probablemente, tenga razón el Padre Jansen cuando advirtió el surgimiento, entre los pliegues de esa realidad confidencial o de ese tejido cultural “defensivo”, de un ciudadano liberal (por aquello del imperio de la Constitución y de las leyes, la división de poderes, las limitaciones a los abusos estatistas, etc.), tal como lo expresara en la presentación de un libro en la sede de El Nacional de Caracas, en fecha reciente; o el Padre Trigo, quien en la última o penúltima edición de la revista SIC del Centro Gumilla, versa sobre el sujeto político alternativo.

Lo cierto es que la Venezuela que se aproxima puede sorprender a unos y a otros, con una ciudadanía que responderá a determinadas perspectivas, visiones u orientaciones de la vida pública que todos los partidos, indistintamente de la circunstancia del gobierno o de la oposición, no logran atisbar. Es cuestión de penetrar en la intimidad cultural de un país sofocado y para ello, irremediablemente, es necesario ver más allá de la punta de la nariz.

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