Opinión Nacional

Más allá de opinar

Entre nosotros, solo un tercio de los hombres y mujeres que se supone hacen ciencia terminan llevando los resultados de su quehacer investigativo a publicaciones calificadas; es decir, uno de cada tres investigadores informa adecuadamente sus logros. La labor de llevar ese conocimiento al público lego o divulgar la ciencia, ha recaído tradicionalmente sobre los hombros de los periodistas. Opinar y criticar son los otros dos elementos del proceso que comienza con informar y divulgar para conformar así el virtuoso circuito comunicacional.

Opinar sobre hechos de ciencia conlleva su análisis y ubicación dentro de un cuerpo doctrinal de conocimiento, mientras que aquellos hechos que muestran un quehacer intelectual trascendental en atención a su universalidad e intemporalidad son el sujeto de la crítica y juzgados a la luz de los valores innatos del ser humano como su bondad o belleza. Contrariamente a la especialización profesional que se requiere para informar o divulgar verazmente, todos nos sentimos libres de opinar o criticar sobre cualquier asunto.

Traemos a colación estas consideraciones después de meditar las reacciones que ha causado en Venezuela un artículo de opinión del físico y matemático Claudio Mendoza, publicado por un diario de circulación nacional y en el cual crítica a la política sobre energía nuclear que adelanta el gobierno de Venezuela (www.asovac.org.ve/bitacora/?p.34). Hubo quienes vieron en ese texto una excelente explicación de las complejidades y contradicciones que conlleva el desarrollo de la energía nuclear y la cuasi-inevitable tentación de emplearlo como una herramienta del máximo poder. Para muchos lo escrito fue la oportuna llamada de atención de un pacifsta, preocupado por la ligereza con que le pareciera que se está manejando un delicadísimo asunto en el que el país no tiene mayor experticia. Asunto preocupante ya que el menor desliz del más insignificante poseedor de algún artefacto nuclear bastaría para borrar de la faz de la tierra a la humanidad entera.

Otros interpretaron el mismo texto como una manipulación de la información motivada por una desquiciada oposición al gobierno. Cuestionan la irresponsabilidad de que se diga que Venezuela pudiera estar contemplando membresía en el club nuclear, ya que ese hecho no se ha comprobado pero que como información nos podría ganar la ira del gigante del norte; un poder que cuando se siente amenazado por armas de destrucción masiva, no se detiene en honrar tecnicismos tales como asegurarse de la veracidad de la inteligencia que maneja.

Las consecuencias del artículo de opinión de Claudio Mendoza fueron que la institución académica para la que trabaja, un ente gubernamental, lo sometió al escarnio público al descalifcarlo profesionalmente y más recientemente retirarle la jefatura del laboratorio donde se ha desempeñado con gran lustre durante las últimas décadas. Para rematar la faena, voceros políticos han pedido juicios por traición a la patria para él, así como para todos quienes han manifestado apoyo a su cruzada o rechazado la criminalización de su escrito.

Interciencia, como tantas otras veces, se hace eco de la defensa de la libertad de expresión y aboga por el respeto a las opiniones y creencias de todos. No basta con que un poder sostenga que la mejor prueba de la libertad de expresión en sus dominios la representa la publicación de escritos como el de Claudio Mendoza. Ello simplemente podría sugerir que no se practica la censura previa pero, tomando en cuenta las consecuencias que le acarreó lo escrito, es muy difícil no concluir que la libertad de expresión en Venezuela está coaccionada.

En ese orden de ideas, sea buena la oportunidad para hacer un llamado de alerta ante la muy entendible reacción de optar por el silencio y, así, evitar ser sancionado por opinar o criticar. En la medida en que un gobierno fuerce a sus ciudadanos a mantenerse al margen de materias controversiales, ellos terminarán por aislarse y retirarse de la vida en sociedad. Las consecuencias de esta actitud están más que recogidas en la historia donde sobran los ejemplos de las tragedias que conlleva atropellar la libertad de expresión.

Opinar sobre la libertad de cátedra, paradigmas, éxitos, fracasos, desilusiones y esperanzas, en otras palabras, de lo humano y lo divino en ciencia, es la mejor garantía de que nuestras sociedades comprendan lo que hacemos mientras que, para los investigadores, es el medio más idóneo para conocer lo que esas sociedades quieren, necesitan y esperan de nosotros. El reto está en el respeto mutuo que nos debemos y que pasa por no abusar del poder temporal para avasallar o callar conciencias que reclaman el bien común, aunque no nos parezca así.

Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales Caracas, Venezuela

BEYOND OPINION

Among us, only one third of the men and women who are supposed to do science end up taking the results of their research to qualifed journals; that is, one out of three researchers adequately informs of his or her achievements. The task of transmitting that knowledge to the general public or disseminating science has fallen traditionally upon the shoulders of journalists. To express opinions and to criticize are the two other elements of the process that begins by informing and disseminating, thus closing the virtuous communicational circle.

To render an opinion about facts of science implies their analysis and placement within a doctrinal body of knowledge, while those facts that result from a transcendental intellectual endeavor due to their universality and lack of temporal framework are the subject of criticism and judged in the light of values innate to humans, such as goodness and beauty. Contrary to the professional specialization required to inform or divulge veraciously, all of us feel free to give an opinion or critic on any subject.

We bring up these considerations after taking into account the reactions that have been produced, in Venezuela, by an article of opinion written by the physicist and mathematician Claudio Mendoza and published in a newspaper distributed nationwide. Therein he criticizes the nuclear energy policy of the government of Venezuela (www.asovac.org. ve/bitacora/?p.34). Some saw in it an excellent explanation of the complexities and contradictions inherent to the development of nuclear energy and the almost unavoidable temptation to use it as a tool of the maximal power. To many it was an opportune call of alert by a pacifst, worried by the lightness with which a most delicate matter in which the country has very limited expertise is being handled. A worrisome matter in view of the fact that the lightest slip of the most insignifcant possessor of some nuclear artifact would suffce to erase the whole mankind from the face of the planet.

Others interpreted the same text as a manipulation of information moved by an unreasonable opposition to the government. They question the irresponsibility implied in stating that Venezuela could be considering membership in the nuclear club, even though this has not been proven, but as information could gain for us the wrath of the giant of the north; a power that does not stop to honor technicalities such as to ascertain the veracity of the intelligence being handled when it feels threatened by weapons of massive destruction.

The consequences of the article by Claudio Mendoza were that the academic institution where he works, a governmental entity, subjected him to public scorn by disqualifying him professionally and, more recently, by dismissing him as head of the laboratory where he performed with brilliance during the last decades. To windup the task, political spokesmen have requested trials for treason to the fatherland, for him as well as for all those who have manifested support for his crusade or refused to turn his writing into a crime.

Interciencia, as many times before, makes itself echo of the defense of liberty of speech and pleads for respect to the opinions and beliefs of everyone. It does not suffice that a power maintains that the best proof of liberty of speech in its domains is represented by the publication of texts such as that of Claudio Mendoza. This could simply suggest that there is no previous censure but, considering the consequences that his writing has had, it is very diffcult not to conclude that freedom of speech is under coercion in Venezuela.

In this order of ideas, the opportunity ought to be good to alert those facing the very understandable reaction of choosing silence and, in that way, avoid sanctions for expressing opinions or criticisms. In the measure that a government forces its citizens to keep outside controversial matters, they will in turn end up by isolating themselves and by retiring from life in society. The consequences of such an attitude are well gathered in history, where examples abound of the tragedies borne by the violation of freedom of speech.

To give opinions about freedom of teaching, paradigms, successes, failures, disappointments and hope, in other words, about the human and the divine in science, is the best warranty that our societies understand what we do, while for researchers it is the best way to know what societies want, need and expect from us. The challenge lies within the mutual respect that is due amongst us and which implies not abusing of temporal power to overpower or silence the awareness that claims for the common good, even though it may not seem to be so.

Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales Caracas, Venezuela
ALÉM DO OPINAR

Entre nós, somente um terço dos homens e mulheres que se supõe fazem ciência terminam colocando os resultados de seus afazeres investigativos em publicações qualifcadas; quer dizer, um de cada três investigadores informa adequadamente suas conquistas. O labor de levar esse conhecimento ao público leigo ou divulgar a ciência, tem recaído tradicionalmente sobre os ombros dos jornalistas. Opinar e criticar são outros dois elementos do processo que começa com informar e divulgar para conformar assim o virtuoso circuito comunicacional.

Opinar sobre fatos da ciência conduz à sua análise e localização dentro de um corpo doutrinal de conhecimento, enquanto que aqueles fatos que mostram um afazer intelectual transcendental em atenção a sua universalidade e intemporalidade são o sujeito da crítica e julgados à luz dos valores inatos do ser humano como sua bondade ou beleza. Contrariamente à especialização profssional que se requer para informar ou divulgar verazmente, todos sentimos liberdade para criticar ou opinar sobre qualquer assunto.

Trazemos a colação estas considerações depois de meditar as reações que tem causado na Venezuela um artigo de opinião do físico e matemático Claudio Mendoza, publicado por um diário de circulação nacional e no qual crítica a política sobre energia nuclear que leva adiante o governo da Venezuela (www.asovac.org.ve/bitacora/?p.34). Houve quem viu nesse texto uma excelente explicação das complexidades e contradições que conduz ao desenvolvimento da energia nuclear e a quase-inevitável tentação de empregá-la como uma ferramenta de máximo poder. Para muitos, o escrito foi uma oportuna chamada de atenção de um pacifsta preocupado pela leveza com que parece estar se manejando um delicadíssimo assunto em que o país não tem maior experiência. Assunto preocupante já que o menor deslize do mais insignifcante possuidor de algum artefato nuclear bastaria para apagar da face da terra à humanidade inteira.

Outros interpretaram o mesmo texto como uma manipulação da informação motivada por uma desajuizada oposição ao governo. Questionam a irresponsabilidade de que se diga que Venezuela poderia estar considerando ingresso ao clube nuclear, já que esse fato não tem se comprovado, mas que como informação, poder-mos-ia ganhar a ira do gigante do norte; um poder que quando se sente ameaçado por armas de destruição massiva, não se detêm honrandotecnicismos tais como assegurar-se da veracidade da inteligência que maneja.

A conseqüência, do artigo de opinião de Claudio Mendoza, foi a de ser submetido ao escárnio público pela instituição acadêmica para a qual trabalha, um organismo público, que o desqualifcou profssionalmente e mais recentemente lhe retirou a chefa do laboratório aonde vinha se desempenhando brilhantemente durante as últimas décadas. Para colmo, porta-vozes políticos têm iniciado processos por traição à pátria contra ele assim como contra todos aqueles quem manifestaram apoio à sua cruzada ou rejeitado a criminalização de seu escrito.

Interciência, como tantas outras vezes, se faz eco da defesa da liberdade de expressão e intercede pelo respeito às opiniões e crenças de todos. Não basta com que um poder sustenha que a melhor prova da liberdade de expressão em seus domínios a re presenta a publicação de escritos como o de Claudio Mendoza. Ele simplesmente poderia sugerir que não se pratica a censura previa, mas levando em consideração as conseqüências que lhe acarretaram o escrito, é muito difícil não concluir que a liberdade de expressão na Venezuela está coagida.

Nessa ordem de idéias, é boa a oportunidade para fazer um chamado de alerta ante a muito entendível reação de optar pelo silêncio e assim, evitar ser sancionado por opinar ou criticar. Na medida em que um governo force a seus cidadãos a manter-se à margem de assuntos controversos, eles acabarão por isolar-se e retirar-se da vida em sociedade. As conseqüências desta atitude estão mais do que colhidas na historia onde sobram os exemplos das tragédias que levam a atropelar a liberdade de expressão.

Opinar sobre a liberdade de cátedra, paradigmas, êxitos, fracassos, desilusões e esperanças, em outras palavras, do humano e o divino em ciência, é a melhor garantia de que nossas sociedades compreendam o que fazemos enquanto que, para os investigadores, é o meio mais idôneo para conhecer o que essas sociedades querem, necessitam e esperam de nós. O desafo está no respeito mutuo que devemos uns aos outros e que passa por não abusar do poder temporal para submeter ou calar consciências que reclamam o bem comum ainda que, não pareça assim.

Academia de Ciências Físicas, Matemáticas e Naturais. Caracas, Venezuela

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