Opinión Nacional

Mensaje a la Coordinadora

Al hablar de la Coordinadora Democrática me refiero exclusivamente a los partidos y a las ONG´S que la integran. Lo hago con reconocimiento y preocupación. Lo primero porque ha jugado un rol fundamental en la búsqueda de alternativas pacíficas para salir de Chávez. El trabajo ha sido intenso y peligroso. El pueblo respondió a sus llamados unitarios, desde una perspectiva plural y hasta contradictoria, esencia misma de cualquier estructura verdaderamente democrática. Lo segundo, la preocupación, porque lo hecho no ha sido suficiente para triunfar. Gracias a la habilidad comunicacional del gobierno, al desconcierto en las áreas políticas opositoras y al juego oportunista de quienes se prestan al juego divisionista del oficialismo, se abre paso la incertidumbre sobre la utilidad de lo hecho y sobre la capacidad del liderazgo partidista para dirigir la lucha por cualquier vía legítima. Para vencer el desconcierto, los voceros de la CD, especialmente los partidos tradicionales, se aferran a la posibilidad de negociar una salida electoral que, al menos en lo inmediato, no se ve por ninguna parte. No existe. Este gobierno no es negociador sino confrontador. No quiere ganar elecciones ni relegitimarse por esa vía. Lucha para concertar el poder, retener el gobierno aún al costo de asumir la dictadura abiertamente. Para lograrlo sabe que tiene que demoler las estructuras de poder, privadas y públicas, opositoras. Con liderazgo fuerte y objetivo bien definido, aún en medio de graves errores y torpezas, avanza hacia su objetivo.

Mientras tanto, la CD cae en todas las trampas. El electoralismo infantil que demuestra cuando la verdadera naturaleza del problema es de todo menos electoral, aunque este sea un instrumento para canalizar la voluntad popular en su momento, refleja la enorme miseria de un liderazgo calculador, cerrado sobre sí mismo y alejado dramáticamente del sentimiento de la calle. Cálculos sobre las posibilidades individuales o de grupo, del tiempo que se necesita para colocarse en posición de ventaja y conseguir financiamiento y cuotas de poder para tal fin, sustituyen el objetivo supremo de concentrar todos los esfuerzos, recursos, músculo y cerebro, en la única posibilidad de construir un mejor futuro: el derrocamiento de Chávez, la liquidación del régimen y la constitución de un gobierno de unidad nacional para una transición reinstitucionalizadora que conduzca a unas elecciones generales en condiciones radicalmente diferentes. Si los partidos no lo ven quedarán al margen. La lucha será encabezada por la CTV y Fedecámaras por un lado, el mundo de los trabajadores del petróleo en sus varias instancias, la Marina Mercante, los militares de Altamira y el pueblo de a pie. En ellos encontrarán tanto los medios de comunicación como los militares no comprometidos con el régimen, razones de fondo para radicalizar la lucha. Nunca para negociarla.

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