Opinión Nacional

Mensaje a Oswaldo Álvarez Paz

La disyuntiva no es novedosa ni reciente: la oposición, esa marea a veces informe, a veces contundente, pero siempre viva y en permanente estado de expansión, suele mirar hacia dos salidas. La voluntarista, espontánea y de aparente fácil alcance, por lo tanto la más seductora por inmediatista, apunta a liquidar al responsable de nuestra pesadilla “de un solo guamazo”, para usar la jerga que en rigor le corresponde. ¿Cómo se liquida de raíz un tumor con visos de gangrena? Amputando. Es lo que Oswaldo Álvarez Paz llama (%=Link(2000272,»el derrocamiento de Chávez»)%). Y a él se apunta. Si bien no nos explica cómo, cuándo, ni con quién.

La otra no cuenta aparentemente con tantas simpatías, pero termina imponiéndose por las mismas sencillas razones por las que el propietario del brazo candidato a la amputación decide lo que en jerga medicinal suele llamarse “el diagnóstico alternativo”. Es la salida que comienza a ganar adeptos, porque en rigor jamás dejó de ser la única fórmula que un país ya acostumbrado a los rigores democráticos creyó el camino más evidente: ceñirse al dictado de la constitución, agotar sus vías, imponer un proceso electoral. En suma: contarnos. Como bien dijo una de nuestras primeras consignas, recién al comienzo de lo que llegaría a ser esta gigantesca marea democrática: contarnos es la salida.

Como la historia no es el desarrollo de un proceso algorítmico que tiene lugar en un laboratorio, sino el avance de fuerzas vivas que, como bien cantaba el poeta Antonio Machado, hace camino al andar, así hemos procedido en este último año y medio, que es el tiempo que en rigor tiene nuestro proceso opositor: por medio del ensayo y el error, tratando un día un camino y al siguiente el otro. Combinando esfuerzos, depurando fórmulas, intentando diversas vías. Pero por sobre todo: uniendo factores. Ello ha incluido las marchas cívicas y pacíficas, la Plaza Altamira, el paro y, más recientemente, el firmazo. Pero también ha permitido la emergencia de la Coordinadora Democrática, su reconocimiento internacional, la decisión 833, la conformación de la Mesa de Negociación y Acuerdos y, last but not least, el Grupo de Amigos.

Yo creo que el resultado, a estas alturas del partido, es francamente espléndido: de la nada ha surgido un movimiento de masas sencillamente descomunal, que ha asombrado al mundo y ha terminado asombrándonos a nosotros mismos. Y hemos creado, de entre las ruinas en que el chavismo y la peste de idiotía nacional que sufriéramos desde hace ya varios años nos dejara, nuevos y pujantes movimientos políticos, organizaciones vecinales de diversa índole llenas de vitalidad y entusiasmo -como las Asambleas de Ciudadanos, que debiéramos multiplicar por miles en todos los pueblos y ciudades del país – y, lo que es muchísimo más importante que todo eso: la colectiva decisión de asumir nuestros propios destinos e impedir, así sea con el sacrificio de nuestras propias vidas, la implantación de una tiranía en nuestra patria.

No está demás en este balance realizado sine ira et studio, recordar la cuesta arriba de la opinión pública internacional, especialmente luego del monstruoso error del Carmonazo, que amén de no dejarle absolutamente nada a la oposición, la desacreditó injustamente a los ojos del mundo. Hoy, gracias a nuestra más que evidente decisión de proceder agotando todas las vías democráticas, es más: radicalizando nuestro democratismo hasta sus últimas consecuencias, volvemos a contar con la simpatía del mundo entero.

El gobierno, entre tanto, se ha ido encapsulando en el radicalismo más extremo y ya parece haber entrado a una fase tal de radicalización, que no tiene otras salidas que el terrorismo de Estado, la liquidación de toda institucionalidad, el desprecio por cualquier fórmula de entendimiento y la soberbia más odiosa y criminal. Lo peor para él es que el mundo entero lo sabe: desde Kofi Anan hasta los presidentes de las naciones democráticas del mundo entero -para qué mencionar al Departamento de Estado – se ha hecho absolutamente evidente que Chávez desprecia la institucionalidad democrática y no quiere contarse. Sin que, para su desgracia, tenga otra salida que verse obligado a contarse.

No entiendo cómo, habiendo logrado tales y tan significativos avances, ahora debiéramos lanzar todo por la borda y, pisando la trampa que nos tiende el gobierno, echarnos a los brazos de aventuras sin destino. Me parece insólito que luego de haber constatado hasta el fastidio que no podemos contar con el factor militar, que todos los analistas y estrategas reducen prácticamente a un “casi cero”, un hombre de la experiencia y la sabiduría política de Oswaldo Álvarez Paz pretenda acogerse a la fórmula del todo o nada uniformado.

Pienso, por el contrario, que la única vía que tenemos por delante es la de profundizar nuestras luchas democráticas. Para eso es esencial unirnos, fortalecer nuestras frágiles y recién bautizadas instituciones políticas y sociales – en primerísimo lugar la Coordinadora Democrática -, reincorporar a la lucha a quienes se han sentido o se han mantenido marginados de ellas, trabajar en el seno de los sectores más desposeídos que aún yacen encantados por el canto de sirena del desastre, y crear una institucionalidad opositora tan fuerte y tan invencible, que le de confianza y garantías a nuestros compatriotas, para encontrar finalmente la admiración y el reconocimiento internacional, como para que las naciones e instituciones puedan decir: Venezuela cuenta con una sólida oposición, cuenta con una vocería profesional y ya anuncia un futuro auténticamente democrático. Lo demás, para decirlo en cristiano, vendrá por añadidura.

¿Cómo lograrlo? Obligando a Enrique Mendoza, a Henrique Salas Römer y a Julio Borges a unirse en un Pacto de Entendimiento al más corto plazo. Ampliando esa unidad a un Gran Pacto De Concertación Nacional, que reúna a todos los partidos y ONG‚s. Diseñando una sola estrategia y llevándola a su cumplimiento contra viento y marea. Esa estrategia tendrá su propia agenda y sus propios plazos. Dejemos a Chávez hablando solo como el peligroso delirante que es en su programa dominical. Nosotros, a lo nuestro: un referéndum revocatorio, una fecha claramente determinada y a construir el futuro luego de salir de una vez y ojalá para siempre de Hugo Chávez.

No veo otra salida que el radicalismo democrático. Unidos, no nos detendrá nadie. Los invito a sumarse. Manos a la obra.

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