Opinión Nacional

Metástasis Constitucional

Por otra parte, la izquierda siempre ha tendido a subestimar la importancia de ser propietario, y lo difícil que le resulta a una democracia sin propiedad de activos ampliamente difundida, ser cabalmente democrática. Pero hacerse cargo de las cualidades dinámicas de la propiedad, puede abrir un frente enteramente nuevo en el debate entre izquierda y derecha. Y es a ese debate al que no hay que temerle en Venezuela.

Sin duda alguna, es quizás esta combinación de pensamientos de David Smith y Mark Leonard, ambos escritores ingleses, el detalle que aquí no ha sido tomado en consideración para plantear una discusión verdadera sobre la base de razonamientos ideológicos a nivel nacional. Ya no para confrontar solamente lo que ha estado sucediendo en el país durante los últimos quince años, sino para entrarle de lleno a una realidad congénita en el alma de la política criolla y que, por lo visto, nunca dejará de estar presente mientras se parta de la convicción de que aquí es el Estado el llamado a pensar, construir pensamientos colectivos, diseñar estrategias sociales y económicas por igual, hacerse dueño de lo que es, quiere ser y será cada venezolano.

A propósito de la rimbombante Conferencia Nacional por la Paz que se celebró recientemente en el Palacio de Miraflores, y de la que surgió una acertada y oportuna propuesta empresarial de constituir la Comisión por la Verdad Económica, con miras a solventar los graves problemas que estaba provocando el deficiente funcionamiento de Cadivi en materia cambiaria, amén de las restricciones en materia de precios y los desequilibrios macroeconómicos, se dio un hecho adicional positivo. Y es que de las reuniones bautizadas, una vez más, con la denominación de Mesas Técnicas, al mejor estilo o plagio de lo que sucedió en mayo del 2013, se ha estado planteando que también hay que destrabar la madeja de leyes, resoluciones, providencias, decretos que están imposibilitando mínimos pasos a la economía venezolana. Es decir, de toda esa infraestructura jurídica concebida al margen de lo que reza e impone el espíritu normativo de la Constitución, hoy afectada por una metástasis que destruye, por igual, lo que resta de la institucionalidad de los Poderes Públicos, como el propio desempeño gubernamental en general.

En todo caso, otras luces emergerían ante los ojos de quienes insisten en invertir en el territorio nacional, bien con capital nacional o internacional, si más allá de estas ya numerosas reuniones surgiera el germen de ese debate sobre el ejercicio del derecho de propiedad en Venezuela, y del cual nadie se atreve a hacer referencia en presencia de quienes insisten en posicionar su planteamiento sobre el obligatorio sometimiento a lo que determina una propuesta electoral convertida en Ley Orgánica, como es el Plan de la Patria, mientras, hábil y osadamente, ignoran lo que incluye el Contrato Social por excelencia en el orden económico en el país: la Constitución Nacional.

Ciertamente, el debate sobre izquierda y derecha es el componente rector de lo que se tendría que discutir, ya que en un país en el que el pensamiento nacional se exhibe como el recurso referencial de un denominado progresismo que, por igual, se comparte entre promotores populares, académicos, profesionales de cualquier rama y hasta emprendedores, se hace fundamental sincerar la ubicación de quienes estarían llamados a propiciar cambios de rumbos, más allá de la interesada confrontación o jugosa polarización entre los venezolanos. No obstante, el ejercicio del derecho de propiedad, objetivo político de la acción dominante del Gobierno a partir del 2001, tiene que pasar a ser un componente prioritario de los encuentros que están sosteniendo actualmente dirigentes gremiales, líderes empresariales y promotores de negocios con las autoridades.

Y hay que hacerlo con decisión, determinación y coraje. Porque si hoy existe un factor que distorsiona toda posibilidad de entendimiento entre el Gobierno y la empresa privada para que el promovido diálogo supere su rostro y figura de un hecho de utilidad estrictamente coyuntural, es, sin duda alguna, que el caprichoso, abusivo e inconstitucional irrespeto al derecho de propiedad se convirtió en la causa destructiva de gran parte de la estructura productiva nacional, como de la confianza en las ofertas, compromisos, garantías y “palabra” de enmienda y rectificación de las autoridades.

¿Que esa convicción y verdad comprobada y demostrable, además de desatendida, tiene que ser el punto inflexible de referencia para no asistir a reuniones con los representantes del Gobierno?. No. Hay que asistir.

Pero también hay que participar. Y hacerlo, obviamente, si cada encuentro permite la construcción de un ambiente de reconciliación, como de reconstrucción del tejido productivo nacional, a partir del establecimiento de bases para que prevalezca la justicia, además del reconocimiento y resarcimiento de los daños que se les infringió, en el caso del sector primario, a los miles de productores a los que les fue arrebatado su patrimonio, sus fincas o fundos, después de dedicar años de trabajo e inversión para convertirlos en áreas productoras de alimentos para el país y los mercados internacionales.

Tampoco se trata de convertir cada reunión, encuentro o evaluación de potenciales soluciones en una confrontación estéril. Pero sí de mantener vivo y activo el recuerdo y reclamo por el rescate de aquello que representaba fuente de ingreso o sustento familiar para miles de venezolanos, a los que, arbitrariamente, se les desconoció su derecho de propiedad, en muchos casos sin una compensación justa, hasta transformarlos a ellos, a los dueños de ayer, en indigentes de hoy. Por otra parte, ¿cómo abordar los sensibles casos de la escasez, del abastecimiento, de la seguridad alimentaria si, por timidez, recato o miedo no se puntualiza que la agricultura y la agroindustria de puertos que este año se mantendrá con una inversión superior a los 3.500 millones de dólares, equivale a darle la espalda a la producción nacional y extenderle las manos a los productores de otros países?.

Tan grave, dañino y pernicioso fue lo que se hizo con la industria, la construcción, la actividad inmobiliaria, el comercio y la producción. Y convertir los encuentros que proponen las propias autoridades en una reunión para tratar estricta y exclusivamente lo que está sucediendo en la actualidad, sin duda alguna, equivale a silenciar lo otro: que producir en el país, se debe hacer entre el pago de “vacunas”, secuestros y asesinatos personales o familiares, cuando hay resistencia a esa otra forma de práctica delictiva.

Pero, además, que si hoy se pretende revertir el proceso de importar y de fortalecer el de producir, con la misma dedicación y devoción que se pretende flexibilizar la consecución de divisas, también se tiene que hacer otro tanto en materia de incentivos, como de la superación del ya disfuncional y desgastado régimen de control de precios. Y, desde luego, establecer un transparente y estricto control a la importación de productos agropecuarios o agroalimentarios en coordinación con los gremios productores, para atender eficientemente la satisfacción de las verdaderas necesidades de los consumidores venezolanos, e impedir que se sigan estimulando multimillonarios negocios fraudulentos, el negociado con divisas subsidiadas, y el abultamiento de los bolsillos de individuos inescrupulosos.

Bien vale por su importancia, la propuesta de que debería existir una Agenda Única que sirva de punto de trabajo para todas las reuniones entre empresarios y gobernantes. Pero, definitivamente, también tendría que ser bienvenida aquella que tiene que ver con ese debate que emerge de las reflexiones de Leonard y Smith, en la seguridad de que de una conclusión de avanzada, pudiera emerger la respuesta que reemplace la adoración del Estado y la eterna invocación a caudillos y caudillajes, que en no pocas ocasiones terminan siendo montoneras al mejor estilo del Siglo XIX . Y conduzca a los venezolanos y a Venezuela a depender de una visión vanguardista, afianzada en la capacidad de riesgo, creatividad y esfuerzo de cada ciudadano, sin miedo a la libertad de crear, promover, emprender, como al de superar el comportamiento sumiso ante el rentismo petrolero, padre y madre de los populismos venezolanos de siempre.

 

 

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