Opinión Nacional

Microsociología del béisbol (II): The Rule of Law

¿Por qué los venezolanos nos comportamos en el béisbol como una sociedad eficiente, triunfadora, divertida y modélica para muchas otras?.

Nuestros ídolos vienen mayoritariamente de los barrios populares, se hacen ricos mediante su espíritu competitivo –sin necesidad de la corrupción política- no pierden el contacto con el barrio, lideran obras de solidaridad social y son verdaderos caballeros que van al stadium con sus hijos para compartir con ellos sus penas y glorias.

El público es bullicioso, festivo y tolerante como no lo suele ser en política: las diferencias entre caraquistas y magallaneros se zanjan a punta de talento y bromas que tienen un umbral, pues en el momento en que alguien lo traspasa el oponente pone cara seria y los propios compañeros del grosero suelen frenarlo para mantener una decencia tácita que no está prescrita en ninguna parte pero que todos aprenden a punta de experiencia colectiva.

Suele señalarse con asombro el respeto por las normas que rige al béisbol, the rule of law, algo que ya quisiéramos para el sistema de justicia venezolano. Puede haber dudas sobre si un lanzamiento fue bola o strike, y por ello se puede insultar al árbitro –todo espectador que se precie debe hacerlo- pero nadie duda que si le cantan 3 strikes al bateador está out. A nadie se le ocurriría pedir una constituyente a mitad de partido para que cada out requiriera de 5 strikes. Cuando los fanáticos tienen duda sobre una jugada, suelen consultar a algún ‘experto’ que les traduzca las leyes que todos respetan aunque casi nadie ha leído: el famosos librito de las reglas del béisbol.

Cuando hay dudas sobre una decisión arbitral, el mánager que se siente perjudicado sale de la cueva y va a ‘hablar’ con el umpire. Esto significa que va a gritarle en su cara que está ciego, que no entiende de béisbol, algo impensable entre un entrenador de fútbol y un árbitro. Está prohibido tocarse, por lo que ambos personajes juntan sus manos en la espalda y casi se tocan nariz con nariz, mientras se gritan a todo pulmón, y se chispean de saliva oscura, pues casi todos mascan tabaco. Sólo en el momento en que el mánager lanza algún insulto personal grosero –argumentum ad matrem- se produce su expulsión. Aun así, se puede apelar a una revisión de la jugada y de los resultados del juego por parte de la Liga Profesional –que funciona como un Tribunal Supremo- cuyas decisiones son definitivas, y acatadas por todos.

Como se verá, en el béisbol cumplimos ciertas recetas de la Modernidad, la civilización y el desarrollo descritas por autores como Max Weber, o las exigencias de cualquier programa multilateral para salir de la pobreza.

Con el béisbol mostramos dos cosas: a) que no es necesario ser blanco, protestante o anglosajón para ser exitosos en un juego que ellos mismos inventaron b) que como nación no estamos condenados al fracaso porque tenemos sectores de nuestra vida colectiva que funcionan de maravillas.

¿Por qué somos tan exitosos en el béisbol? El weberiano impenitente puede decir: ¡Ah claro, pero es que los jugadores venezolanos llegan a ese nivel porque son reeducados en USA por los exitosos yankees! Eso es falso, porque para poder entrar a las grandes ligas ya tienes que llegar con ese nivel hecho, y altísimo, que aprendiste en tu país o no. Si no llegaran con ese nivel, los novatos no conseguirían contratos de exclusividad a los 16 años por encima del millón de dólares. Y aun suponiendo que aprendieran todas esas habilidades y valores en USA, quiere decir que su condición católica, latina, racial, no es impedimento para que ‘aprendan’ a ser incluso mejores que sus maestros.

Lo cierto es que los jugadores venezolanos se forman en la calle, en las caimaneras -así como los jugadores brasileños de fútbol lo hacen en las favelas- y una vez que demuestran cierto talento entran a las ligas infantiles –p.e. en Los Criollitos- en las que los diamantes brutos son pulidos hasta alcanzar esa excelsa condición física y técnica que es tan bien pagada en USA –también en Japón- y que le da a nuestros jugadores el estatus de una denominación de origen.

Cómo se logra que los muchachos aprendan tal conducta y valores, tal excelencia, debería ser motivo de estudio por parte de los educadores, sociólogos, gerentes y planificadores, porque es una conducta exitosa, plena de identidad, que emana de ciertos poderes creadores del pueblo que todavía siguen siendo desconocidos o despreciados.

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