Opinión Nacional

Miedo a la derrota

Mientras la Asamblea Nacional va montando sus costosos actos oficialistas con uso descarado de recursos públicos de todo tipo y lamentable acarreo de personas dependientes del presupuesto público y burócratas enriquecidos, los adulantes del presidente Hugo Chávez Frías comienzan a sentir frío por miedo a la derrota.

No hay entusiasmo entre los chavistas para aprobarle el bodrio constitucional a su líder único. Y se están quitando las máscaras diciendo abiertamente que lo importante para salvar la robolución es la reelección presidencial indefinida (“continua”, dicen), que en el fondo es la verdad: la reforma constitucional propuesta persigue la permanencia de Chávez en Miraflores, hasta su muerte física o decrepitud senil, como todo buen autócrata, como lo hizo el dictador Juan Vicente Gómez, torturador, asesino y ladrón.

El cuento de la reforma chavista a la Constitución de 1999, no es otro que el de la concentración unipersonal del poder. Ya se ha dicho: Chávez hasta en la sopa, dueño y señor de Venezuela. ¿Eso es lo que merecemos los venezolanos y venezolanas del siglo XXI? Sabemos que no. El militarismo y el autocratismo han sido los peores males de nuestra vida republicana; de ahí, la importancia histórica de las luchas populares que desembocaron el 23 de Enero de 1958, en la humillante huida del dictador Marcos Pérez Jiménez, torturador, asesino y ladrón. La mayoría del pueblo venezolano no aceptará volver a tiempos de militarismo y autocratismo, por lo que se dispone a propinarle la primera gran derrota política al presidente Hugo Chávez Frías, quien no fue electo en 1998, para que se eternizara en Miraflores.

El ardid del maquiavélico Chávez está al descubierto. Su intención no es otra que concentrar y reconcentra poder, gracias al sisiísmo vergonzante de casi la totalidad de los integrantes de la Asamblea Nacional. Ni uno solo se atreve a rebatir pública y directamente la intención autocrática del proyecto de reforma constitucional, un bodrio en realidad. El actual parlamento nacional es uno de los peores de toda nuestra historia republicana, entregado en cuerpo y alma a las pretensiones y ocurrencias del presidente Chávez, quien tiene a sus diputados y diputadas como oficiantes subalternos. La relación Chávez-AN es de antología, y así quedará inscrita en la historia. La entrega de las y los parlamentarios es total y absoluta. No cuentan para nada ante el país, carecen de liderazgo y dignidad política. La sumisión y la adulancia los caracteriza, por lo que están dispuestos a darle todo lo que Chávez les ordene. Así están actuando, y el país lo percibe.

Sin liderazgo parlamentario

¿Quién cree en el liderazgo de alguno de los tres directivos de la Asamblea Nacional? Fueron puestos allí por Chávez, para que hicieran lo que les ha ordenado, junto a las y los demás integrantes de la AN, hasta despojarse de todas sus facultades legislativas mediante una insólita ley habilitante para que Chávez emita leyes durante dieciocho meses, sobre lo humano y lo divino. Ese día, cuando le cedieron todos sus poderes al presidente de la República, murió la actual Asamblea Nacional. Ellas y ellos no se han dado cuenta, pero andan como “cadáveres insepultos”: ni Chávez los respeta, y así los trata públicamente.

El bodrio constitucional chavista hay que verlo en ese contexto. Es decir, la reforma constitucional va aparejada con la ley habilitante otorgada por un parlamento acrítico, pasmosamente servil. Chávez no cree en el parlamento nacional, y menos en consejos legislativos regionales o concejos municipales, los menosprecia como menosprecia a las organizaciones políticas que ha venido destruyendo paulatinamente, incluidas las que lo han apoyado y apoyan. Él no cree sino en su poder personal, un jefe único rodeado de subalternos. Y esa es la esencia del bodrio constitucional.

Juego descubierto

La mayoría del país le descubrió el juego, incluso muchos simpatizantes de su gobierno. Aquí no hay democracia ni participación política real, ni “socialismo del siglo XXI”, lo que tenemos y él quiere imponer ad infinitud, es “chavismo”, especie de “peronismo” a la venezolana, aderezado con la vocación monopartidista y excluyente de dogmáticos presuntamente “de izquierda” que se mueven entre el comunismo estalinista y el ultra radicalismo tumultuario. Ahí está la principal motivación del rechazo mayoritaria al bodrio constitucional de Chávez.

Los diputados y diputadas a la Asamblea Nacional son parte del bodrio, por lo que están incapacitados para percibir lo que se les viene encima. Están muy atareados cumpliendo las órdenes del “Comandante”, hacen su tarea, la que Chávez les encomendó bajo presión y amenazas públicas. Todas y todos los venezolanos sabemos que la actual Asamblea Nacional carece de legitimidad política de origen, para aprobar esta y cualquier reforma a la Constitución. La hecatombe política de diciembre de 2005, está en la memoria colectiva: 75% de abstención y 7% de votos nulos, lo que suma un estremecedor 82% contra un escuálido 18% de participación electoral efectiva.

Asamblea Nacional inhabilitada

La actual Asamblea Nacional no representa ni a una quinta parte (20%) del electorado venezolano, y eso la inhabilita políticamente para acometer tarea tan trascendente como una reforma a la Constitución. En todo caso, no podría pasar de alguna enmienda para corregir gazapos. Claro, se entiende, esa lógica no está en la mente de las y los asambleístas, seguramente se ofenden con este crudo análisis político de la realidad venezolana. Pero, es bueno reiterarlo y refrescar la memoria de tanto olvidadizo interesado: ningún parlamento en el mundo puede arrogarse la representación nacional con un escuálido 18% de base electoral, ni mucho menos actuar sus integrantes con la arrogancia que distingue a los principales voceros parlamentarios del chavismo.

En diciembre de 2005, crujieron los huesos del sistema político venezolano, diseñado e instaurado democráticamente en 1999, a pesar de los errores de la Asamblea Nacional Constituyente, entre ellos el sesgo presidencialista y el debilitamiento insensato de los poderes reales de la Asamblea Nacional. El camino escogido por Chávez ha sido el autocratismo, lo demás no cuenta, pura formalidad en torno a su poder omnímodo. Por eso trata como trata a la débil Asamblea Nacional, mera oficina parlamentaria del gobierno.

Cenit chavista

El repunte presidencial de 2006, cuando Chávez fue reelecto con casi el 63% de los votos, fue el cenit de su ya largo y fastidioso mandato; y su derrota en el referendo sobre el bodrio constitucional puede ser su primera gran derrota política. Y la teme.

Sus adulantes encumbrados saben que sus vidas penden del hilo presidencial; sin Chávez no tienen vida, carentes de liderazgo y dignidad política. El sistema político-institucional venezolano actual es exactamente “chavista”, gira y se articula en torno a la personalidad del presidente Chávez, y más nada cuenta. Esa es su fortaleza y su debilidad, en el ámbito civil y en el militar, en lo nacional y lo internacional, en lo económico y lo social, una monstruosidad política que durará hasta el último día que Chávez esté en Miraflores. Por eso temen tanto la derrota que les puede sorprender en diciembre próximo, en el referendo sobre el bodrio constitucional.

A votar masivamente “NO”

Poco sentido tiene seguir las maniobras parlamentarias y gubernamentales en torno al bodrio constitucional chavista. Le quitarán y le pondrán maquiavélicamente lo que crean que les conviene para perpetuarse en el poder, mediante la manipulación de incautos. Más nada.

El bodrio constitucional de Chávez no tiene mayoría, y no será votado por la mayoría. Pero, sólo es posible derrotarlo volcándonos masivamente a votar “NO”. Toda persona opuesta al bodrio constitucional chavista que deje de votar “NO”, estará votando “SI”, a favor de las pretensiones continuistas de Chávez y sus adulantes encumbrados.

No es verdad que las máquinas del CNE están trucadas o que el sistema de totalización computarizado sea incontrolable por parte de la pluralidad política nacional y la veeduría internacional. Ni Chávez, ni nadie, soportaría las consecuencias de un fraude masivo en el referendo de diciembre próximo. En esta crítica etapa de la vida venezolana, cada ciudadano tiene el poder del voto en sus manos y en su conciencia, una fuerza demoledora colectivamente articulada, por encima de fronteras partidistas o grupales. Y no es un problema entre “chavistas” y “antichavistas”, es un punto crítico de la vida de todos y cado uno de los ciudadanos y ciudadanas, que mayoritariamente no estamos dispuestos a permitir la instauración de un régimen autocrático y monopartidista caracterizado por su incompetencia, sus arbitrariedades, su autoritarismo militarista, su corrupción y su torpe visión monopartidista. El pueblo democrático y participativo de Venezuela está en movimiento, mayoritariamente opuesto al continuismo de Chávez en el poder. El juego está claro.

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