Opinión Nacional

Miedo a los Medios

La «hegemonía comunicacional» que anunció como objetivo Esteban, como lo llama Laureano, posee dos vertientes. Una, la del desmesurado aparato comunicacional del Estado, o más bien de Chávez, quien lo maneja con una discrecionalidad que ya quisiera un empresario privado sobre su empresa.

La otra vertiente es la de aplastar a los medios
independientes. El gobierno de Esteban ha logrado crear la infraestructura física para el propósito hegemónico. Tiene seis plantas de televisión (Canal 8, Vive TV, la de la Asamblea Nacional, TVES, AvilaTV y Telesur); tres cadenas radiales de cobertura nacional (Radio Nacional, YVKE Mundial y Rumbos), amén de decenas de emisoras
FM y AM en «manos amigas», regadas en todo el país y más de 250 «emisoras comunitarias», la mayoría de las cuales son meras repetidoras de la línea oficialista.

Añádase a esto tres diarios (VEA, El Correo del Orinoco, Ciudad CCS) y unas decenas de periodiquitos y revistas, entre pornográficos y amarillistas, que cumplen el rol de insultar en los términos más sucios y bajos a los adversarios del régimen.

Esta es, repetimos, la infraestructura física del objetivo hegemónico. Pero, ¿funciona,realmente, avasallando el espacio comunicacional? Por ahora, bastante cojitrancamente. Las seis televisoras,
conjuntamente, no van más allá de 4% de rating nacional.

Los diarios tienen una circulación muy reducida
y la que tienen es porque los regalan (sin ser gratuitos,
pero el petróleo da para todo) y sólo las emisoras poseen una verdadera audiencia, pero su programación es bastante pobre, muy cargada de estereotipos «ideológicos» y por tanto muy fastidiosa.

Esta vertiente de la «hegemonía comunicacional» funciona, pues, bastante defectuosamente. Cosa que trata de compensar Esteban con sus oprobiosas cadenas radiotelevisivas.

Por tanto, Esteban pisa el acelerador en la otra vertiente, la de arrinconar o eliminar los medios independientes por donde se expresan las voces disidentes u opositoras. Su primera gran meta, la de neutralizar o anular la televisión, está muy avanzada.

Después del vergonzoso acuerdo Chacis (Chávez-Cisneros), el canal 4 pasó del muy perjudicial talibanismo opositor al servilismo frente al gobierno. El primer cierre de RCTV dejó al enorme porcentaje
de la teleaudiencia que se repartían ambas televisoras sin poder escuchar voces distintas a las oficialistas.

El cierre de RCTV Internacional arrebata esa parte del espacio crítico que había recuperado en el cable. Por el contrario, la inocua Venevisión Plus sigue campante. El cierre de 34 emisoras de radio se orienta, lógicamente, hacia el mismo fin.

Y ahora tenemos acciones de la Fiscalía contra Miguel Ángel Rodríguez y las que se anuncian contra Tal Cual. Sin embargo, esta vertiente, la represiva, aunque ha
inducido grados variables de autocensura, tampoco logra callar al país. Televisoras regionales, estaciones de radio en todo el país, prensa escrita, medios alternativos (Internet, Faceboook, Twitter), que no se han sometido ni autocensurado; Televen con su mesura de siempre y Globovisión, con su talante acostumbrado, han hecho
imposible, hasta ahora, que la fulana hegemonía comunicacional haya aplastado al país. Será inútil, no podrá.

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