Opinión Nacional

Milagro

“Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino.” DRAE

En la vida de los humanos las leyes naturales han sido reemplazadas en gran parte por las de la sociedad y las del mercado. Milagros como los que hacían los santos son realizados hoy por la ciencia para aquellos que pueden pagarlos: los que eran ciegos ven, los sordos oyen, los paralíticos andan…

En nuestra vida cotidiana hablamos de milagro cuando un accidente imprevisto actúa a nuestro favor.

Nos encontramos –por ejemplo- en un terrible aprieto y llega de manera “milagrosa” un alma caritativa que sin pedir nada a cambio nos ayuda. ¿Por qué no lo imaginamos al revés? Si nos colocáramos en el papel del que da y no en el del que recibe, caeríamos en cuenta de que somos capaces de convertirnos en agentes de la providencia para cualquier necesitado sin esperanzas: toda colaboración que reciba será para él un milagro.

Lo que se atribuye a intervenciones sobrenaturales o de origen divino ocurre la mayor parte de las veces a través de un ser humano. ¿Por qué no podría ocurrir a través de cada uno de nosotros?
¿No somos los humanos algo “sobrenatural”? ¿No afirman todas las religiones que tenemos origen divino?

Nuestra arraigada fe, o la falta de ella, nos impiden “jugar a ser dioses” y dejamos que sea Dios (o el azar, el destino y esos otros conceptos con que lo suplantamos) quien se ocupe de hacer milagros, a pesar de que no desdeñamos aquellos que, aunque no vengan de Dios sino de nuestros semejantes, nos favorecen a diario.

Con la misma lógica dejamos en manos de los gobernantes la solución de los problemas que nos atañen. Otorgándoles a ellos todo el poder de hacer milagros confiamos en que se produzca el milagro de que usen ese poder a favor de nosotros o de otros.

Porque ¿Qué podemos hacer nosotros, que no tenemos ningún poder?

Esta es una pregunta retórica que implica una respuesta igualmente retórica. Con preguntas así nunca se encuentran verdaderas salidas.

Hagamos la pregunta de verdad y no intentemos responderla de inmediato, como si hubiésemos agotado la infinita gama de respuestas posibles: la sabiduría es más amiga de la incertidumbre que de la certeza.

Las primeras, tímidas y torpes aproximaciones a una respuesta, podrán llevarnos a ideas alocadas o ingenuas: en el proceso creativo es muchas veces la auto-censura lo que impide avanzar. Por miedo a pensar mal y hacer el ridículo olvidamos que no hay nada más ridículo que el miedo a pensar.

Una aproximación torpe de esas, es pensar que si encontráramos fórmulas que los gobernantes no pudieran tachar de irrealizables o utópicas habríamos dado un paso adelante. Presionar es útil, y hay que hacerlo constantemente, sin cansarse. Pero lo cortés no quita lo valiente: démosle a los presionados instrumentos para responder a la presión con otra cosa que negativas, silencios o prórrogas. Ofrezcámosles ideas y hagamos publicidad de ellas para poner en evidencia los avances que pueden lograrse ya, hoy…y si nos escuchan, actúan y quieren atribuirse el mérito, tanto mejor: no estamos trabajando para nuestra gloria sino para acabar con la miseria.

He aquí una idea de esas “locas” o “ingenuas” que un amigo me ha enviado. Los que la consideren inviable o disparatada están invitados a proponer otras mejores…

“Creo que existe una forma muy interesante de ayudar -de manera rápida y práctica- a solventar los problemas económicos de los países más pobres del mundo: que cada uno de los países más ricos (el G8… los veinte más ricos… los 30 más ricos, no sé) «adopte» a uno de los países más pobres. Lo más razonable sería, por ejemplo, que el país más rico adoptara al país mas pobre. El segundo más rico al segundo más pobre, etc.

La «eficacia » del sistema radica en la enorme visibilidad de los esfuerzos realizados, en el apoyo mediático, en la involucración pública en cada uno de los países vinculados al proyecto. Si España adopta a Bolivia, por poner un ejemplo, «competiría» con Francia y con Inglaterra. El tema tendría una enorme importancia pública, se involucrarían muchas empresas, habría colectas públicas, iniciativas privadas en la misma dirección, acuerdos de inmigración para facilitar la inserción laboral de inmigrantes , proyectos de Telefónica en condiciones especiales de financiación, créditos blandos del BBVA y el Banco Santander y un largo etcétera.”
Dimitry Kashkaroff

En pocas palabras, mi primera sugerencia “en borrador” es que, además de de-nunciar lo que no se hace, a-nunciemos lo que puede hacerse ya.

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