Opinión Nacional

Militarización socialfascista bolivariana

La bufonada del socialfascismo bolivariano del siglo XXI lejos de constituir una propuesta ideológica libertaria, representa un modelo político que aboga por una militarización integral de la sociedad. Es el intento por uniformar al mundo civil, por homogeneizar la forma de pensar de los venezolanos, por convertir a nuestra Venezuela en un gran cuartel.

Para el socialfascismo bolivariano, su proyecto militarista no sólo es un instrumento de continuidad del modelo de dominación capitalista, sino una herramienta efectiva para el control social del ciudadano, con vista a dominar cada vez más la cultura, la educación, los medios de comunicación y la economía nacional. Es la transformación de la Nación en un inmenso establecimiento militar, en un «Estado Guarnición» en donde impere la obediencia, la disciplina, y el “ordene comandante”. Esta perversa colcha de retazos ideológicos, reivindica el lema fascista de «Creer, obedecer, combatir» como expresión de subordinación del colectivo frente al hiperlíder.

Muestras de esta militarización lo constituye la creación de los círculos bolivarianos infantiles, destinados al adoctrinamiento de niños en edad pre-escolar. La formación de las “guerrillas comunicacionales”, integradas por jóvenes menores de edad (13 a 17 años), a fin de preparar los futuros ejecutores de las órdenes emitidas por el vocinglero de Miraflores y garantizar la permanencia del régimen a través de las generaciones futuras. Igualmente la militarización abarca la constitución de milicias estudiantiles, campesinas y obreras, así como el establecimiento de los consejos obreros y estudiantiles destinados a liquidar la autonomía del movimiento sindical y estudiantil. Además, este infame militarismo facho se ha puesto de manifiesto en la compra compulsiva de material de guerra, mientras se desatienden aspectos vitales de la vida nacional como la salud, la educación, la vivienda, la seguridad social de los trabajadores, etc. Más recientemente la militarización se ha evidenciado en la aplicación de la Ley de Circunscripción y Alistamiento Militar, la cual vulnera la Constitución al restablecer la obligatoriedad del servicio militar, deber con el Estado que había sido derogado en la Carta Magna vigente. Producto de la protesta de amplios sectores de la sociedad, las focas de la Asamblea Nacional, se vieron forzadas a modificar algunos de los artículos (1,2,4,5,19, 56 entre otros) y suprimir otros más (61, 62) de dicha Ley, sin embargo el carácter anticonstitucional de la misma se preserva. Todas estas medidas de carácter militarista están orientadas a cercenar el espíritu crítico del sujeto, a constreñir el ejercicio de la libertad, y a la creación de un ciudadano que este dispuesto acatar ciegamente la voz de mando del superior. Eso es lo que aspira y pretende el tte coronel con su proyecto militarista y totalitario.

El socialfascismo bolivariano del tte coronel busca la militarización de la política, vieja tesis de inspiración fascista, replanteada por Norberto Ceresole, padre ideológico del proceso bolivariano. La militarización de la política debe entenderse entonces, como el uso del aparato militar de la Nación (la FAN, los grupos paramilitares, y los servicios de seguridad de Estado) en el control de la vida y del comportamiento de los ciudadanos, a través de los valores militares (centralización de la autoridad, jerarquización, disciplina, obediencia y conformismo), con vistas a dominar cada vez más la cultura, la educación, los medios de comunicación, la religión, la política y la economía nacional. El planteamiento de Ceresole es una reinterpretación de la doctrina nazi-fascista de Seguridad y Defensa Nacional puesta en práctica por las dictaduras militares del Cono Sur en las décadas de los 70-80. La misma le asigna a la Fuerza Armada un rol primordial en la estructura cuartelaria de la sociedad venezolana, no solo para atacar a un supuesto “enemigo exterior”, sino para mantenerse en el poder reprimiendo al “enemigo interior” y aplastar la conflictividad social alimentada por el descontento de las clases desposeídas y oprimidas, a fin de lograr la «paz interna» de la Nación.

Este militarismo bolivariano se ha manifestado en la imposición de los valores símbolos y lenguaje militaristas; en la necrofilia como forma de contaminación social y espiritual (obsesión de la muerte); en el espíritu político autoritario; en la glorificación que llega hasta la adoración de la figura del padre colectivo de la nación, personificada por el presidente del Estado y jefe de las Fuerza Armada Nacional.

Este aberrante proyecto del siglo XXI no nos conduce a ninguna emancipación social, política o económica como proclaman sus líderes y suelen repetir algunos ilusos e ingenuos, sino a una profundización del proyecto de hegemonía militar, donde existe una “subordinación coactiva” de la sociedad civil al estamento militar. Es la institucionalización de la estructura militar como eslabón fundamental en la perpetuación del pillaje, la opresión, la violación de los derechos humanos, y la imposición de un asfixiante capitalismo de Estado. El socialfascismo bolivariano significa mucho más que el contagio de toda la vida civil por la organización militar, implica la militarización de la manera de pensar, de hablar, de sentir y de actuar del ciudadano común

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