Opinión Nacional

Minimizar para Maximizar: sólo resultados transitorios.

Cada vez que leemos cualquier cosa, bien sea un ensayo, una novela, un cuento o una declaración, nos viene a la mente alguna característica del escritor. Muchas veces, si estamos familiarizados con el tema, podemos darnos cuenta del grado de inteligencia ó cultura del autor. Es una lástima cuando una persona firma  un documento creyendo que está agregando valor a su gestión: escritor, ensayista, político, y lo que hace es restar.  En pocos minutos, quienes leen el puño de letras ordenadamente colocadas, en un texto errado, lleno de pequeñeces, sobre  un Ilustre Hombre, que durante años se dedicó a trabajar por su país y quien además  dejó escrito su gran legado, el cual ha sido reconocido ampliamente entre sus compatriotas, advierten en el autor una enorme dosis de ignorancia sobre el tema  y mala intención, revelándose como un desconocedor a todas luces del personajes de quien trata.

Este ha sido el caso del gobernador del estado Trujillo y su decreto Nº 277, del 30 de julio 2009, en Trujillo, Edo Trujillo, donde se oficializa el cambio de nombre de la biblioteca Mario Briceño Iragorry (MBI) por Antonio Nicolás Briceño (ANB), alegando una cantidad de imprecisiones que dejan sin bases sólidas las consideraciones, un decreto nada objetivo y por lo tanto sin valor ni fuerza para la población del Estado Trujillo. 

Han pasado varias semanas desde que apareció un artículo anónimo en aporrea.com en el que se denigraba, de una manera bastante  torpe, de Mario Briceño Iragorry, el Ilustre Trujillano. Es  como si, en el pasado, hubiera habido una contienda entre el autor y MBI y que nunca se resolvió como es de esperarse entre seres inteligentes. Todo lo que había en esas cuartillas despedía odio y poco conocimiento de la historia, un artículo plagado de injurias y desaciertos. Posteriormente el cronista publicó lo mismo, pero esta vez con su nombre. Inmediatamente quedó claro lo que ya se sabía: el gobernador había utilizado el aparente conocimiento de este individuo sobre la vida de MBI, para que sacara con pinzas algunos hechos que pudieran restar méritos al Ilustre Trujillano, Mario Briceño Iragorry,  dando motivos, por banales que fueran,  para el cambio en cuestión. (Un engaño al pueblo trujillano). Claro que con un propósito muy bien trazado. La biblioteca llevaría el nombre de Coronel Antonio Nicolás Briceño,  militar con muy corta carrera. Abogado, poco transitado por las lides del derecho, ya que para 1811 los vientos de la independencia se hacían sentir fuertemente, invitándolo. Fue partícipe del acta de independencia, entre muchos otros venezolanos.  Incursionó en la lucha desde 1812 hasta su muerte en 1813: sólo unos meses le dieron la oportunidad de llevar el grado de coronel y algunas experiencias en el campo de batalla. Su mérito fue haber ideado y creado el decreto de guerra a muerte contra los españoles, haber matado a muchos españoles y canarios, y que éste fuera aceptado y firmado en 1813  por el General Simón Bolívar, quien sería nombrado Libertador en octubre de ese mismo año. Hasta allí llega la participación de nuestro pariente en la gesta libertadora. 

Muchos nos preguntamos: ¿Cuáles son los méritos de Antonio Nicolás Briceño para que una biblioteca, en donde se cultiva el saber, la cultura y la inteligencia lleve su nombre? Por su legado literario, seguro que no es, ya que no dejó nada.

Los méritos ganados en batallas por militares,  son reconocidos en monumentos, batallones, cuarteles y en todo lo referente a la guerra y sus derivados. Allí es en donde debe estar mi pariente, Antonio Nicolás Briceño

La casa de la sabiduría debe ser honrada por Ilustres intelectuales y sabios, que le den brillo al saber y al conocimiento.

Con ésto no pretendo defender la obra inmortal de MBI porque ella tiene el carácter, la fuerza y la trascendencia suficiente y sería muy temerario por mi parte el hacerlo, sino llamar la atención de aquellos que han querido minimizar una obra universal para enaltecer a un personaje de la historia que pasó por la independencia llenando una página importante, pero sin contribución alguna para enaltecer la sabiduría intelectual de los hombres y mujeres de esta tierra.

Se ha llegado a decir que leer a MBI  permite al lector querer más a la patria, conocer las circunstancias que nos hacen ser como somos, las pasiones que nos llevan  a defender lo nuestro, además de comprender las debilidades que como pueblo sufrimos y mantener presentes algunos hechos que todavía, en el siglo XXI, nos acosan.

Para poder tratar a MBI con objetividad, la persona debe estar adecuada para comprender, entender y luego manifestar coherentemente lo que aprendió de las páginas de los libros de MBI. Éste no es el caso de los personajes que se han atrevido a incursionar en estos terrenos tan difíciles, que son para gente con una educación formal, bien profunda.

Nota graciosa: Una prima leyó las declaraciones del gobernador Cabezas, 22 de sept. Diario de Los Andes,  y quedó asombrada. Supo, después de cincuenta y tantos años, que nuestro abuelo tenía los ojos azules. Una referencia que deberemos tomar en cuenta para cuando contemos la historia del abuelo, a los descendientes.

Por último, será como ese decreto dicta y como sus firmante decidan, por ahora. Nadaremos mientras tanto en ríos de insensatez hasta que sean evaporados por los calores de la sabiduría y renovadas sus corrientes y cauces por verdades eternas.

Mario Briceño Iragorry no pasará de la historia contemporánea de Venezuela y seguirá alumbrando a nuestros coterráneos y siendo referencia para los que amamos al país y queremos que Venezuela sea una nación llena de gente con  grandes aspiraciones, con tolerancia, sabiduría, educación y oportunidades.

Es importante traer al recuerdo cosas como, “Balance De Las Injusticias”, de Virutas: está más actualizada que cuando se escribió en 1951, por : Mario Briceño Iragorry.

……..”Ante este cuadro doloroso surge la urgencia de una bien centrada reflexión que nos aleje del suicidio colectivo a que tan fácilmente nos está conduciendo la carencia de sentido de proporción en la dialéctica social. No hay razón para que prosigamos ese camino ciego de negarnos sin examen unos a otros. Nuestro deber nacional nos lleva, por el contrario, a buscarnos antes que aniquilarnos. La comunidad tiene un sentido de fraternidad que obliga a mirar como propios todos los problemas, así sea el del mismo error en que caigan los contrarios. Convivencia es el ejercicio que obliga a conllevar la carga extraña. Pero si nos empecinamos cada quien desde nuestra estrecha parcela, en el propósito de destruir la personalidad de los contrarios, al hacer el balance de los valores morales de la república, a base de las atribuciones feriadas en la lonja de los insultadores, hallaríamos con espanto que, por nuestro propio yerro, se nos hacen aparecer ante los ojos del forastero que vigila para su provecho nuestra debilidad, como un país de simuladores, de ladrones, de ignorantes, de asesinos, de logreros y de tránsfugas, cuyos solos hombres virtuosos son los que transitoriamente ejercen desde el poder el monopolio convencional de la verdad”.

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