Opinión Nacional

Miquilena: ¿cuánto por su cabeza?

Para nadie es un secreto que la caída de la popularidad del presidente (%=Link(«/bitblioteca/hchavez/»,»Chávez»)%) está emparentada con el desprestigio que las mañas de (%=Link(«/bitblioteca/miquilena/»,»Miquilena»)%) han sembrado en el pueblo. Para nadie tampoco es un secreto que este señor (Don Luis) funciona del modo más lóbrego que pueda conocerse en casos de mafia política. Sin embargo, para todos es un enigma la razón por la cual Chávez conserva al viejo como su más cercano colaborador.

Muchas hipótesis han surgido. Desde las más curiosas hasta las más concupiscentes. Las que los estigmatizan como socios del mismo negocio enmascarado que es MICABU. Las que los embadurnan como los secretos gestores de un plan de ultra izquierda que supuestamente está por ejecutarse en Venezuela. Las que los ligan a las más oscuras apetencias autocráticas y tiránicas como únicas y dudosas recetas para controlar a un pueblo venezolano, según ellos, constituido por ignorantes.

O la hipótesis que esgrimen los comandantes del 4 de febrero: «Miquilena, puntofijista de cepa, planea derrocar a Chávez y denigrar el paso de la revolución bolivariana para erigirse en el poder, derecho que le fue negado en tiempos de adecos y copeyanos».

O, por último, la que me dispongo a considerar como la más probable: todo esto es un maquiavélico juego de Chávez, quien permitiendo una intensa alharaca contra su figura y contra la de Miquilena, a razón de las constantes, fidedignas y ya insalvables acusaciones de corrupción que incriminan al presidente del Congresillo, planea dar una estocada mortal de última hora al único compañero revolucionario que le queda, «Don Corleone». De este modo, abominando, encarcelando al «compinche», deshaciéndose del «anciano vampiro», demostraría su apego a la lucha contra la corrupción y su fidelidad al proyecto de «honestidad» que ha vendido siempre la nueva república.

Nadie duda que una acción semejante recobraría mucha de la confianza perdida por el presidente Chávez. Además, se desprende cierta lógica del enunciado anterior, si se encadena ésta con la sorpresa que asecha detrás de ella: José Vicente Rangel es quien sugiere a Chávez la detención de Miquilena.

A estas alturas, conocidas todas las dificultades que ha acarreado a Chávez el apoyo incondicional que ha dado a Miquilena, el maquiavelismo de Chávez se conocerá una vez resuelta esta situación. A saber, si permanece incólume ante ella se sabrá que entre ambos dirigentes existe un vínculo obscuro que impide al presidente pronunciarse por temor a ser denunciado como cómplice de los ilícitos (chantaje): maquiavelismo leve. Si detiene al «anciano vampiro», apoyado por la exigencia de José Vicente Rangel, se entenderá que el presidente es capaz de desprenderse de quien sea con tal de permanecer en el poder, incluso de su socio y padre político: maquiavelismo mediano. Si por razones inesperadas ocurre la muerte natural o accidental, de «Don Corleone», de rodar literalmente su cabeza, sabremos que la mafia, la verdadera mafia política, se ha instaurado en Venezuela: maquiavelismo total.

Veremos…

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