Opinión Nacional

Mis tres nacionalidades

“Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes:
Es un país de esclavos”. Simón Bolívar

Cuando vine al mundo rondaba el año final de la década de los treinta, justo comenzando lo que sería la última primavera pacífica en este planeta, pues pronto arrancaría la segunda y mas cruenta guerra mundial cuyas consecuencias todavía padecemos. Gobernaba mi país un militar, andino de los que llegaron con Castro, heredero de Gómez y el último general en jefe con los soles bien puestos. Mi partida de nacimiento reza que era ciudadano de los Estados Unidos de Venezuela. Con esa nacionalidad transcurrieron mi niñez y mocedad y estando en bachillerato otro gobierno militar, esta vez de un general de división, me la cambió por la de ciudadano de la República de Venezuela. La bandera de mi nacimiento se mantuvo igual no así el escudo que le fue sustituido en la banda lo de Estados Unidos por República, pero se mantuvo lo de Venezuela, a secas, sin ningún otro apelativo.

Transitando la tercera edad viene otro militar, esta vez de un grado muy menor, teniente coronel por más señas, dizque revolucionario, golpista como los otros pero muy lejos de las cualidades de los dos primeros, a cambiarme la nacionalidad. Ahora soy ciudadano bolivariano, cosa que yo creía ser desde que nací por el amor que le profesamos a nuestro padre Libertador y lo llevábamos con grande orgullo sin necesidad de tenerlo escrito en ningún documento de identidad, sentimiento que me inculcaron en mi casa sobre todo mi abuelo que era italiano y copeyano y que cuando yo hacía alguna irrelevante y benévola crítica a algo hecho o dicho por Simón Bolívar me metía tremendo regaño. Pero así son las cosas, tenía que llegar alguien más papista que el Papa o más bolivariano que mi abuelo Chichilo, para hacer este cambio de gran profundidad revolucionaria.

Pero no conforme con el cambio de nombre de nuestra nacionalidad que, por cierto, me dicen algunos amigos que han viajado al exterior últimamente que nos confunden con bolivianos y no es que ello sea denigrante, de ninguna manera ya que Bolivia era la hija predilecta del Libertador, sino porque entonces nos revisan mucho mas a fondo en las aduanas por aquello de la coca y no precisamente de la cola sino de la hoja, pues bien también nos cambió la bandera y el escudo y se salvó el himno porque alguien, de muy corta edad que todavía no sabe hablar bien lo canta así: “Golia al bavo pueblo que hugo lanzó”.

De la bandera no opino, me da igual, además hace muchos años me impusieron la condecoración de la octava estrella en la guarnición de Guayana, por los servicios que la UNEXPO, universidad de la cual fui su rector-fundador, le había prestado a los militares en esa zona. En cuanto al escudo, sin ser heraldista, creo que los cambios no son nada felices. Tengo entendido que la orientación se toma de espalda al objeto sujeto de la referencia. Si es así, en el actual escudo el caballo va corriendo hacia la izquierda y viendo hacia la derecha. Mas o menos como cundo los adecos gobernábamos, que éramos de izquierda, y veíamos a los copeyanos, que eran de derecha, mas atrás que las que te conté del cochino. Pues bien, si mi óptica es correcta, ahora el caballo va a correr hacia la derecha a galope tendido, dándole en consecuencia la razón a mi amigo Agustín Blanco Muñoz, que sostiene la tesis de que este es un gobierno de derecha, militarista y nacionalsocialista. Con respecto al cambio en el cuartel superior derecho, aumentando las espigas, espero que hayan dejado el lazo bien flojo para, de acuerdo a la política imperialista de esta revolución, se puedan incorporar otras espigas una vez que nos hayamos anexado a Guyana, Trinidad y Tobago, Aruba, Bonaire y Curazao, alguno que otro país suramericano y porqué no, a USA y Cuba. En el cuartel de la izquierda no tengo objeciones sobre lo del machete, sobre todo en estos tiempos de libertad absoluta, sino pregúntenle a Boris Izaguirre, pero sí tengo objeciones sobre la inclusión del arco y la flecha. Según la historia que conozco los indígenas de estos lares, los pocos que dejaron los españoles conquistadores, eran poco amigos de andar guerreando, mas bien hacían de “bandas auxiliares” parecidas a las que existían en la Edad Media española, según nos relata mi pariente, José Luis Olaizola en su novela: El Cid, el último héroe

En fin que a mi sexagenaria edad ya llevo tres nacionalidades distintas, dos escudos y dos banderas. Por cierto que si estamos vivíos, como decía un tío mío que ya no está, y salimos de esta revolución espero que al nuevo gobierno no se le ocurra cambiarme de nuevo la ciudadanía no solo por las implicaciones económica que ello representa sino porque estaríamos implantando un record mundial difícil de alcanzar por los países del centro oriente europeo y africanos.

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