Opinión Nacional

Murió la “revolución bolivariana”

Vemos como una terquedad querer dar vida al fenómeno “chavista” llamado “revolución”, tratando de imponerlo como el deseo del difundo expresidente Chávez, quien lo denominó “bolivariano” y dio vida al llamado “socialismo del siglo xxi”. Algo que aún no se entiende, ya que, si bien la revolución, en principio, comprende un cambio violento en el gobierno y en las instituciones del Estado, es una innovación trascendental, que involucra lo político, lo económico y lo social, para la modificación del orden existente. Afortunadamente, el venezolano se ha opuesto a esta terquedad y lucha por frenarlo.

Las revoluciones son consideradas contrarias a las normativas constitucionales o jurídicas, ya que su acción atenta contra el statu quo, investido éste de legalidad, y no entendemos esta estupidez del difunto, que caprichosamente, como la mayoría de sus actos, amaneció con una ocurrencia, para poner nombre “heroico” a su mandato presidencial, que obtuvo mediante el engaño de su hábil perorata y su gran habilidad de ilusionista. Así surgió el “proceso”, “proyecto” y toda una sarta de necedades políticas, que fueron tomadas por su séquito para mantenerse en el poder, a pesar de su ineficiente desempeño.

Fue una desgracia para los venezolanos que nunca lo vieron con buenos y tuvieron una acertada visión del engaño. Vieron como la “infantil enfermedad socialista” del “comandante” y el basto servilismo de sus sumisos adláteres, el “proceso” se les transformó en un intento de cambio o transformación violento, chocante con el concepto de Estado establecido en la Constitución. Un hecho inconstitucional, que tenía que terminar en fracaso, como lo hemos observado y enfrentando durante 14 años. Sin dudas, su énfasis se mantuvo con la efervescente vida del difunto, pero con su desaparición, comienzo a cumplirse la premonición del fin del “chavismo”, que ha ido desapareciendo lentamente, hasta su disloque en las elecciones pasadas, cuando la certera campaña de Capriles demostró a los que se creyeron intocables del entorno, que el vacío discurso del difunto era la coraza que les permitía su fracasado desempeño y su enriquecimiento desmedido, que han llevado al país al precipicio y a la quiebra económica, con una sociedad dividida en dos trozos iguales, que tienen visiones drásticamente diferentes y divergentes; llevadas por un temible camino de enfrentamiento, articulado por la inexperta e incapaz actitud del proclamado presidente electo de la República, quien ha aprovechado precariamente la herencia del fenecido Chávez, sin percatarse de la cuesta que debe remontar, sin contar con su protector responsable, quien siempre sumía la culpa, en la creencia de su poseer un mítico encanto.

Sin dudas, la muerte de Chávez, no solo deja un vacío socio-político de fracasos, sino que, sin imaginárselo él ni sus seguidores, son sepultureros del engendro revolucionario bolivariano. Lo dijimos muchas veces, “sin Chávez no hay chavismo”, por fortuna y por suerte, aunque lamentablemente, pareciera que tendremos de presidente a un personaje cuya capacidad ideadora requiere necesariamente de las ideas de otros. Ojalá escuche a hombres y mujeres capaces y letrados, que lo doten de sus carencias, y entienda que su gobierno no es la tribuna del césar, sino la primera representación del pueblo. Sin embargo, esperamos que se aclare el reclamo hecho al CNE por las irregularidades en el proceso de votación, que pudiera cambiar el esquema de ganador-perdedor.

 

 

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