Opinión Nacional

Nación, Estado y Gobierno

Nunca está de más volver a reflexionar sobre lo que significan los conceptos que dan título a este artículo. La nación está formada por el conjunto de los ciudadanos que habitan y construyen el país, con todas sus convergencias y diferencias, con sus identidades y valores. Debe tener la suficiente cohesión y tolerancia para convivir y construir su futuro. No es posible que sea un conjunto de zombis que estén de acuerdo en todo, además de imposible sería contraproducente y conduciría a una nación de esclavos, pero sí es preciso que exista un consenso fundamental que posibilite dirimir las diferencias y vivir en paz, crecer y construir. La antigua Yugoslavia no logró ese consenso y cayó en una división en una serie de naciones que aun no ha concluido.

Pero subordinadas a la nación deben estar el estado y el gobierno. Se podría hacer un símil con un conjunto habitacional complejo como Parque Central, que tiene viviendas junto con comercios y oficinas públicas y privadas, actividades culturales y educativas. El Estado está integrado por las reglas de juego que constituyen las instituciones y los mecanismos de convivencia en el complejo, mientras el gobierno es el administrador de dichas reglas, es el conserje del conjunto. Pero por encima de ellos están los propietarios que habitan y trabajan en Parque Central, ellos constituyen la nación. Todo el conjunto tiene que estar subordinado a la nación, que es la que tiene el derecho de decisión última sobre el destino del conjunto y su funcionamiento.

Si aceptamos este enfoque, por muy simple que parezca, podemos vislumbrar un acercamiento a las cosas que pasan en el país. Si queremos una democracia, o una revolución, participativa y protagónica, debemos luchar por garantizar que los ciudadanos sean los que decidan su destino. Desde el primer momento en que se acepte sin discusión lo que decida el jefe del gobierno, en última instancia el conserje, sobre la dirección que debe tomar la nación, estamos colocando la carreta delante de los caballos, el gobierno se coloca por encima del Estado y el Estado por encima de la nación. Nada más lejos de un sistema participativo y protagónico.

Podemos llenar el país de Consejos Locales de Planificación y decidir si preferimos un dispensario o arreglar las aceras, a lo mejor con eso nos conformamos, pero si las grandes decisiones se las dejamos al poder ejecutivo siempre seremos una nación sometida. Cuando nuestro ministro de educación confiesa que la educación debe politizarse, que es lo mismo que decir que el gobierno definirá su orientación se le está quitando a la nación su derecho a asumir su diversidad. Cuando se quiere controlar a las ONG´s, que es lo mismo que convertirlas en unas OG´s, se está supeditando la nación a los intereses del gobierno.

El drama que vive la nación venezolana es como alcanzar capacidad de control sobre el Estado y el Gobierno. En otras palabras, como lograr una verdadera participación y un verdadero protagonismo aceptando la necesidad de representatividad. Mientras no lo logremos estamos condenados a ser dependientes de un líder carismático que hará lo que le venga en gana nacional e internacionalmente, mientras los ciudadanos que conformamos la nación nos condenamos a gritar ¡Así, así, así es que se gobierna!

Yo tengo mucha fe en que la nación venezolana ha alcanzado un grado de desarrollo suficiente como para valorar su independencia y su capacidad para decidir su destino y no delegárselo a ningún líder, por muy carismático que sea. Por mucho bozal de arepas que nos pongan y por mucho que nos convenzan de que si nos callamos podremos vivir tranquilos. Ojalá no me equivoque.

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