Opinión Nacional

Nadie se acuerda de Venezuela

A la vuelta de un par de años, cuidado sino antes, podría estarse convirtiendo el caso venezolano en un dramático problema para toda la comunidad hemisférica. Cuidado sino antes, digo, porque peor será mientras más tiempo se extienda entre jerarcas y diplomáticos, entre los gobiernos de la región, este calatimoso estado de lenidad frente a Hugo Chávez y sus insultos. No tiene sentido que nos volvamos a contar lo que ya sabemos: las interminables calamidades que ha se sufrir la ciudadanía; las horas de locura televisiva, exhibiciones y ventajismo; los vericuetos de una justicia inexistente, la cronometrada maniobra de asfixia institucional, cosida con el ejército, para cercar a la disidencia. Las personas presas o que han tenido que huir. Lo difícil que se está volviendo, para todos, ser venezolanos Una aproximación imperdonable, excesivamente técnica, sino deportiva, ha consolidado en la región un fenómeno por demás curioso: mientras la vida institucional se cae a pedazos en el país, el entorno de muchas de estas naciones, que conocieron en su casi totalidad la mano solidaria de Venezuela en tiempos oscuros, mejora notablemente. Que haya mejorías es cosa de alegrarnos; que se vaya extendiendo este silencio cómplice respecto a lo que aquí sucede sencillamente no tiene nombre. El maestro de ceremonia en este deporte que consiste en no quedar mal con nadie, ya se ha dicho, es esta estatua móvil al pusilánime que llaman José Miguel Insulza. Un sujeto que parece que todo lo que hace tiene como objetivo final evitar un nuevo insulto presidencial. El papel de Insulza en estos años tiene ya sellos paradigmáticos; su falta de carácter y su irresponsabilidad de seguro será estudiada en el futuro con la misma dureza con la cual hoy se evalúa la conducta de la OEA en los años del predominio diplomático norteamericano en la región, en los 50 y los 60 Lo peor de todo es que, dentro de su comprobado fanatismo político, Hugo Chávez ha evidenciado que no tiene demasiado interés en que lo comprendan o lo acepten en foros como la OEA y no parece tener el menor respeto por Insulza. Los modales democráticos, los modales en general, a Chávez no le interesan. Cuando termine la maniobra, si es que puede terminarla, si se lo permitimos, cuando el strep tease sea completo, podría ser tarde en América Latina. La Carta Democrática comienza a parecerse a un libro de chistes a estas alturas. La comunidad internacional puede lamentar, insisto, haber dejado sola Venezuela en unos de los momentos más duros de su historia.

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