Opinión Nacional

¡¡Narcisismo y política..!!

El narcisismo, es un grave trastorno de personalidad, que se manifiesta en quien lo padece por una defectuosa percepción de realidades, incluida la propia. Aún cuando pueden ser varias las causas que lo originan, la carencia de autocrítica puede llevarle a comportamientos vergonzantes o a hacer el ridículo, ya que la falta de autoconocimiento y sus graves déficits en Inteligencia Emocional, le impiden relacionarse bien consigo mismo y con los demás.

El narcisista es una persona que se sobrestima, que precisa ser admirado por los demás, a los que considera inferiores o desprecia, muestra falta de empatía, se comporta de manera arrogante y no tolera las críticas.

Cuando gobierna, considera que sus subordinados están a su servicio y no al servicio de la nación, anteponiendo su interés por encima de la legitimidad. Como su “estructura” de personalidad no acepta límites, piensa que las normas son para ser cumplidas por los demás y las transgrede sin consciencia de culpa.

El narcisismo se convierte en una amenaza peligrosa y perturbadora, sobretodo en aquellos que administran el poder, pues su radio de acción influye negativamente en la vida espiritual, la cultura y los valores humanos de un país.

El Dr. Iñaqui Peñuel, autor de un interesante libro titulado “Mobbing”, describe algunos de los comportamientos característicos de una personalidad narcisista : “Idea grandiosa de su propia importancia, fantasías de éxitos y poder ilimitados , necesidad excesiva de ser admirados (culto a la personalidad), carece de empatía, padece envidia pasiva o activa (resentimiento), hipersensible a la evaluación de los demás (reactivo), viola códigos éticos, a menudo manifiesta ser imprescindible, se autoatribuye una gran visión estratégica, evita que otras personas se destaquen, propaga la mediocridad para brillar sin obstáculos, desprecia a sus colegas o subordinados y practica el hostigamiento psicológico (descalificación, insulto, amenazas y burlas) como “armas” de ataque, sobretodo cuando siente amenazado su Ego o desafiada su autoridad”.

Con semejante “morral tóxico”, las perturbaciones y el daño que suelen ocasionar a sus gobernados, se mide por los bajos indicadores de Desarrollo Humano, el grado de ineficacia de las instituciones públicas, la ausencia de desarrollo sostenido, la conflictividad social y las escasas posibilidades para construir Capital Social. Un gobernante narcisista nos aleja del círculo virtuoso de la satisfacción por el desempeño, sabotea o disloca los niveles de motivación al logro, nos lleva a la entropía, produce fatiga psíquica, estrés, bajo rendimiento, desánimo y depresión.

Cuado la sociedad rechaza a un líder narciso, surge una parte sana de sus entrañas, que comienza a enviar señales de alerta y a desarrollar mecanismos de resistencia. Una muestra de ello es la “activación” de mecanismos naturales de consistencia moral, aparecen liderazgos preactivos que promueven la racionalidad, se inicia un interesante proceso de revisión introspectiva, descubrimos nuevas conexiones, reforzamos nuestros valores y sentimos la urgente necesidad de desarrollar espíritu de cuerpo, actuando cual linfocitos, en defensa del cuerpo social seriamente amenazado.

Esperemos que, quienes han decidido renunciar a su autoestima para convivir con el narciso, estén claros del los roles que les exige tal opción : sumarse a la corte de aduladores, aplaudirlo hasta sangrar por las manos, evitar formular críticas, renunciar al uso de la inteligencia, adoptarlo como padre para justificar sus maltratos, celebrarle sus arrebatos o elogiar sus delirios y estar prestos a brincar a cualquier hora y en cualquier lugar, so pena de que les caiga la chupa..!!

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