Opinión Nacional

Ni Duro de matar Ni La mejor del mundo

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“Dura de matar”, así habló Rómulo Betancourt Bello, en adelante RBB, de la Constitución del 61 y, de análogo modo, “la mejor del mundo” proclamó Hugo Rafael Chávez Frías, en adelante HRCHF, de la del 99. Lejos de Zaratustra estos dos líderes, padre de la democracia el primero, líder supremo del proceso socialita el segundo. La constitución desvirgada será en Miraflores, exclamó sin asomo de dudas Pedro Ortega Díaz, cuando indignado y triste la despidió para ser entregada al violador en Miraflores, quien debía poner, por obligación, el ejecútese. Y la ejecutó. En efecto RBB la violó de sátira manera. La constitución quedó suspendida en sus manos, podía hacer sin ella cuanto sus manos dispusieron. Turbada más y más turbada la ciudadanía mientras él no se turbaba con ella. HRCHF está encima de ella, sólo que no la suspende para sus violaciones, sino que sobre ella tirada en cualquier parte, exhibida en su virginidad violada, consuma sus orgasmos en onírico clímax-. Las violaciones constantes de RBB tuvieron el silencio como aplauso a sus hazañas viejas de gran caudillo. Los cómplices callaron. Los gritos de sus víctimas, mártires incluidos, no se oyeron. Total, todo lo hecho por la democracia, como la inquisición, el fundamentalismo y el crimen en función del poder, son actos seráficos si por ella y el poder se hacen y, no se, si lo hacemos. Los delitos que delitos son, las violaciones que sátiras parecen, de esta constitución por HRCHF que manifiestas son, chillamos, gritamos, vociferamos, aullamos, pifamos, maldecimos, pero el violador es sordo a los reclamos, quejas, alaridos, insensible a las voces del justo. Ayer, RBB lo hizo para salvar la democracia, hoy, HRCHF lo hace en nombre del proceso, tras el fin de alcanzar el paraíso, el Socialismo del siglo XXI. Sus acólitos y secuaces defienden a sus amos o su pastor o a su mesías o a su padre, según son sus grados de sumisión, servilismo, en grotesca actitud de rasgarse las vestiduras para defender las virtudes de sus dioses, cuando el niño grita y la verdad demuestra que “el rey está desnudo”.

Una distinción buena es de hacer desde el principio mismo. Identidades hay; si bien el padre de la democracia lo hizo todo por ella, intolerancia, persecuciones, torturas, muertes, violación flagrantes a los derechos humanos, ese acto de violación de RBB, tal vez no alcanza el carácter de filicidio, de aberrada violación a la hija. La Constitución que él suspende, vale decir que viola, no era su hija, ni su nuera, vale decir esposa o concubina del hijo, tal vez lejana prima, lejana, pues, su texto había sido hecho por las mentes más lúcidas de la era, de mayor talante democrático, de mayor compromiso social e incluso con sentimientos de un elan vital cercano al ideario socialista de la mejor cepa. Violarla, malo era, malo era, pero pareciera ser menos asqueroso violar a una enemiga que a una hija. Incluso, el último amigo adeco que me queda, especula diciéndome, “observa bien, Don Rómulo, así dice y acentúa el Don, no violó la constitución, la suspendió, precisamente, para no violarla”. La inferencia es obvia, podía por tanto hacer sin ella cuanto de su omnímoda voluntad viniera a gusto y gana. Y así hizo. Y tan perfecta fue su hazaña que, de una o otra forma, allí, en ese especial útero, se gestó HTCHF ya no para violar, que no hace falta, la constitución, cuanto sí para convertirse en el Edipo, (HRCHF) que mata a su padre, Layo (RBB) , en esta tragedia nuestra sin grandeza, sin Sófocles. Mera maldición, maldición pura que a diario se consuma y que no cesa, ni concluye.

RBB y sus secuaces crearon una democracia banal, sin sustancia. Mera ideología. En lugar de ciudadanos, consciente de su ser en sí, de sus derechos, deberes, obligaciones, conformaron a militantes anónimos de un proceso acrítico. Consumidores de ideología, esencialmente religiosa pero sin dios, o dioses reducidos a caudillos, en lugar de ciudadanos críticos, creadores. Y, como tales los productos a consumir, la democracia y su juego, tenían la recompensa en el clientelismo. En principio la palabra fue buena: democracia por oposición a dictadura, que se asoció, primero, a Pérez Jiménez, al comunismo, luego. Y como este era todo lo malo, su opuesto era todo lo bueno. Desde luego que nada original había en ello, salvo su tropicalización. Imitación del juego que opuso al Occidente democrático y cristiano, al otro mundo, naturalmente ateo, anticristiano y oriental, con todo cuanto de ideología comportaba cada palabra, tomadas una a una, para establecer las determinaciones que sustentaban la oposición; en el fondo su miseria era la misma que antes fue tan manida, entre civilización y barbarie, a la que con tanto éxito se invocaba para exterminar a los bárbaros, sin importar cómo, solo su exterminio. Mientras esto ocurría, las respuestas esenciales al hombre se diferían o se ocultaban en ese juego, la democracia como mito y el mito de la democracia, lo cual la convertía en un valor absoluto y no en hecho y valor histórico concreto. Monstruosidad que incluye también el macabro juego de que la mayoría tiene razón, y su anterior y más vieja sentencia medieval, vox populi, vox dei. Como la democracia, pues, quedó reducida a mera ideología, a una praxis formal, (votar, chillar, vender, comprar, irrespetar, igualación, etc.), el valor del individuo, su consciencia, la dignidad del trabajo, quedaron subsumidas en el juego, mientras se fortalecía el poder real, cuyos intereses carecían de significación democrática, en cuanto sea ésta capacidad de intervenir en la toma y control de decisiones, capacidad de compartir el trabajo y el capital, en donde la correlatividad capital-trabajo sea expresión de justicia.

Pero las ideologías, las políticas especialmente, tienen su muerte en los fracasos empíricos de quienes la administran. Esos hacen del poder su fin y el dominado hace del poder su meta. Y fue aquí, justamente aquí, donde se legitimó la presencia de HRCHF, quien por razones de esa sin razón, pudo levantar el sueño de la justicia, la equidad, el igualitarismo, sustentadas no en la razón critica, sino en las frustraciones, limitaciones, odios, insuficiencias, conspiraciones que siempre culpan al otro de las debilidades y fracasos propios, etc. encarnada en su muy sui géneris utopía de su socialismo del S XXI. Pero, igual que RBB su ideología es un inmenso vacío teórico, pero un buen espejismo, que se preserva en lo ideológico, justamente, por esa imposibilidad de definiciones, de determinaciones, pero cuya magia la hace verdad el ingreso petrolero, maná y amamantador de las esperanzas que se satisfacen en las concreciones de las misiones y que se ven en las inmensas colas donde se recibe la limosna. Su incompletitud, tanto en la satisfacciones de las necesidades materiales, cuanto su inconsistencia, su incoherencia teórica, reducida a mera retórica de consignas vacías, (democracia participativa, protagónica, poder popular… etc), ajena a la ciencia, a la tecnología, la arte, a la crítica, empieza a convertirse en crisis. Crisis interna, como la que aflora en el seno del PSUV consigo y sus aliados, pero también con la sociedad en su conjunto, para la cual se agotaron los ideolemas, sino que ya florecen las contradicciones propias que realidad impone a las ideologías, “amor con hambre no dura” dice el viejo refranero, pero también crisis en quienes buscan la superación de esta crisis, porque no tienen respuestas para salir de ella.

La crisis de quienes adversan el modelo de HRCHF está en reducir a mera formula política la salida a la crisis y esta fórmula política a mero juego formal de la democracia, tal como lo hizo RBB y sus secuaces mimetizaron. La crisis de HRCHF se complica porque ya agotó todas las formas del juego formal de la democracia y requiere, necesariamente, de su sustitución, de un cambio sustantivo, lo cual resulta por elos mismos ya casi imposible, por la incapacidad del gobierno, de sus líderes. Entonces se recurre a diversos expedientes, las inhabilitaciones, son buen ejemplo, pero sobre todo, la reducción de los poderes a meros apéndices del Presidente (la división de los poderes ha sido una de las conquistas mas brillantes y válidas para dividir el poder, debilitarlo, y en ese nuevo juego, controlar lo desmedido de su fuerza) conduce inevitablemente a una dictadura. De ahí sus esfuerzos por hacer constitucional su reelección ad aeternum y ahora el paquete de las leyes, dirigidas a garantizar que la constitución sea un medio jurídico formal para legalizar el ejercicio de su poder absoluto.

La conciencia crítica del país debe ventilar públicamente estos graves asuntos. Las fuerzas críticas del “chavismo” (identificación práctica, pero no cualitativa: ¿qué sería ser chavista?) obligadas están a salir al encuentro del debate cuya trascendencia probable pudiera estar en salvar los elementos de dignidad, justicia, equidad, ética que pudo haber, intuitivamente, iluminado las propuestas de tal socialismo, pero sobre todo las legitimadas por la historia y la justicia. Pero la consciencia crítica en el seno de la oposición (generalidad también inocua pero comprensible) tiene que deslindarse. No se trata de salir de HRCHF. Una delicada operación de comando sería suficiente. Pero allí no está el quid del problema. Está en la necesidad que se tiene de superar el quítate para ponerme yo, como también sabiamente se dice. Decir, primero justicia, es tan vacío como decir primero el bienestar. Tal vez, para un buen crítico sea mas transparente la afirmación primero es la equidad, porque la equidad reclama de por sí distribución ponderal, proporcional. Reiterar Democracia social y evidenciarla con ejemplos, es bueno, pero esos ejemplos de por si no son consubstanciales a la democracia social, ni necesariamente a la propia democracia, si esta deja de ser mera forma electoral. Lo otro, es reiterar el mismo error: la desmedida voracidad lujuriosa por el poder. La constitución de la unidad (también formal) que se monta sobre la memoria del 23 de enero, envió los méritos y la historia al cesto y ello permite, por ejemplo que AD, COPEI y otros de la misma especie se impongan mucho más por el chantaje “democrático” que por valores éticos e históricos. Así la crisis crece y las respuestas se hacen radicales.

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