Opinión Nacional

Ni es socialismo, ni es del siglo 21

Venezuela, prácticamente desde que dejó de ser colonia, se ha ido definiendo como una República Democrática, y esta condición la ha reafirmado en las Constituciones que reflejaron el consenso de su sociedad, no la voluntad de un caudillo o grupo (casos de Monagas, Gómez, Pérez Jiménez). La Democracia es el sistema de gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, ejercido indirectamente a través de la representación, o directamente mediante la participación, con leyes precisas que establecen los derechos y deberes para toda la ciudadanía, plenas libertades (de expresión, política, religiosa, cultural, económica, de tránsito y de elección a través del voto directo y secreto), poderes independientes que se controlan entre sí, alternabilidad en los altos cargos de gobierno municipal, estatal y nacional, con períodos limitados, y el reconocimiento hacia las minorías de todo tipo, para quienes las leyes establecen respeto, las mismas libertades y derecho a representación. Cualquier propuesta o práctica que menoscabe o contraríe uno o varios de estos principios es inconstitucional y debe ser rechazada sin ambigüedades ni dudas.

Como quiera que en los dos últimos siglos tanto la Democracia como el sistema Capitalista evolucionaron y fueron conquistando espacios cada vez mayores, la aparente oposición entre la igualdad preconizada por el sistema político (gobierno de todos para todos) y las diferencias que necesariamente surgen a partir del sistema económico (libertad de poseer los Medios de Producción por parte de pocos individuos y permitir que sean la libre competencia y el Mercado los factores que establezcan los precios de las mercancías), aunque el capitalismo no impide que los medios de producción pertenezcan a tipos de propiedad que integren a grandes conglomerados (cooperativas, compañías o sociedades conformadas por muchos), en la práctica ocurrió que las empresas más importantes estaban en manos de individuos o grupos (muy reducidos) que cada vez se hacían más poderosos y tenían como objetivo primordial la multiplicación del capital, trayendo como consecuencia que la codicia de unos pocos obstaculizaba la solidaridad para con las mayorías, que aun en Democracia, no tenían igualdad de oportunidades para disfrutar de los bienes y servicios esenciales.

Por ello, algunas organizaciones políticas que se definen Democráticas añaden la connotación de Socialista, para significar que se rigen por los principios de la Democracia, con todos los ciudadanos participando en el manejo de los asuntos de la Nación, pero haciendo énfasis en la posesión y el control de los medios de producción por parte de los obreros, campesinos y empleados, para evitar que el poder lo ejerzan grupos elitescos (aristocracia, oligarquía) o individuos (monarquía, autocracia). Los términos Democracia y Socialismo no son antagónicos, por el contrario llegan a ser complementarios, y por ello surgen los partidos llamados de la Socialdemocracia o del Socialcristianismo, dependiendo de sus fuentes ideológicas; los Socialismos utópicos, los socialismos marxistas y sus subsecuentes versiones derivadas, y la doctrina social del cristianismo, de la cual se desprende la Teología de la liberación, que irónicamente llega a coincidir en la praxis con el extremismo marxista en su expresión guerrillera.

En 1917 la revolución rusa desplaza al imperio zarista, y los bolcheviques, bajo la dirección de Lenin, conforman en 1922 la URSS (16 estados), autodefinida como una Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas de orientación marxista-leninista. Marx (1818-1883) escribió su libro El Capital entre 1849 y 1867, elabora su interpretación de la economía y del mundo a partir de la óptica de un judío de clase media que conoce una parte de Europa (Alemania, Francia, Bélgica e Inglaterra), demostrando audacia al opinar sobre temas que no dominaba (como lo evidencia su errónea semblanza de Simón Bolívar), y al establecer como verdades inmutables los factores, análisis y propuestas que ofrece en sus escritos, sin considerar que al cabo de varias décadas los elementos que constituyen la base de sus proposiciones necesariamente evolucionarían hasta producir circunstancias históricas, culturales, políticas y económicas que harían perder vigencia a sus postulados. Por referir un ejemplo, la Rusia de 1917 en muy poco reflejaba las condiciones imperantes en la Europa para la cual él elabora su tesis, y resultan innegables las diferencias de aquel entorno que produce El Capital, a la vista de los avances de la humanidad, tanto en reivindicaciones relacionadas con el mundo laboral, como en movilidad social y alcance del bienestar social, en países democráticos con énfasis en la solidaridad del Estado y la empresa privada con los más débiles.

Lamentablemente, dos de las propuestas fundamentales de la teoría marxista, fueron y continúan siendo interpretadas y aplicadas por sus cultores, de la manera más literal, perjudicial y anacrónica; La lucha de clases y su secuela, la dictadura del proletariado, tomadas como catecismo infalible, llevaron a concluir que únicamente por la imposición forzada la sociedad puede alcanzar la justicia y la felicidad. La violencia revolucionaria antes que la razón evolucionaria. Con Stalin, quien jefaturó desde 1924 la URSS (y a partir de 1946 sus países satélites) hasta su muerte en 1953, la deformación del Socialismo llegó a su tope, al imponer este ambicioso e inescrupuloso Georgiano su particular interpretación, cada vez más alejada del significado esencial; los medios de producción en manos de los trabajadores, obreros y empleados, con ellos controlando directamente el funcionamiento y los beneficios, democráticamente. Por el contrario, Stalin tomó con puño de hierro todos los hilos de las sociedades sovietizadas bajo su control absoluto, estableciendo que la propiedad de los medios de producción y todos los bienes fuese del Estado, y todas las directrices vendrían de la élite autodenominada vanguardia (Nomenklatura en el argot político mundial), bajo su mando más despótico. Esta perversión del Socialismo es conocida como Socialismo real, para diferenciarla del Socialismo respetuoso de los principios democráticos, que se practica en muchos países (desde Inglaterra, Noruega y España a Chile), y que también se bautizara como Estalinismo, para definir una forma de gobierno arbitraria, militarizada, autocrática (impera la voluntad de un caudillo), intolerante (partido y pensamiento únicos), permanentemente represiva (se intimida a la población, no se buscan ciudadanos sino súbditos, la disidencia se castiga con descalificaciones, purgas, prisión o muerte) y culto a la personalidad (del “padrecito” en el caso de Stalin, del “gran timonel” en el caso de Mao, del “comandante” en el caso de Fidel y su clon).

Este apretado resumen busca establecer que el presunto “Socialismo del siglo 21” es una reedición del Socialismo real que fracasó en docenas de países donde causó miseria, injusticia y atraso (y sigue así en Cuba, Corea del Norte y Birmania, últimos reductos del socialismo real en el planeta), que es profundamente estalinista (militarizando todos los estratos, injustificada carrera armamentista -especialmente al no invertir esos miles de millones de dólares en solucionar los graves problemas del país-), gobierno por arbitrariedad (todo lo decide el caudillo en Aló Presidente, sin consulta ni planificación) pensamiento único (comportamiento fascista; Lista Tascón, cualquier disidencia es traición a la patria, quienes piensan democráticamente son agentes de la CIA y lacayos del imperialismo, del estadounidense, porque el soviético nunca les desagradó, ni siquiera cuando invadió a sangre y fuego en Hungría, Polonia, Checoeslovaquia y Afganistán), partido único (decretado y financiado desde el poder, para organizar a su parcialidad política y discriminar aun más a los adversarios, tratados cuartelariamente como enemigos), y con Culto a la personalidad (pretensión de fabricar un Stalin tropical a partir del teniente coronel golpista, quien no esconde su admiración por la URSS, Mao Ze Don y su tutor particular, Fidel Castro, el autor intelectual de la Reforma que pretende prostituir la Constitución en pro del falso Socialismo caudillista.

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