Opinión Nacional

¡NO!

GLOBOVISIÓN nos brindó la oportunidad de ver y oír una de las más notables piezas oratorias de la llamada Cuarta: el Discurso de Orden de Luís Castro Leiva con motivo de los 40 años del 23 de enero de 1958. Para continuar mis preguntas de hace dos semanas, pregunto: ¿Usted, Comandante, leyó u oyó ese discurso? Si no, le va a ser difícil ponderar pasado, presente y futuro de lo que hizo con esta Republica, como nos va a resultar imposible a los ciudadanos juzgar su obra sin condenarla desde el inicio.

Sobre sus hombros, Comandante, pesan dos intentos de destruir la Republica que había costado construir de 1810 a 1958, desde el prócer Juan German Roscio hasta Betancourt, Caldera y Villalba: “Ciento cuarenta y ocho años nos ha costado empezar a descubrirnos capaces de confiar en nuestras facultades para ser libres.” Y Luis agrega: “¿Es que acaso, carajo, no vamos a respetar algún día el significado de nuestros muertos civiles? ¿Es que no hay manera de gritar que si hay y tiene que hacerse patente a la conciencia cívica la diferencia moral y política, de naturaleza sustantiva, que hay entre la paz de Páez, de Monagas, de Guzmán Blanco, de Crespo, de Castro y Gómez, de Pérez Jiménez y esta otra paz que comenzamos a labrarnos hace cuarenta años aquel 23 de enero de 1958?” ¿A cual lado pertenecerá, Comandante, la “paz” de su régimen: al de los caudillos decimonónicos (PJ incluido) o a la de la Republica?

Dos son los fundamentos que diferencian una paz de la otra. La primera se basa en la de los cementerios, de la obediencia, de la sumisión, de la falta de libertad. La segunda es “una paz del todo distinta, tal vez no menos costosa en vidas y esfuerzos, cierta y locamente dispendiosa, pero sobre todo es una paz marcada por una razón en todas las demás inexistente: …la razón de la libertad y el deseo de construir sobre ella y sus otras libertades el autentico significado de una sociedad civil.” El motor central de esta paz, como diría usted, Comandante, si comprende este argumento, es la política, no la antipolítico que usted y los que actuaron y actúan como usted, nos impusieron e imponen.

Pero nos incumbe también una responsabilidad: “La tentación más grande que nos acecha es que, por no hacerla tan prospera y productiva como debiéramos, venga la creencia autoritaria montada en el caballo de un ‘gendarme necesario’ a ponernos de rodilla para darnos de comer.” Contra ella ayudan solo preguntas sencillas: “¿Qué es para nosotros la democracia?: todo. ¿Qué ha sido ella hasta el presente?: casi nada, pero lo suficiente como para que haya dignidad en la tarea de hacerla mucho más que algo. ¿Qué exige de nosotros?: una mejor manera de ser ese ‘todo’ que ya habría llegado a ser para nosotros.”

El último articulo que publico Luís Castro Leiva antes de su muerte el 9 de abril de 1999 tenia el titulo de este reflejo de su pensamiento. Como él, digo NO a todo lo que destruye nuestra democracia.

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