Opinión Nacional

No basta…

Algo logró la MUD, puso a Chávez a la defensiva lo que el Presidente superó lanzando una catarata de insultos.

Eso sí, no basta con invocar la situación internacional, la supuesta tradición democrática del Ejército, para convencerse de la imposibilidad de una aventura antidemocrática.

En los últimos gobiernos de la cuarta república conspirar fue un deporte sin riesgos, enviaron a estudiar a Harvard a un militar que agarraron con la manos en la masa. Chávez ya desconoció sus derrotas electorales en la Alcaldía Metropolitana y en las gobernaciones; además, sus palabras caen en terreno propicio, los jefes del Ejército.

El Presidente compensa su debilidad física y política aumentando su agresividad, participamos a través de la caja idiota de la evolución del mal, sólo que enloqueció la legendaria mesa situacional de Miraflores, perdió la chaveta, metieron la pata hasta donde te conté. ¡Qué documental más tristón presentaron la noche de la última partida de Chávez hacia La Habana! Los supuestos maestros de la opinión pública difundieron la certeza de la gravedad del cáncer presidencial, transmitieron en cadena nacional una obra maestra de sentimentalismo, en la que las melancólicas escenas recordaban la muerte del galán en una telenovela, faltaron los kleenex para secarse las lágrimas. A esto añádase la nostálgica entrevista de José Vicente en la Academia Militar, con la confesión de Chávez de haber llorado al saberse enfermo de cáncer, de ñapa reveló la participación de Santeliz el 4 de febrero y confirmó así una vieja sospecha sobre la complicidad de oficiales del Alto Mando en el golpe de Estado.

En un programa de televisión, para rematar, dos periodistas rememoraban anécdotas de los primeros tiempos de la campaña de 1998, hablaban como los amigos de un tercero ya desaparecido.

¡Por favor! ¿Embruteció la sala situacional? Obviamente, la próxima semana, o mañana mismo, presentarán a un Chávez que parecerá estar volviendo de un spa para ricos y famosos.

Por cosas semejantes hay tanta confusión entre los chavistas que también necesitan, como cualquier venezolano, un parte médico para saber hacia dónde agarrar.

Ha habido un ambiente relajado en el país, ha callado el gran agitador de la década, más de un funcionario oficial ha matraqueado en paz sin temor a que lo despida en una cadena presidencial. Hemos vivido unas vacaciones bien merecidas. Dicen que Nicolás Maduro ocupará en la elección presidencial el lugar de Chávez, aumenta la convicción de que, aunque se curase Chávez, no soportará el terrible desgaste de una campaña al estilo de Chávez, el de un maratón interminable. Todo por culpa de la bendita sala situacional.

Al denunciar esa incitación al golpe, la oposición desconcertó al Gobierno que salió en defensa del Ejército, en vez de seguir insinuándole que desconozca el resultado electoral.

A la Guardia Nacional que vive un mal momento por la anarquía en las cárceles, Chávez la presentó como una institución acrisolada. Peca de prematura esa fascinación de la mesa situacional por el sentimentalismo a lo Delia Fiallo, hubiera sido mejor para el oficialismo mezclar telenovela y política por noviembre de 2012, sobra tiempo para que el olvido borre esta telenovela política.

Por último, frente a la táctica de desmoralizar a la oposición con insultos extremos, canalla mediática, ratas, etc… ¿Hay que presentar la otra mejilla? Nunca, antes muerto que perder la vida.

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