Opinión Nacional

No es racismo

Aristóbulo Isturiz se lamentaba el lunes 15 de marzo en el programa Dando y Dando que el odio y la animadversión que existe en contra del proceso no se limita a los sectores más reaccionarios del país, sino que también era compartida por intelectuales y dirigentes que militaron en el campo de la izquierda, colocando como ejemplo el de un destacado intelectual que formo parte de su gabinete de gobierno cuando fue Alcalde de Caracas, y atribuía ese profundo rechazo al gobierno a sentimientos ocultos de racismo y de desprecio social.

Yo no sé si Aristóbulo es o se la da, pero me voy a permitir comentar brevemente el tema, a ver si coge luces, y para ello voy a referir a mi experiencia personal.

Mi entorno de relaciones, constituido por mi familia, por vecinos, amigos, ex compañeros de trabajo y de conocidos son técnicos o profesionales universitarios; o trabajadores por su cuenta; o mini-empresarios; o ejecutivos; o jubilados y retirados, y pertenecen, en su casi totalidad, a la llamada clase media, ya que poseen vivienda propia, vehículos, hacen esfuerzos para que sus hijos tengan una buena educación, y mantienen un nivel de vida sin mayores pretensiones.

Desde que llego Chávez al poder, los teóricos del neo estalinismo han repetido sostenidamente que la clase media es enemiga del proceso, o lo que es lo mismo, que el proceso es enemigo de la clase media, tildándola con cuanto calificativo hiriente encuentren: escuálida, racista, egoísta, cuartorepublicana, etc.

Si a ello se le suma la espada de Damocles que, como argumenta la oposición (con o sin razón) pende sobre sus propiedades, y allí está el ejemplo de la familia de Valentina Quintero, no es difícil entender que nazcan sentimientos de odio y de desprecio hacia sus auto declarados enemigos, los partidarios del llamado “proceso”.

Por otra parte, si vemos que esa clase media constituye la mayoría de la población, también podemos entender como, en la medida que se radicaliza el proceso, (es decir, que se instaura el estalinismo) crece el rechazo a un gobierno, con la perspectiva cierta de que, si no corrige el rumbo, tiene el fracaso pintado en la frente.

En el caso de los intelectuales y dirigentes políticos democráticos y de izquierda, hay que agregarle la conciencia que tienen de lo nefasto que resulto el estalinismo o mal llamado socialismo real, y al cual se oponen con la vehemencia del conocedor de los males que lo amenazan. Y que cuando uno ve los resultados de esa aberración que se instauro en la Unión Soviética, que no tenía nada de socialismo, sino que era una vulgar dictadura dirigida por delincuentes inescrupulosos disfrazados de socialistas, entiende que surjan sentimientos de odio, como hijos del terror.

Igual sucedió en Chile y en España.

Y antes que algún gaznápiro salga a vomitar estupideces, aclaro que no naci ni me crie en ninguna canastilla oligarca. Da la casualidad que viví en mi juventud en el mismo Bloque 30 de Casalta, en Catia, en donde también vivió Aristóbulo en su niñez y pubertad y mi vivienda y lo poco que poseo lo adquirí con mi trabajo, que por cierto, nunca fue en una dependencia pública.

Asimismo, para mí, el proceso se salvara cuando los venezolanos progresistas seamos capaces de mandar para el carajo esos gurúes estalinistas, como la Harnecker o el Bilbao que han hecho tanto daño al proceso, y asumamos la dirección de nuestro destino.

Lamentablemente, por lo que he visto, no creo que el PSUV sea capaz, ni tenga la voluntad o la conciencia para hacerlo y entonces corresponderá a los otros partidos, movimientos, dirigentes e intelectuales socialistas el realizarlo. Ni modo.

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