Opinión Nacional

No han entendido, pero ganaremos a pesar de ellos

Es viernes de la primera semana de julio. Por disposición reglamentaria, la etapa formal de la campaña presidencial apenas comienza, aunque Chávez tiene catorce años ejerciendo el poder como un monarca en una interminable y ventajista campaña electoral: ha convertido cada gesto suyo, por mínimo que sea, en propaganda, como son propaganda, teatro y cámaras, en su régimen, el sencillo acto de pintar las paredes de un grupo escolar y la reposición de la alcantarilla de una carretera construidos por el dictador Pérez Jiménez hace 60 años.

Son las cuatro de la tarde, recibo la llamada de un político amigo que me pide que lo recomiende para que entre en las listas de candidatos a diputado al Consejo Legislativo Regional (antigua Asamblea Legislativa). Lo atiendo cordialmente, no sin enojo, y lo escucho. Yo, que camino a paso seguro hacia un anarquismo pacífico y me molestan cada día más los ridículos, atrasados, autoritarios, inútiles, arbitrarios y corruptos actos de los gobernantes (y de algunos de los políticos, aunque no gobiernen), luego de oírlo, me veo obligado a decirle que ninguna influencia ni posibilidad tengo que pueda ayudarlo, que no milito en partido alguno y que mi amistad con políticos, chavistas y de oposición, no puedo usarla para eso. En el camino de la breve conversación me dice los nombres de algunos aspirantes con evidentes menos credenciales que las suyas. A los pocos minutos recibo la llamada de un especial y querido amigo, que fue quien le recomendó al aspirante a diputado que me llamara, y aprovecho la ocasión para desahogar mi disgusto y mi pena; le agradezco el repaso de la situación electoral (es un bueno y pragmático analista) y el haberme alumbrado el tema de este artículo.

El candidato Chávez hasta ahora insiste en el ventajismo radiotelevisivo como instrumento de su campaña. La táctica es pagar encuestadoras para que digan, no que va adelante, sino que no puede perder. Son pocos los encuestadores venezolanos que resisten una oferta de dos o tres millones de millones de dólares, que al régimen le sobran: hay evidencias documentales de la identidad y del pago de “gastos” para los encuestadores prostibularios. El candidato Capriles, que gana las primarias porque fue identificado como distinto al chavismo desgastado, inepto y corrupto, y distinto también a la torpe, corrupta y envejecida clase política que lo hizo todo para que Chávez llegara y se perpetuara en el poder, se ha convertido en pocos días en algo más que un fenómeno electoral que amenaza con un triunfo arrollador, sin precedentes: es un líder popular que entusiasma, mueve y se conecta emocionalmente con las venezolanas y la gente sencilla de los pueblos.

 

El candidato Chávez, en su plan, monta en Caracas el Foro de Sao Paulo con representantes, algunos, del momificado pensamiento comunista y otros cuantos de la zanganería y truhanería política de la falsa izquierda, para aparentar ante la opinión pública mundial dos cosas: una, que aquí hay una revolución social, política y económica (lo que hay es una neodictadura latinoamericana, corrupta y abusadora) y dos, que Chávez es invencible; todo para preparar un eventual asalto al poder, que nunca puede descartarse en la desdichada realidad latinoamericana (basta mirar el reciente tragicómico asalto al poder en Paraguay y el derrocamiento de Lugo).

 

En esa atmósfera tan difícil, cuando la candidatura de Capriles empieza a tener olores de victoria, una buena parte de la vieja y malamañosa clase política venezolana, que nada ha aprendido, ni de sus errores ni de lo que el régimen enseña ni de lo que los ciudadanos sufren y esperan de los políticos y mucho menos de las señales de maestría política de Henrique Capriles y su equipo de campaña, ha caído una vez más en la trampa del régimen que, repito, no le interesa el buen gobierno pero es astuto como ninguno para conservar el poder: se dispuso que los candidatos a diputados regionales sean inscritos hasta el 10 de agosto próximo. Ese plazo perentorio, antes de las presidenciales, pudo ser calculado para erosionar la unidad. Pero el elector aprendió estos 14 años mucho más que la clase política y la unidad de los ciudadanos de a pie es el bien superior que derrotará al régimen.

 

El caso es que la maniobra está surtiendo efectos parciales (la llamada del amigo aspirante lo confirma), decenas de otros aspirantes (ya pasan de 100, según me informan): políticos sin política, personalidades desacreditadas, famosos sin prestigio, declarantes sin ideas, portadores de currículos prontuariados, dirigentes sin votantes, cometas de tiempos electorales y bichos de todo plumaje se han constituido en colmena de aspirantes a legisladores regionales, es decir, de esos antros de la vagancia republicana, del pedigueñismo profesional, de “tírame algo” de gobernadores, del “chance” para jubilarse rápido y de caricatura triste del federalismo que mal copiamos de los gringos, en que se han convertido los llamados parlamentos regionales. Mientras me confirman que los aspirantes están reunidos “en sesión permanente” en cafés y aire acondicionado, mi amigo Rafael Rodríguez Acosta me envía las fotos del infatigable Capriles en Elorza, Guasdualito, Barinitas y Barinas, con las calles llenas de sol y victoria, de gente de pueblo y esperanza… No han entendido nada estos carajos.

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