Opinión Nacional

No llores por mí, Venezuela

El triste cuadro político, económico y social de Venezuela es muy similar al aún mas patético panorama de la Argentina antes de su reciente descalabro.

En efecto, desde el punto de vista macroeconómico, ambos países tienen un gasto público desmesurado e improductivo porque su casta política no termina de entender que el elevado gasto corriente del Estado genera a la larga mayor pobreza. Ambos países tienen una moneda sobrevaluada, eso es indudable. También ambos países han destruido su parque industrial por culpa de las pésimas políticas económicas implantadas por los ineptos gobiernos que han tenido. Ambos países sufren una profunda crisis política que ha pulverizado la confianza de los inversionistas. Además, ambos países tienen una balanza de pagos deficitaria y ambos países tienen un sistema financiero débil, el cual ha abandonado la actividad crediticia para poder saciar la voracidad fiscal de sus gobiernos, pues ambos padecen un déficit fiscal estruendoso. Y por ello, ambos países tienen una abultada deuda interna que se ha generado para cubrir el fatídico gasto público superfluo y para poder mantener la enorme burocracia ineficiente e incapaz.

El Estado no ha podido mantener el desempleo a raya sino que por el contrario, la terrible recesión que agobia a ambos países ha impulsado el desempleo y subempleo a niveles increíbles y las economías muestran los decrecimientos económicos más elevados de la región. Y para colmo, ambos países han aplicado o están por aplicar medidas económicas recesivas, tales como mayores impuestos y elevadas tasas de interés. Ambos países han pulverizado los sistemas de seguridad social. Más insólito resulta este cuadro cuando se sabe que ambos países poseen enormes recursos naturales y una mano de obra calificada, bien educada y capaz.

Es triste también ver que ambos países sufran de elevados niveles de corrupción incluso a los más altos niveles de sus gobiernos. Y por todo ésto, ambos países tienen una población cada vez más empobrecida y confundida que no sabe que hacer, ni a quien creer. Serán éstos los resultados de los gobiernos populistas que han engañado a estos pueblos a lo largo de tantos años? Este lamentable análisis no hace sino recordarme la célebre canción de la obra de Broadway sobre Evita, pero en este caso el título de la canción es: “ No llores por mí, Venezuela”.

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