Opinión Nacional

No se haga el sueco

El Presidente venezolano ya es reconocido internacionalmente por su incontinencia verbal. Se sabe que el tipo agrede, insulta, amenaza cada vez que lo cachan con las manos en la masa, y luego halaga y besa los pies de su supuesto enemigo de hace dos segundos para retroceder con la misma velocidad. Será por eso que el Gobierno colombiano no le ha parado ni media micra a la sarta de bravuconadas que volvió a proferirle a Uribe esta semana, luego de que el Gobierno sueco, con sobrado derecho y razón, le pidiera a Chávez explicaciones sobre las armas de guerra que ese país escandinavo le vendiera a militares venezolanos y que aparecieron nada más y nada menos en campamentos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

Por unos días, como dice el dicho, Chávez “se hizo el sueco” y actuó como si no se enteraba de la cosa o como que la cosa no era con él. Pero como el sol no se puede tapar con un dedo y mucho menos los delitos de proporcionarle armas a una organización considerada por la Unión Europea y Estados Unidos como terrorista, el jefe del Gobierno venezolano explotó de ira y terminó diciendo mucho más de lo que se proponía.

¿Qué dijo Chávez en realidad cuando amenazó ­por sopotocienta vez­ al Gobierno de Colombia con romper las relaciones y cortar definitivamente el comercio con ese país? Este hablador de sandeces por primera vez dijo mucho diciendo poco. Entre otras cosas, dijo sin querer que lo habían agarrado otra vez en una mentira y que en efecto los lanzacohetes antitanques de la empresa sueca SAAB encontrados en manos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia habían sido comprados por Venezuela. Si no fuera así, ¿por qué no exige la apertura de una investigación para aclarar el verdadero origen de dicho armamento? Pero no, nuevamente salió como agresor a echárselas de agredido y de mentiroso a culpar de embusteros a los demás. Es que ni sus mismos ministros le creen ya el juego.

En segundo lugar dejó superclaro que en este país no puede haber confianza para invertir en nada, pues todo lo echa a perder la próxima pataleta del Presidente. Será por eso que cada vez más gente prefiere leer lo que digan los brujos sobre el estado de ánimo de Chávez que los textos que salen de la Asamblea Nacional.

Con esta amenaza también le ha dado la razón a las cientos de empresas que se han ido de Venezuela para relocalizarse en Colombia y desde donde ahora importamos más de 6 millardos de dólares en productos, de los cuales muchos de ellos se producían en la década de los noventa aquí en nuestra tierra y daban empleo a venezolanos.

En tercer lugar, también dijo sin querer que le importan 3 pitos los problemas del pueblo zuliano (quizás porque prefieren no votar por él) al decir que no nos afecta romper relaciones, pues Colombia le despacha a Maracaibo (a petición del Gobierno de Venezuela) 300 millones de pies cúbicos diarios de gas.

Finalmente, Hugo Chávez también nos dejó ver, obviamente sin querer, su supina ignorancia al tratar de hacernos creer que “no necesitamos comerciar con Colombia” porque lo que importamos de ese hermano país y que se lo vamos a comprar a los países de la Alianza Bolivariana para las Américas. Por favor, Presidente, seamos serios; eso no se lo creen ni Fidel ni Evo Morales.

Gracias por haber sido tan claro esta vez.

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