Opinión Nacional

No se trata de votar o no votar, sino de impedir que se implante un modelo claramente autoritario

La crisis venezolana no da reposo al espíritu del padre Pedro Freites Romero.

Hombre fogoso y de palabra fácil, ahora le sobran argumentos y razones para no callar, para resistirse a las solemnidades del silencio.

Nuevamente en el país, por unos días, hurga en las entrañas de una realidad que adquiere los colores y los ardores de un drama, para gritar desde su púlpito ambulante.

Ha dicho que su mayor aspiración es «ofrendar su vida», en la intención de «salvar lo que nos queda de libertad».

Estamos hablando del rector del Colegio Venezolano en Roma, donde reside.

Nacido en Maturín, el 12 de abril de 1958, ejerció la dirección de la Radio Vaticana para América Latina y el Caribe. Posee un posgrado en comunicación. Master en comunicación social, en la Pontificia Universidad Haveriana de Bogotá. Egresado de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, con especialización en teología y comunicación.

Dice que ve con gran preocupación e interés la apatía de los órganos del Estado venezolano, frente a la posición «tan clara» de la Iglesia, respecto al proyecto de reforma constitucional.

-Es, ciertamente, una reforma moralmente inaceptable -recalca.

-¿Qué podemos hacer, padre?
-Tenemos que tumbar la reforma, porque representa una inmensa burla y un fraude contra todo el conjunto de los ciudadanos venezolanos. Es moralmente inaceptable, es ilegítima.

-¿Por qué?
-Se pretende concederle al Presidente poderes imperiales. Esto no es una reforma, es un cambio total de la Constitución, de la identidad de los venezolanos, de los valores democráticos.

En otras entrevistas que hemos sostenido con el sacerdote, ha llegado a sostener que «ninguna dictadura se va por la vía electoral». Fruto de sus estudios y reflexiones, señala que «el cáncer de todas las revoluciones es la concentración del poder, la conculcación de la libertad y de los derechos ciudadanos».

-Esta reforma es un golpe de Estado, violenta en forma flagrante y grosera los principios de la Constitución vigente, la del ’99, con un texto nuevo preñado de vicios. Por tanto invito a todos los venezolanos, obligados por mandato constitucional, a frenar este golpe de Estado.

Un barniz, una burla

-Veamos, ¿por qué dice que es un golpe?
-Porque se está cambiando la naturaleza del país. Esta reforma es un barniz, es una burla. Es una iniciativa grotesca, canallesca. Es inaceptable que el CNE haya convocado a un referendo cuando todavía en el parlamento no había sido aprobado el articulado de la reforma, ni el TSJ se había pronunciado ante los recursos introducidos. ¿Dónde está entonces la separación de los poderes, la autonomía de las instituciones llamadas a hacer el equilibrio?
El padre no le deja oportunidad al reportero siquiera de hacerle una pregunta.

-La gente tiene que organizarse, protestar, tomar la calle, demostrar que sí queremos frenar este golpe de Estado y que sí nos duele este país. No se trata de votar o no votar, sino de impedir que se implante un modelo claramente autoritario. Comparto el llamado de la Conferencia Episcopal Venezolana, de los pastores de la Iglesia, pueblo de Dios. El llamado es a guiar al pueblo hacia la libertad, hacia la paz y hacia la verdad.

-¿Diga usted cómo se puede «parar» la reforma, padre?
-Hay que impedirla con un sistema de organización, con los partidos, los estudiantes, los empresarios, todos los entes de la sociedad, todos quienes amen la libertad y la justicia. Es preciso tomar las calles y no abandonarlas. Hay que parar al país. No podemos permitir que nos avasalle un grupo de fascistas, movidos por ideologías trasnochadas. Disfrazados de socialistas pretenden imponer un sistema totalitarista, contrario, incluso, al pensamiento del Libertador en su discurso en la instalación del Congreso de Angostura, en 1819. («La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder»).

Palabras de Bolívar que causan escozor en quienes se autoproclaman sus herederos. Hasta el punto de que el CNE de la señora Tibisay, prohibió su divulgación.

-Ese modelo disfrazado de socialista es contrario a la visión del hombre llamado a ser libre, porque establece el dominio absoluto del Estado sobre la persona. Bajo el sistema totalitarista la persona humana no encuentra un espacio, ni pueden ser ejercidos sus derechos fundamentales. La persona se convierte en súbdito, está obligada a obedecer las normativas de un régimen que anula la libertad de darse una educación, de elegir un estilo de vida. Yo dudo, sinceramente, que los venezolanos quieran eso.

Pasará lo mismo que con la «bicha»

La reforma planteada, insiste el sacerdote, cambia toda la estructura del Estado, toda las bases de un Estado democrático, para suplantarlo por un Estado totalitario.

-El régimen, guiado por la jefatura cubana, está avasallando a toda la población. Es una reforma ilegítima, ilegal, inconstitucional, tanto de forma como de fondo. Es algo tan cínico que esa Constitución ya está impresa. La estaban «discutiendo» en la Asamblea y ya estaba impresa. Es una burla, y pasará lo mismo que con la «bicha», de la cual hubo hasta cuatro versiones. Es más, todavía no sabemos cuál es la auténtica.

-¿Cómo es eso que el texto de la reforma ya estaba impreso?
-Ese texto fue impreso en la editorial Inversión Mundo Nuevo, calle G, galpón 10, Zona Industrial, San Vicente, Maracay. ¿No es esto una monumental farsa?
-En concreto, padre, ¿qué propone usted?
-Rechazar esta reforma con todas las fuerzas vivas de la nación. Hablo de rechazar e impedir que se imponga. Tenemos que oponernos, hablar con valentía, con coraje, sin miedo. La Biblia nos dice aquello de «conocerás la verdad y la verdad os hará libres». Está comprobado que a estas alturas la mayoría de los venezolanos no conoce en profundidad, o con propiedad, los términos y consecuencias de los artículos que se quiere sean aprobados, con el grosero y tramposo anzuelo de unos cuantos caramelitos puestos por allí.

¡Pensamiento único!
¿En pleno siglo XXI?

-No es cualquier cosa lo que está en juego en estos momentos. Aquí lo que está en juego es nada menos que la libertad, la convivencia social. Se está llamando a una confrontación muy peligrosa para la paz y la estabilidad democrática en Venezuela. Queremos alertar a la población venezolana. No podemos aceptar que el país sea de un solo color, que en pleno siglo XXI, y después de haber visto el derrumbe del comunismo y de la Cortina de Hierro, se nos imponga el pensamiento único. ¡En Venezuela! Yo no quiero eso para este noble y hermoso pueblo. Es preciso salvar al país de los efectos de un régimen criminal, retrógrado, perverso.

-¿Qué tipo de campaña toca hacer, ahora?
-Ha llegado la hora de actuar, en conciencia. Basta ya de jugar el papel de bobos, cuando se está destruyendo nuestra identidad y atentando contra derechos fundamentales. ¿Cómo es eso de que el gobierno podrá decretar Estados de Excepción cuando al mandamás le dé la perra y real gana? Lo que queremos es un Estado al servicio de la persona humana, y no un Estado que lo domine todo, aprisionándonos, convirtiendo al país en una inmensa cárcel. Se trata de un sistema avasallante, que lo anula todo.

-¿Hará campaña por el NO?
-No nos podemos dormir, y esperar que el CNE y demás órganos nos vayan a engañar con supuestas reformas. Ese proyecto no resuelve ni uno solo de los problemas que agobian al pueblo: inseguridad, educación, miseria, falta de empleo. Ahora no hay leche, mientras los recursos se despilfarran. ¡A la calle, a protestar! Venezuela es de todos, y para todos.

-Hay desconcierto, padre. Hay frustración.

-¡Qué va, José Ángel! No podemos perder la esperanza. No podemos permitir que se nos termine de aplicar un cinturón de fuerza. Recordemos lo que dijo el Papa Juan Pablo II, el peregrino de la paz, en su última visita al país: «Venezuela, despierta y reacciona. Es el momento. No hay tiempo que perder».

Apártese, señor

Apártese, señor poderoso, que un ejército de desvalidos lo arrollará.

Apártese, señor, porque sus milagros sólo crean sombras, y cadenas.

Apártese, señor, puesto que sus santos delinquen y predican el odio.

Apártese, señor, que la imagen de la virgen degollada por sus huestes comienza a erguirse, y reza serena.

Apártese, sólo apártese. El obispo a quien usted vituperó está ahora a la diestra del Señor, del verdadero. Y Cristo es su abogado.

Apártese, señor, que la mente de mi hijo no tocará.

Apártese, señor, que en este día irrumpe la inmensa fuerza de todos los débiles.

Apártese, señor, que me empaña la esperanza.

Apártese, señor, porque su gruesa espalda tapa la luz de la paz, y en su presencia la flor de la bondad no abre sus pétalos.

Apártese, señor, apártese.

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