Opinión Nacional

No somos hotentotes pero…

Los alumnos estábamos sorprendidos y no queríamos creerlo. El profesor que dictaba Sociología durante mi posgrado en Northwestern explicó que algunas sociedades primitivas no eran capaces de deducir por la vía relacional algunos hechos de la vida. Hasta allí, entendíamos. Pero después nos puso un ejemplo y quedamos pasmados: nos explicó que los hotentotes y los bosquimanos de África meridional no relacionaban la preñez de las mujeres con las relaciones sexuales; que esas sociedades pensaban que, así como un árbol, luego de haberse desarrollado, y sin razón aparente, da frutos; así llegaba un momento en el cual las mujeres tenían hijos. Que fue a finales del siglo XIX, vistas las realidades de la vida colonial —al empezar a aparecer zambos con ojos zarcos, pelo liso y piel más clara— cuando surgió la comprensión. Añadió más: con los maoríes de Nueva Guinea sucedió lo mismo, pero peor, porque algunos de ellos solo se toparon con el hombre blanco bien entrado el siglo XX.

Este introito se debe a que hace poco pude conocer unas encuestas que me hicieron decirme: “No somos hotentotes pero no razonamos; igualito que ellos”. En esas mediciones, un altísimo porcentaje de los entrevistados asevera que sufre los embates de la inseguridad, el desempleo, lo caro de la comida (cuando la encuentran), lo precario de las instalaciones sanitarias pero más adelante dicen que volverían a votar por los rojos. O sea, no son capaces de correlacionar las circunstancias difíciles que atraviesan para la mera supervivencia, con la ineficiencia, corrupción, nepotismo, antiparabolismo y exceso de trabas que caracterizan a los actuales detentadores del poder. Que no lo hayan entendido al comienzo, pase. ¡Pero ya vamos para quince años de lo mismo! Y siguen…

Lo han hecho tan mal, que el PUS —vista la crujía que tienen que atravesar el 8-D—, en una admisión tácita de sus ineficiencias y latrocinios, decidió que el 65 por ciento de sus alcaldes y concejales no repita. Y los reemplazó por un pelotero por aquí, un actor por allá, un animador por acullá. Gente que nada sabe de la organización municipal; mucho menos, de su administración. Que ni siquiera son de esas poblaciones, por lo cual han tenido que ordenarle al ministerio de elecciones que se hagan los locos con los tres años de residencia en la zona que exige la ley, y que cambie sus lugares de votación cuando sea necesario. Los inocentes no son capaces de entender que esos candidatos son los menos idóneos para resolverles los problemas y dicen, pobres acríticos, que van a votar por quien les ponga el partido.

Son los mismos que afirman, varias preguntas más adelante, que somos el país más feliz del mundo. Y que si no tenemos papel tualé, si la comida se pudre en los puertos, si se raciona algunos productos, si los precios han subido 37 veces en estos 14 años es porque los empresarios son unos muérganos que no entienden que hay que trabajar a pérdida porque así lo decidió el gobierno.

No logran percibir que las desinformaciones de la cúpula gobiernera, empezando por el Inmaduro, cuando dice que la tragedia de Amuay se debió a un sabotaje del imperio, por medio de sus lacayos criollos, lo que busca es esconder la incapacidad del régimen para hacer eficientes y seguras las instalaciones petroleras —o sea, como eran hace quince años. Por eso, la gobernadora de Falcón tiene el tupé de pedir que se allane la inmunidad de María Corina dado que dizque “está vinculada con la explosión en la refinería”. Es que hay gente sencilla de mente que compra esa babiecada —y la del chafarote al mando del CEOFAN cuando sale con el chorro de babas del «sabotaje que ha sufrido el sistema eléctrico». Gente que no relaciona los dispendiosos regalos a los demás países con la miseria que cunde en esta tierra que fue de gracia. Que no entiende que los apagones se deben a que las plantas eléctricas que debían estar instaladas aquí, están dando energía en Nicaragua y Cuba; que no hay transformadores, ni cables, ni tan siquiera bombillos porque algunos vivos se cogieron unos reales.

En fin, que no logran entender que la corrupción es, necesariamente, una faena que solo se realiza desde el gobierno; que, consecuentemente, no se puede acusar a la oposición de ella. Que, por tanto, la exigencia de poderes habilitantes que hace Mientras-tanto no apunta hacia los corruptos (sus corruptos) sino que es una marramuncia idéntica a la que hizo el difunto fallecido que se murió: pidió poderes para combatir los estragos causados por las lluvias y los usó para todo menos para solucionarle los problemas a los damnificados. Quienes todavía, a más de cuatro años después, siguen en unos “refugios” en los que diariamente peligran sus vidas, sea por la insalubridad que campea, sea por las acciones de los malandros que los azotan.

La tarea de todos los venezolanos sensatos, sabedores de las añagazas rojas, es hacer que esos paisanos nuestros, suerte de hotentotes contemporáneos vean la realidad del país.

 

 

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