Opinión Nacional

No tan breve manifiesto personal para el 26S

En estos días ejercemos la ficción. Andamos creando escenarios para después del 26S, día de las elecciones a la Asamblea Nacional. Y no se diferencia de otros días electorales del pasado, cuando pareció que nos jugábamos todo en una fecha.

Y quizás por ello estos son días raros en que esa fabulación anticipada nos sumerge en una atmósfera en que la realidad se nos antoja brumosa, en que la queremos imprecisa, en la que los muertos, los asaltos, los insultos sólo sean mala literatura y no carne viva.

Me siento perdida estos días. Deseo despojarme de cosas innecesarias que me habitan, rutinas y sentimientos apegados a lo concreto de lo diurno pero que no tienen nada que ver con la arrogancia de mi reino interior. Y me trato de engañar con esta idea, cuando todo al final, tiene que ver. Pero esta es la vocación de quienes somos escapistas, de quienes tratamos de resguardarnos como si fuésemos tesoro de nosotros mismos. Intento fallido porque la realidad siempre es el verdugo ineludible, y para poder triunfar sobre la realidad, el verdugo tenemos que ser nosotros. Acabar con lo que nos destruye y oprime.

Y hay maneras de maneras. Escogemos la que para destruir no nos arrastre y acabe de paso con nosotros. Escogemos la palabra hermosa, el acto cívico. Un recital poético para el sábado 25 en una librería, por ejemplo, o una votación para el domingo 26 de septiembre.

El 26S no es un deadline – línea de muerte -, no es el día de Armagedón, no será una victoria -ni eterna- porque las victorias todavía no existen en este país, será un paso adelante, una declaración de dignidad, de «aquí estoy yo» y valgo y no soy un numerito perdido en una base de datos poblacional.

Y nos adentramos entonces en otro ejercicio ya no de ficciones sino de realidades que construir, como creadores potentes y poderosos sobre la arcilla informe de país que no logra ser cocida y mantenida sin quebrar. No desde los triunfos con fanfarrias sino desde los pasos pequeños pero contundentes, los poco a poco de la resistencia y la pelea inteligente desde cualquier trinchera.

A esta realidad apunto y creo contribuir a pesar de las tendencias a la huída, al resguardo frente a la fealdad que nos intenta aniquilar. Para apuntar a la diversidad, a la pluralidad a pesar de los polos y las mezquindades. Desde mis linderos, soy ciudadana. Sin presunciones de valentía, o sacrificios innombrables, sin drama, sin testosterona tomada en préstamo de falsas conflagraciones en los medios, sin poses de heroísmo. Votaré y ya.

Y luego el 27, buscaré por la precisión de un escenario que me ate a la tierra. Que me remita a lo deseado posible, me conmine a estar y aniquile la compulsión a la fuga de realidades tan severas que parecen ficción. El 27S existe y es nuestra línea de vida, una continuación en el trabajo por posibilidades de esperanza irrenunciable.

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