Opinión Nacional

No te regalo mis derechos

El voto es un derecho por el que muchos ciudadanos lucharon hace algún tiempo. Convocar su vulnerabilidad aludiendo a su condición obligatoria con el fin último de no perder el poder es sencillamente un acto deshonroso para un gobernante que se considere demócrata. Quienes aseguran o han asegurado que ABSTENERSE es una manera de elegir, se inclinan por ocultar que fueron varias las descendencias que tuvieron en algún momento que entregar incluso sus vidas, para poder destapar las urnas y abrir paso a la tolerancia y a la pluralidad de pensamiento.

El voto es la voz del “pueblo”, es el instrumento que permite recordarle a los gobernantes nuestra condición de gobernados mediante un pacto o acuerdo necesario para favorecer a la colectividad. Por medio de él se nos concede la posibilidad de bosquejar el nuevo rumbo que regirá la historia del país y aunque normalmente se refiera a los cambios de administración, de una forma u otra reafirma la voluntad ciudadana de PARTICIPAR.

La necesidad de defender nuestras convicciones no debe ir tan lejos como para regalar el don mas preciado del sistema democrático, sean cuales sean las inclinaciones ideológicas que mantengamos es imperativo que atendamos a cualquier convocatoria electoral y plasmemos nuestras ideas en el tarjetón. No importa que vayamos a defender el si o el no, es irrelevante que nos acerquemos a las urnas a decirles que están anuladas las opciones, lo realmente trascendental es que les hagamos saber que aquí estamos, presentes, participando para apoyarlos o rechazarlos en la medida en que nos reconforten o defrauden.

Es bien cierto que tanto agentes externos como la propia clase política influyó a desgastar y destruir muchas de las instituciones fundamentales para recrear un ambiente propicio a la evolución de nuestro sistema democrático; el exacerbado clientelismo y las organizaciones verticalizadas obstruyeron el acceso de los mas capacitados y procrearon cúpulas poderosas que dejaron de asimilar las demandas de la ciudadanía, haciéndose con el tiempo extrañas a si mismas. No obstante, el escenario parece haber dado un vuelco a favor de la democracia y de sus canales de participación.

Es necesario asumir claramente una voluntad de cambio, los que creen en el proceso revolucionario que lidera Hugo Chávez deben meditar sobre una contradicción inexcusable en su discurso: por qué luchar tanto por una democracia participativa y protagónica, para negarse después de plano la posibilidad de tomar parte en lo que pudiera convertirse en una consulta histórica que promueva realmente un nuevo espacio democrático planteado desde la transversalidad un nuevo modelo de país, inclusivo, tolerante y realmente justo.

Asegurémonos provocar el constante perfeccionamiento del sistema democrático, permitámonos recrear esperanzas sobre la posibilidad de que exista en un futuro no muy lejano, un escenario político acoplado a las necesidades de los ciudadanos. Explicándolo en el desgastado pero muy práctico modelo eastoneano, conservemos la esperanza de hallar un sistema que logre absorber y canalizar oportunamente las demandas de los ciudadanos pero no nos convirtamos en una sociedad de eunucos políticos, incapaces de construir nuestro propio destino y dependientes de las pasiones que invoque nuestros líderes.

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