Opinión Nacional

Nos sentimos orgullosos

La sociedad democrática de Venezuela está orgullosa de la juventud universitaria. Inteligente y plural tanto en lo político como en sus características sociales. Seria, inteligente, hábil y corajuda. El estudiantado empieza a escribir nuevas páginas para la historia. Con los pies sobre la tierra, se empina sobre las dificultades y se lanza a la conquista de un futuro que debe construir en el afán diario de este tiempo. Recomiendo la lectura y discusión de las palabras pronunciadas por el bachiller Douglas Barrios en la Asamblea Nacional. Habló en representación de la nación entera. De sus universidades, de la familia venezolana, de los objetivos de la lucha. Los estudiantes no cayeron en la canallesca emboscada montada por el régimen usando y abusando de diputados entregados y jóvenes tarifados, loros tristes de diversas nóminas oficialistas. Reafirmaron principios y valores de nuestra nacionalidad. Su posición fue un canto a la Libertad y a la Justicia, un sólido rechazo al unanimismo comunista y al talante totalitario y despótico de Hugo Chávez.

Los comunistas cuando toman el poder no perfeccionan la democracia donde existía, ni la instauran a falta de ella. No. La destruyen. En este caso se ha ejecutado un golpe de estado progresivo para controlarlo todo. Las instituciones, la economía, el sector privado, los medios de comunicación. Por supuesto necesitan criminalizar la disidencia, desprestigiar a la oposición y a la iglesia. Destruyen las fuerzas armadas y solapan en ella estructuras paramilitares reaccionarias bajo el mando directo del tirano. Saben que, a la hora de la verdad, solo pueden mantener el poder sobre la base de la violencia institucional y física, del miedo y la represión. Estamos en la hora definitiva.

Los estudiantes exigen garantías para la vigencia plena de las libertades y los derechos civiles. Exigen un clima de convivencia democrática, que se mantenga el pluralismo político, que las armas de la república estén al servicio de la nación y no de la dictadura, que la educación sea independiente de toda orientación ideológica, el derecho al estudio, al trabajo y la existencia libre de todas las organizaciones sindicales, sociales y políticas.

Venezuela llegó al límite de lo permitido. Imposible tolerar más. Sabemos que tendremos que enfrentar un temporal huracanado. Por eso todos debemos asumir las responsabilidades que nos corresponden. La juventud estudiosa ha asumido la suya. Uno de los mayores aportes que hacen a la causa de la liberación, es haber convertido un ambiente de tragedia y fatalismo en optimismo alegre y contagioso, en esperanza de un futuro mejor. Por el contrario, Chávez luce solo, triste, y descompuesto. Sus seguidores tienen mucho miedo. El temor paraliza. Su jefe ya no es confiable para la oficialidad decente, ni para nadie. En ellos no hay amargura sino profunda decepción. La historia no la detienen los “sapos”, ni la represión, ni el crimen.

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